El Mundial de 2026, que ha coronado a España como campeona del mundo por segunda vez tras derrotar a Argentina (1-0), ha sido un éxito rotundo desde el punto de vista económico y de asistencia, pero también ha puesto de manifiesto las crecientes críticas hacia la FIFA, organizadora del torneo, por la influencia política, el marketing desmesurado y el uso de las nuevas tecnologías en el fútbol.
El torneo concluye con unos ingresos sin precedentes de unos 15 000 millones de dólares, superando sus previsiones iniciales, y aumenta su previsión en 2 000 millones de dólares para los próximos cuatro años.
Fuente: MRSS-S News
El Mundial de 2026, en el que España se proclamó campeona por segunda vez tras empatar a uno con Argentina, ha sido un gran éxito económico y de asistencia, pero también ha puesto de manifiesto las crecientes críticas a la FIFA por su influencia política, su marketing desmesurado y el uso de nuevas tecnologías en el fútbol. A lo largo de todo el torneo, más de 15 millones de personas ocuparon los estadios y las zonas de fiesta para aficionados, lo que la convirtió en la Copa del Mundo más lucrativa y popular de la historia, y ello a pesar de la venta récord de entradas. La FIFA confirmó que los ingresos superaron los 15 000 millones de dólares (unos 13, 112 millones de euros) durante el ciclo cuatrienal, muy por encima de los 10 000 esperados antes del campeonato. La competición logró resolver una serie de disputas, incluida la intervención inesperada del presidente de EE. UU. , Donald Trump, en una controversia disciplinaria que planteó dudas sobre la legitimidad de los organismos que rigen el fútbol mundial. A pesar de ello, las previsiones de ingresos de la FIFA para los próximos cuatro años han aumentado en unos 2 000 millones de dólares (aproximadamente 1 748 millones de euros). Uno de los episodios más polémicos del torneo tuvo como protagonista al delantero estadounidense Folarin Balogun. Durante las expulsiones, Trump pidió al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que reconsiderara la sanción de un partido impuesta al jugador tras su expulsión ante Bosnia y Herzegovina. La comisión disciplinaria de la FIFA decidió suspender la aplicación de esta sanción durante un año poco después, lo que supuso una medida sin precedentes que permitió a Balogun disputar el último partido de octavos contra Bélgica a pesar de las objeciones de la Federación Belga. Sin embargo, la polémica no alteró el resultado deportivo. Estados Unidos cayó derrotado ante Bélgica por un contundente 4-1, un resultado que impidió que el escándalo eclipsara por completo el torneo. Posteriormente, el propio Balogun reconoció que toda la polémica generada supuso una gran distracción para el equipo. La polémica de Balogun no fue el único incidente político del campeonato. Los jugadores argentinos, entre ellos Lionel Messi, celebraron la victoria sobre Inglaterra mostrando una pancarta en apoyo a la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas, lo que llevó al Gobierno británico a exigir una investigación a la FIFA. También se generó debate sobre la imagen del seleccionador egipcio ondeando una bandera palestina tras la victoria sobre Australia, mientras que Irán protestó por las dificultades logísticas derivadas de las sanciones estadounidenses, que obligaron a su selección a viajar desde México para disputar cada partido. Un negocio cada vez mayor A pesar de las críticas, el torneo fue un gran negocio. La ampliación a 48 selecciones permitió la participación de nuevas selecciones modestas como Cabo Verde, con lo que el número de países participantes ascendió a siete
