Los caminos de las finanzas son inescrutables. El pasado lunes, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció elecciones generales; el martes, se desató la tormenta en los mercados de deuda del país, mientras se ponía a chispear en los del resto del mundo. Era un aviso. El rendimiento de los bonos del gobierno japonés, tradicionalmente valorados por su estabilidad, escalaron el martes hasta cotas inimaginables. La sesión en Tokio fue, según los operadores, la más caótica que se recuerda en los últimos tiempos.. Seguir leyendo
Los títulos de deuda nipona a 40 primaveras se estabilizan luego de que el martes rebasaran el 4% por primera vez en su historia
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Los caminos de las finanzas son inescrutables. El pasado lunes, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció elecciones generales; el martes, se desató la tormenta en los mercados de deuda del país, mientras se ponía a chispear en los del resto del mundo. Era un aviso. El rendimiento de los bonos del gobierno japonés, tradicionalmente valorados por su estabilidad, escalaron el martes hasta cotas inimaginables. La sesión en Tokio fue, según los operadores, la más caótica que se recuerda en los últimos tiempos.. Algunos analistas comenzaron a preguntarse si Takaichi, que llegó al poder en octubre, pero sin sobrevenir por las urnas, se enfrentaba a su momento Liz Truss, la brevísima primera ministra británica: sus 49 días en el cargo provocaron una profundo crisis financiera tras aprobar un “minipresupuesto” que incluía recortaduras fiscales sin fórmulas para financiarlo, y forzaron su salida antiguamente de que se pudriera una lechuga iceberg.. La ultraconservadora Takaichi, una expresentadora de televisión y exbatería de heavy metal en su inexperiencia, que goza de un resistente apoyo en los sondeos, propuso ir a elecciones para obtener un respaldo expreso a su mandato. Se presenta con un software de recortaduras fiscales y pago expansivo, con la esperanza de atraer a unos votantes atenazados por la inflación y los salarios exiguos. Promete una “expansión fiscal responsable”.. Los inversores expresaron con sus armas que lo ven de otra forma. La rentabilidad de los instrumentos de deuda japonesa a 40 primaveras rebasó el martes por primera vez el 4% desde que se introdujeron en 2007, con una subida de 26 puntos básicos; los bonos a 30 primaveras treparon más de 25 puntos básicos. Fue el anciano movimiento desde que los aranceles del supuesto Día de la Liberación del presidente estadounidense Donald Trump sacudieron los mercados mundiales el año pasado. La onda expansiva se sintió en el resto del tierra, con el aumento de los costes de financiación en todo el mundo.. Los analistas interpretaron la sacudida como un temor a que se profundice el desbarajuste de las cuentas niponas. En este país la relación entre la deuda pública y el PIB supera el 230%, la más entrada entre las economías desarrolladas. Vender bonos nipones fue su forma de divulgar un mensaje elocuente al Gobierno, igual que sucedió con Truss. Aunque las aguas se calmaron el miércoles, persiste la sensación de aviso a navegantes, y volatilidad a las puertas.. El mercado de bonos de Japón, de 7,5 billones de dólares (unos 6,4 billones de euros), según Bloomberg, ha sido considerado durante décadas uno de los más estables: los títulos solían tener rendimientos tan bajos que actuaban como una especie de áncora para el mercado de deuda completo, añadiendo presión a la pérdida sobre el coste de endeudamiento de los gobiernos en todo el mundo. Pero la demanda nuevo de estos bonos se ha desplomado, lo que ha provocado que el precio de los títulos caiga y los rendimientos suban inversamente.. La rentabilidad está en aumento desde que Takaichi dio a conocer en noviembre su plan de estímulo fiscal de 21,3 billones de yenes (casi 115.000 millones de euros), a lo que se le sumó el lunes el anuncio de que pretende suspender temporalmente el impuesto sobre las ventas de los alimentos en Japón. Los inversores temen una combinación de deuda elevada y mayores intereses que abonar por ella.. Muchos, al principio de la semana, vincularon la montaña rusa completo de los bonos con la amenaza de conquista a las bravas de Groenlandia por parte de Donald Trump, y una posible réplica europea mediante una traspaso de títulos estadounidenses a gran escalera. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, replicó en cambio desde el Foro Económico Mundial de Davos: “Es muy difícil desvincular la reacción del mercado de lo que ocurre endógenamente en Japón. Las tasas japonesas han subido muchísimo”.. Afirmó que la caída de los bonos japoneses estaba en marcha antiguamente de las noticiario sobre Groenlandia y dijo que había hablado con su homólogo japonés en medio de la ola de ventas de bonos nipones que, según él, se había propagado hasta afectar al mercado de bonos del Tesoro. “He estado en contacto con mi homólogo económico en Japón y estoy seguro de que comenzarán a decir cosas que calmarán el mercado”, contó en una entrevista con la prisión Fox.. Los bonos con vencimiento a grande plazo se recuperaron el miércoles, luego de que la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, pidiera calma a los participantes del mercado. Los rendimientos de la indicación deuda a súper grande plazo disminuyeron, y la deuda a 40 primaveras retrocedió 22 puntos básicos luego de ocurrir subido más de un cuarto de punto porcentual el martes.. Algunos analistas llevan tiempo advirtiendo de los riesgos: “La negación de Japón respecto a la deuda está firmemente arraigada”, escribía el miércoles Robin J. Brooks, economista de Brookings Institute, con sede en Washington. “Si los rendimientos siguen aumentando, esto podría sumir a Japón en una crisis de deuda en toda regla”.. Este analista cree que, para evitar la situación, se pedirá al Banco de Japón que limite los rendimientos, y considera que este “límite artificial” solo trasladaría la prima de aventura del mercado de bonos a la moneda. “El yen es la víctima definitiva de la negación de Japón”, concluye, en un texto en el que alerta sobre la “irresponsabilidad” de los líderes nipones, y de que el planeta se encuentra en las primeras etapas de una “crisis de deuda global”.
