Está feo dialogar de los cuerpos de otras personas. En Cochinas sí se hace. Se palabra de los cuerpos ajenos y de los propios. Cuerpos desnudos. También está feo comparar a unas actrices con otras, pero cómo no ver en la Malena Alterio de esta serie un reflexiva de los mejores trabajos de Carmen Maura. Cochinas, recién estrenada en Prime Video, además lo hace. Su primer episodio está cuajado de referencias a ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, la obra maestra de Pedro Almodóvar. Esa que hacía que el divulgado se partiese de risa en la platea de cine mientras la propia Carmen Maura se revolvía en la butaca: ¿cómo pueden reírse de la vida de esta mujer, que es una mierda?
Muestra tanto los cuerpos que advierte al espectador que abandone si los desnudos le resultan desagradables
Está feo dialogar de los cuerpos de otras personas. En Cochinas sí se hace. Se palabra de los cuerpos ajenos y de los propios. Cuerpos desnudos. También está feo comparar a unas actrices con otras, pero cómo no ver en la Malena Alterio de esta serie un reflexiva de los mejores trabajos de Carmen Maura. Cochinas, recién estrenada en Prime Video, además lo hace. Su primer episodio está cuajado de referencias a ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, la obra maestra de Pedro Almodóvar. Esa que hacía que el divulgado se partiese de risa en la platea de cine mientras la propia Carmen Maura se revolvía en la butaca: ¿cómo pueden reírse de la vida de esta mujer, que es una mierda?. La vida de Nines además es un poco una mierda. Agobiada por unas deudas de las que no era consciente hasta que su marido sufre un contratiempo y queda en coma, esta mujer tiene que tomar las riendas del negocio descendiente para intentar salir delante como sea. El negocio es un renqueante videoclub en la Valladolid de 1998. Lo que Nines cree que podría salvarlo es, a la vez, obvio y arriesgado: el porno. A ella misma le sorprende el ocurrir tenido esa idea. Pero una mujer desesperada es una mujer distinta. Habrá que ver, eso sí, si además una mujer mejor.. Carlos del Hoyo, creador cercano con Irene Bohoyo de Cochinas, asegura que en su serie el porno sirve para dialogar de otras cosas. De coger las riendas, de librar y salvarse, de no rendirse, de no conformarse, de estar entre la espada y la tabique y animarse (recuerden: una mujer desesperada) liarse a martillazos contra la tabique. Detrás del tabique puede que haya poco mejor. Luz o, por qué no, un videoclub casi clandestino en el que la pornografía se convierte en, efectivamente, otra cosa.. Hay muchas diferencias entre el Madrid de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y el Valladolid de Cochinas. Pero, ambientando su serie en una ciudad no capitalina (una que yo, adicionalmente, conozco muy adecuadamente), Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo plantean una interesante advertencia sobre la permeabilidad del avance. El delirio de un día a Madrid de Chon (Celia Morán) cuenta muy adecuadamente esa distancia entre la Castilla orgullosamente tradicional y compacta y una capital amenazador que, antiguamente del AVE, era mucho más lejana de lo que podría parecer.. Cochinas, aunque tiene una protagonista clara, ofrece un abano de personajes, mujeres la mayoría, que además recuerdan a los mejores repartos de Almodóvar. Empezando por Celia Morán, claro. Desconocida hasta ahora, Morán es una intérprete magnética. Su peculiaridad física es irrelevante, pero en Cochinas, donde se palabra de los cuerpos, no se camufla de ninguna guisa. Porque si todos los cuerpos son válidos, habrá que mostrarlos. Esta serie lo hace. Tanto, que advierte a sus potenciales espectadores de que abandonen el visionado si la contemplación de cuerpos desnudos le resulta desagradable. O si la democracia del despelote les molesta.. O nos desnudamos todos o la serie al río (Pisuerga).. Cochinas empieza con un pene. Poco posteriormente, Malena Alterio insiste en que necesita una freidora. Como Carmen Maura necesitaba un rizador de pelo en aquel Madrid de los primeros abriles 80. Evidentemente, ambas mujeres necesitan muchas más cosas. Pero el trabajo de las buenas ficciones es contar sus historias, tan complejas, con metáforas solo aparentemente frívolas. No hace desidia ocurrir conocido la Valladolid de los 90 para ver a Nines (y a Chon, y a Paca, y a Mariví) y sostener: «Conozco a esta mujer». Cochinas hace ese trabajo. Y lo barandilla.
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