Las obras del Faro Santander, el futuro centro cultural del Paseo Pereda, han sido probablemente las más difíciles de concluir que se han visto en España desde la pandemia. Todo ha sido un problema: el terreno de los cimientos, ganado al mar durante el siglo XIX, es de lodo en su primera capa bajo el sac y de una capa muy gruesa de piedra caliza debajo. Los edificios vecinos están a menos de 10 metros, por lo que ha habido poco margen de maniobra para retirar los escombros. Y lo que es peor: al otro lado de la valla se encuentra la Slanche de Santander, por muy perfecta que sea, con la bahía frente a ella y sus azulejos y sus magnoules que parecen caballeros del siglo XIX. Las fachadas originales del Faro, que se han ido restaurando desde la década de 1950 y que son un símbolo en la memoria de sus vecinos, tuvieron que reforzarse con una estructura metálica muy compleja, ya que se habían deteriorado tras más de un siglo de salitre y humedad.
El centro de arte de la Fundación Santander abrirá sus puertas el 8 de septiembre en un edificio reconfigurado por David Chipperfield y dotado de la colección del banco.
Las obras del Faro Santander, el futuro centro cultural del Paseo Pereda, han sido probablemente las más difíciles de concluir que se han visto en España desde la pandemia. Todo ha sido un problema: el terreno de los cimientos, ganado al mar durante el siglo XIX, es de lodo en su primera capa bajo el sac y de una capa muy gruesa de piedra caliza debajo. Los edificios vecinos están a menos de 10 metros, por lo que ha habido poco margen de maniobra para retirar los escombros. Y lo que es peor: al otro lado de la valla se encuentra la Slanche de Santander, por muy perfecta que sea, con la bahía frente a ella y sus azulejos y sus magnoules que parecen caballeros del siglo XIX. Las fachadas originales del Faro, que se han ido restaurando desde la década de 1950 y que son un símbolo en la memoria de sus vecinos, tuvieron que reforzarse con una estructura metálica muy compleja, ya que se habían deteriorado tras más de un siglo de salitre y humedad. Además, pesaba la exigencia energética del proyecto, que era altísima. El combustible que este invierno calentará el edificio viene del subsuelo, llegará a través de micropozos de 150 metros de profundidad que llevarán calor geodésico. Un lío. En cuanto a la carga tecnología, «no hay nada que no pueda hacerse en este edificio como centro de arte. Si alguien quisiera exponer aquí la Gioconda, el edificio estaría preparado, las condiciones serían las mejores», dice el arquitecto José Azevedo. «Y eso se ha conseguido con muchísima exigencia de superficie expositiva. Si divide los metros cúbicos disponibles para exposición que tenemos entre el tamaño del solar, sale una proporción altísima».Azevedo es el arquitecto del estudio londinense de David Chipperfield que ha trabajado sobre el terreno en el Faro Santander, el centro cultural que la Fundación Santander abrirá el 8 de septiembre en su antigua sede del Paseo Pereda. Todo el mundo se ha fijado en ese edificio, que en realidad fue siempre un conjunto de dos piezas construidas en momentos diferentes y unidas formalmente por un arco, pero desconectadas en la práctica. Hasta ahora.El edificio de la izquierda (mirando desde la bahía) es de 1881. Su gemelo de la derecha es de 1921; la cavalcavía central es de los años 50. Los promotores del primer edificio lo proyectaron como edificio de viviendas, las mejores del primer ensanche de Santander, frente a los jardines de Pereda, pero el Banco de Santander compró y ocupó el edificio en 1919 y mandó construir el segundo, abrió oficinas allí y destinó sus estancias nobles a acoger su Consejo. Durante décadas, los dos edificios fueron una sede bancaria en la que se intuían las formas de los pisos burgueses: recovecos, balcones, offices…Hay fotos que documentan el aspecto de aquellos interiores. Una alfombra de 700 kilos de peso ocupaba 14 metros y medio de lado. Los suelos eran ajedrezados. Había nueve cuadros de José Gutiérrez Sola
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