Enrique Vila-Matas se ha hecho con el Premio Nacional. A sus 78 años, el autor, que ha publicado más de 30 libros, recibe uno de los premios más prestigiosos de la literatura española. Aunque pueda parecer extraño, aún no había ganado ni el Premio Nacional, ni el Cervantes, ni el de la Princesa de Asturias. ¿Era el momento adecuado? Esta tarde, admitió con una sonrisa a la vez pícara y modesta: «No, no había pensado en eso». Comentó con sarcasmo: «Creo que las consideraciones del jurado son bastante acertadas», haciendo hincapié en su importante impacto en la narrativa moderna y su contribución al legado borgiano. La mención a Borges, un escritor importante, le ha provocado una intensa reacción emocional: «¿Te puedes creer que hayan dicho eso? El texto está incompleto, por favor, proporciona más contexto.
El escritor recibe el premio del Ministerio de Cultura por su dilatada carrera, con más de 30 libros a sus espaldas». Ni Cervantes hace metaliteratura ni yo tampoco», afirma.
Por fin, Enrique Vila-Matas ha ganado el Premio Nacional. A sus 78 años, tras más de 30 libros publicados, el escritor ha obtenido uno de los grandes galardones de las letras españolas. Porque, por mucho que lo pareciera, no tenía ni el Nacional, ni el Cervantes, ni el de la Princesa de Asturias. . . «Ya era hora», ¿no? «No, eso no lo pensaba», admitió esta tarde con una sonrisa en el rostro y con modestia. Con su habitual ironía, ha añadido: «Me parece muy acertada la reflexión del jurado», que destaca «su influencia decisiva en la narrativa contemporánea» y «su contribución a la tradición borgiana». Esta última referencia a Borges, uno de sus propios mitos, le ha llenado de optimismo: «¿Han dicho eso? «Con un traje impecable, sus ya míticas Ray-Ban rojas y unas modernas zapatillas Nike de un marrón otoñal, Vila-Matas ha vuelto a su librería de cabecera, la + Bernat, para atender a los medios tras la noticia de que el Ministerio de Cultura le ha concedido el Premio Nacional de Letras. Una noticia que recibió esta mañana en esta misma librería, mientras charlaba con el escritor asturiano Alejandro Basteiro». «Me llamaron por teléfono, pensé que era una broma. . . así que no contesté», dijo Vila-Matas. «Resulta que era del General del Libro. Mi día ha dado un giro completo». «Y el de Basteiro también, eh, ya da por hecho que él será el siguiente», añadió con su humor vilamatiano. «Casi se ha convertido en su seña de identidad». Según el jurado del Premio Nacional, su «cuestionamiento de la autoridad narrativa, unido a una agudeza y un humor que rozan el laconismo y la ironía, lo sitúan como uno de nuestros escritores más subversivos». «Vila-Matas solo añade: «Da mucha alegría que te digan cosas que son ciertas». «Enrique Vila-Matas con su editora Elena Ramírez, de Seix Barral. . QUQUE GARCÍA / EFE. Aunque desde su primera novela ha convocado a un amplio panteón de intelectuales y escritores (si son malditos, mejor aún), para Vila-Matas, la literatura es un campo en el que puede pasarle el balón (o la palabra) al propio Borges, a su querida Marguerite Duras (que le acogió en su casa durante sus años de formación en París), a Robert Musil o a Franz Kafka. . ». Mi visión de la literatura es la del juego, es lúdica. Siempre lo ha sido. Escribir es divertirse, básicamente. La literatura está ahí para que no me aburra. Lo disfruto mucho, me lo paso genial», admite. Recientemente, leyendo los diarios de su amigo Juan Marsé, descubrió una entrada sobre él: «Marsé me acusó de leer la realidad como si fuera fraudulenta. Tenía toda la razón: desconfío de lo que escribo, de la realidad, de todo. «Pero él se vuelve loco: “Tengo mi propia ética: soy irónico conmigo mismo, en el texto crítico de lo que he hecho”. «Desde su primera novela, *La mujer del espejo que mira el paisaje* (1973), que publicó a los 25 años, hasta su último libro, *Dark Chamber Canon* (Seix Barral), que salió a la venta el año pasado, el universo de Vila-Matas se considera pura metaliteratura. Una etiqueta con la que él consiente, pero con la que simplemente no está de acuerdo». Mi obra no es una reflexión sobre la escritura. Es una reflexión general. En el Quijote se habla de libros de caballería y novelas que se publicaban en aquella época. Eso no es metaliteratura: ni Cervantes ni yo la hacemos. Son etiquetas que nos ponen. Aún más absurda es la etiqueta de «autoficción». Lo que hay es solo literatura. «Y mezcla constantemente la literatura y la vida. Como en el ensayo que estás escribiendo ahora, sobre «una experiencia que viví el año pasado, muy intensa y aterradora». «Ahora es Vila-Matas quien juega (siempre) con las palabras: «Es lo que se llamaría un ensayo narrativo o también se podría decir narración estilística». «Hablando de premios, uno de los pocos españoles que año tras año suena como candidato al Nobel, ha recordado la primera vez que ganó uno: tenía 10 años e iba a los maristas». Llevo varios días observándolo, sin darme cuenta de que nadie más lo había informado». «Lo ha recordado. También hizo un comentario sobre su campaña para el Nobel: «He estado en Estocolmo, en la Academia donde se entrega el premio y se ofrece la comida a los escritores invitados por el ayuntamiento. . . Creía que lo había ganado por la noche. No es metaliteratura; es simplemente literatura en la vida cotidiana.
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