Debería estar prohibido recurrir a la La vida de Brian para analizar (por decir algo) la actualidad. No hay película más castigada por la pereza de periodistas, políticos y cualquiera que se pase por un medio de comunicación a opinar. Cada vez que un nostálgico de un pasado feliz que nunca existió dice que no se habría podido rodar hoy en día, muere un gatito. Cuando casi no se pudo hacer fue en 1979, donde nadie se atrevió a producirla y tuvo que llegar George Harrison a poner la pasta. Hoy, teniendo en cuenta la popularidad de los Monty Python en aquel momento, Netflix, Amazon y Apple se pelearían por darles un cheque en blanco.
La campaña maltratará al cine, siempre lo hace. Citas fantásticas se sacarán una y otra vez de contexto para rellenar tertulias y discursos carentes de argumentos, talento e imaginación
Debería estar prohibido recurrir a la La vida de Brian para analizar (por decir algo) la actualidad. No hay película más castigada por la pereza de periodistas, políticos y cualquiera que se pase por un medio de comunicación a opinar. Cada vez que un nostálgico de un pasado feliz que nunca existió dice que no se habría podido rodar hoy en día, muere un gatito. Cuando casi no se pudo hacer fue en 1979, donde nadie se atrevió a producirla y tuvo que llegar George Harrison a poner la pasta. Hoy, teniendo en cuenta la popularidad de los Monty Python en aquel momento, Netflix, Amazon y Apple se pelearían por darles un cheque en blanco.
Peor, incluso, es lo del Frente Popular de Judea, el Frente Judaico Popular y el Frente del Pueblo Judio. Es insoportable que, cada vez que la izquierda a la izquierda del PSOE (o sea, la izquierda) monta un vodevil, los platós y las columnas se llenen de referencias tan manidas que ya no funcionan. Sí lo hace el gag original, por supuesto, porque es una idea propia, no un atraco a la imaginación ajena convertido en cliché, y porque lo clava. O, mejor dicho, lo clavaba: la perpetua división siempre había sido por diferencias (nimias) en ideas; ahora es por sillones y sueldos. Ha perdido la gracia, pero no se inquieten porque, en cuanto el sonrojo del ridículo se difumine, desde sus cuentas oficiales venderán esperanza con nuestro querido crucificado silbando al ritmo de Always look on the bright side of life. Algo que, como saben, nunca se le ocurrió a alguien antes.
Todos utilizamos citas. Yo abuso de Friends, del «que sea un desastre esplendoroso» de Zorba y del cínicamente épico o épicamente lírico final de Grupo Salvaje: «¿Vamos?». «¿Por qué no?». Y van. Y los matan. Está bien homenajear lo que amas, pero no puede ser que te haga el trabajo.
La campaña electoral maltratará al cine, siempre lo hace. Citas fantásticas de películas, libros, canciones y comics se sacarán una y otra vez de contexto para rellenar tertulias y discursos carentes de argumentos, talento e imaginación. El gatopardo, que no ha visto (no digo ya leído) ni dios pero sale siempre en las páginas de citas de internet, será recurrente entre los analistas conservadores más cínicos («Es necesario que todo cambie para que todo siga igual»). La izquierda, intentando aprovechar el impulso de la calle, nos ahogará con V de Vendetta («El pueblo no debería temer a sus gobernantes, son los gobernantes los que deberían temer al pueblo»), pese a que su anarquista autor, Alan Moore, jamás les votaría. Y espero que los inevitables chascarrillos con «le ha hecho una oferta que no pudo rechazar» tras cada pacto entre partidos, acaben con su autor durmiendo entre cabezas de caballo. No una, varias.
Noticias de Cultura
