Hay toreros actuales que pueden agradecérselo al Dr. Carlos Val-Carreres. Juan José Padilla, Mariano de la Viña y Juan Cano son ejemplos de casos extremos que comprenden la importancia de confiar su destino a un aragonés tras sufrir accidentes que podrían haber acabado en tragedia.
El aragonés sale victorioso tras desenmascarar al sexto en una velada llena de matices taurinos del genio de La Puebla, en la que Castella, maltratado por la galería, también luce un trofeo.
Hay toreros que hoy pueden contarlo gracias al Dr. Carlos Val-Carreres. Ortega Cano, Juan José Padilla y Mariano de la Viña, como casos más extremos, saben lo que significa confiar su destino al cirujano aragonés tras percances que estuvieron a punto de acabar en tragedia.
Morante de la Puebla, que conoce bien su trabajo, ya que fue atendido por él tras la cornada sufrida en Huesca en 2013, ha promovido este año un homenaje para reconocer la extraordinaria trayectoria de una persona «que siempre ha estado ahí en los momentos difíciles», tal y como afirmó en el acto matutino en el que se descubrió un busto del médico frente a la plaza. Este genio, que ya promovió los homenajes a Antoñete en Madrid, a Rafael de Paula en Jerez y al padre de Manzanares en Alicante, ha vuelto a tomar la iniciativa para que la Fiesta reconozca a un médico que afirma haber operado a tres generaciones de toreros.
Afortunadamente, el doctor Val-Carreres tenía el día libre el día de su homenaje. Por una vez, el cirujano aragonés pudo disfrutar de la corrida sin la urgencia de una residencia de ancianos, sin tener que abandonar el recinto para hacer frente a una de esas situaciones límite que han marcado su trayectoria. Una tregua en una Feria del Pilar marcada por Daniel Luque y David de Miranda.
Se enfrentaba a Morante de la Puebla al inicio del final de su temporada de 2026, con una doble parada en Zaragoza. Una doble parada que llegó tras su ingrato regreso a Madrid, donde su forma de torear se impuso a la hostilidad de un sector de Las Ventas para encontrar el apoyo de una mayoría que sí supo disfrutar con más de una docena de ejemplares de gran clase.
Su primer toro volvió a los corrales por su escasa fuerza y, en su lugar, salió un remanente de Domingo Hernández que dormía por la derecha, ante el que se mostró ridículo y al que Morante solo pudo arrancarle alguna natural de calidad.
Le dio al doctor un amplio espacio y puso fibra y taurina en su salida. Más allá de las rayas, le hizo al torazo tres tandas orgullosas en redondo antes de tomar la izquierda, donde el toro se mostraba agresivo con embestidas y amagos de embestida. Volvió a la derecha y entonces el nivel de su trabajo volvió a subir, pero la colocación de la espada hizo que la petición de oreja no fuera unánime.
Sebastián Castella se enfrentó con una verónica al mastodonte de 650 kg que le tocó en segundo lugar. Pidió calma a los franceses al inicio de la faena, confiado en lograr algo que se quedó a medio camino porque, tras dos series redondas en las que puso fibra, el toro se lesionó. Cuando el premio parecía haberse esfumado, Castella acudió con su espada para rescatar una oreja gracias a una estocada llena de orgullo.
Curiosamente, el tribunal le denegó la de la quinta, con una petición clamorosa, cuando le había concedido la anterior por mayoría. Qué cosas. Con este quinto, el francés se mostró muy meritorio, derribando al toro al suelo y metiéndolo en la cesta con una técnica y un valor prodigiosos. Se metió entre los pitones en un epílogo y una circular por la espalda puso al público en pie. La espada se le cayó, pero la petición fue escandalosa, como el corcho al palo.
Aaron Palacio repitió una salida con Morante. Si bien a gran nivel, sin espada, se encontraba en su confirmación del 12-0, el torero se impuso ante sus compatriotas, liberó parte de la presión de la Presidencia y cuajó una actuación digna de orgullo. Recibió a su primer toro con dos pases de rodillas para llevarlo a la verónica. Tras entregarle la mano al Dr. Val-Carreres, el toro fue sacado al centro de la plaza y lo atormentó suavemente en la ronda. Allí, Jiménez protagonizó una buena lucha en el primer tercio y luego bajó un poco el ritmo. Y con ello también una faena en la que acabó acortando distancias y terminó con unas manoletinas muy ajustadas. Perdió el premio a la espada.
Se enfrentó al sexto toro, al que le propinó otros tres largos cambios en el tercer tercio. Comenzó su faena de forma espectacular, con ayuda de las rodillas. Con el público entregado, llevó al gran toro de Olga Jiménez a la media y lo curó de manera extraordinaria, con un arrebato sin igual. Primero en la redonda y luego en la natural, el torero demostró tener madera de figura en una faena inteligente, mesurada y con el público en pie tras cada serie. Al terminar las últimas manoletinas, se mostró seguro de poder desmontar sin muletas y un toro bravo lo llevó hacia delante. Sin mirarse, se levantó para asestar la estocada. Ahora sí, el presidente no tuvo más remedio que concederle las dos orejas. Y se llevaron a Aaron en volandas.
Morante de la Puebla, de burdeos y oro. Dos pinchazos, medio paso y pelo. Amonestación (silencio). En la sala, estocada baja (ovación).
Sebastián Castella, de grana y oro con puntas negras. Gran revuelo. Amonestación (oreja). En la quinta, estocada baja (repetida tras clamorosa petición).
Aaron Palacio, vestido de negro y oro. Dos estocadas, cinco a pie y cinco a medio apuñalar. En la sexta, estocada (dos orejas), se produce una advertencia (ovación). Se apoyó en sus hombros.
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