Soy un fanático de los viejos, los sinvergüenzas y los jugadores. Esa es mi religión. Raúl Cimas es mi dios, Ernesto Sevilla y Julián López sus apóstoles, y Joaquín Reyes, quien puso orden en el genio y escribió la mayor parte de los Evangelios. En uno de mis bocetos de cabecera, «Celebrities» de Robert Smith, el líder de The Cure confiesa: «Un día vi un punto brillante en el horizonte y era mi talento el que se alejaba». Quizá allí, en el infinito y más allá, se encontró con el de Ridley Scott.
No hay raza más extraña que la de Ridley Scott. Con «Los duelistas», «Alien» y «Blade Runner», ningún director tuvo un comienzo mejor que él. Y luego, nada.
Soy un fanático de los viejos, los sinvergüenzas y los jugadores. Esa es mi religión. Raúl Cimas es mi dios, Ernesto Sevilla y Julián López sus apóstoles, y Joaquín Reyes, quien puso orden en el genio y escribió la mayor parte de los Evangelios. En uno de mis bocetos de cabecera, «Celebrities» de Robert Smith, el líder de The Cure confiesa: «Un día vi un punto brillante en el horizonte y era mi talento el que se alejaba». Quizá allí, en el infinito y más allá, se encontró con el de Ridley Scott. . He padecido ‘La constelación del perro’, la última película del director inglés, y no tengo palabras. Bueno, sí las tengo. Es tópica (si les apetece una buena distopía apocalíptica, vean ‘Silo’, en Apple TV), es cursi, es un soberano coñazo y, por encima de todo, es un misterio. O dos. El primero, menor, es si el éxito de Jacob Elordi se sostiene en algo más que estar tremendamente bueno. Una estrella levanta el material que recibe, convierte en magistral lo notable y en soportable lo mediocre. Nunca es su caso. El segundo, el mollar, es ¿existe una carrera más incomprensible que la de Ridley Scott? ¿Cuál es la trampa?. Si coges las tres primeras películas de todos los grandes directores de la historia, sólo Tarantino (‘Reservoir dogs’, ‘Pulp fiction’ y ‘Jackie Brown’) aguanta la comparación con Scott: ‘Los duelistas’, ‘Alien, el octavo pasajero’ y ‘Blade runner’. Tres obras maestras. Luego, tiene una racha pasable hasta ‘Thelma y Louise’ y ahí ya, un día, vio el punto brillante que se alejaba para no regresar jamás.. Han pasado 35 años y 23 películas y no ha vuelto a dirigir otra que no hubiera podido rodar cualquier funcionario de Hollywood cuyo nombre no quedará en libro alguno. Hay un par muy dignas (‘The Martian’ y ‘Black Hawk derribado’), varias de sobremesa en duermevela (‘American gangster’ o ‘El último duelo’), una avalancha de mediocridad que preferiría olvidar y, bueno, está ‘Gladiator’, la película favorita de un montón de hombres con ansias de ser muy hombres a los que, en realidad, no les gusta el cine. Si fuera ciclista, nadie dudaría de que el joven Ridley Scott se dopaba más que Lance Armstrong.. Sin embargo, sigo yendo a sus películas por respeto y por agradecimiento. Quien creó arte una vez (tres, en este caso) merece amor eterno aunque sospeches que lo logró por accidente. Hagan el sacrificio de ir a ver ‘La constelación del perro’ y si les deprime, como a mí, regresen a ‘Blade runner’ al volver a casa. Es otra película con dos misterios: nunca sabremos al cien por cien si el Deckard de Harrison Ford es un replicante ni si semejante catedral la dirigió Ridley Scott. Algo no cuadra.
Noticias culturales
