Hay libros que se escriben a partir de una idea y libros que se escriben a partir de una necesidad. «Mata a la víctima», la primera obra de Inma Cabeza, pertenece claramente al segundo grupo: surgió cuando la autora, tras pasar por una depresión y una enfermedad que la obligaron a enfrentarse a sus propios límites, comprendió que lo que había aprendido podía servir a quien hoy camina a la sombra de un proceso doloroso. El resultado es un relato brillante y exigente a partes iguales, que acompaña sin prometer atajos.
La escritura como refugio y como herramienta de sanación
La vocación de Inma Cabeza no tiene una fecha exacta, sino un lugar: el papel. En la adolescencia escribía poemas e inventaba letras de canciones en las que exteriorizaba lo que llevaba dentro, aunque acabara deshaciéndose de todo «por vergüenza a que alguien lo descubriera». Con el paso de los años, esta costumbre íntima se convirtió en un espacio propio que hoy también comparte en su blog personal. «Siempre me ha resultado más fácil expresarme a través de la escritura que mediante la palabra oral», reconoce la autora. Esa naturaleza se refleja en cada página del libro: cuando se sentó por primera vez frente al ordenador, apenas tuvo que pensar en qué escribir, «era como si se hubiera pasado toda la vida haciéndolo».
Un punto de inflexión que cambió la perspectiva
El interés de la autora por el funcionamiento de la psique y la capacidad de autocuración del cuerpo surgió de lejos, alimentado por las lecturas de Elisabeth Kübler-Ross, Brian Weiss, Louise Hay o Anita Moorjani. Pero fue un golpe personal lo que puso a prueba todo ese conocimiento y la llevó a relacionar patrones, comportamientos y dolencias que se habían manifestado a lo largo de su vida, hasta llegar a los traumas de la infancia y a lo que cada persona hace con lo que le duele. De ahí surge una de las ideas que articulan el libro: «Quizás la mejor prevención sea mirar al pasado para perdonarnos, más que para repararlo». Cuando la enfermedad se agravó, Inma Cabeza comprendió que había llegado el momento de contar su historia.
Contra el positivismo edulcorado
La autora elige el camino opuesto al edulcoramiento en un mundo en el que el crecimiento personal y la espiritualidad están en pleno auge. «Endulzar los procesos no solo me parece poco sensato, sino también una forma de engañar al lector», afirma. Su tono es crudo y honesto de forma deliberada, porque su objetivo es que quien lo lea comprenda que nadie vendrá con una varita mágica a salvarlo de su propia cárcel mental. Frente a las frases hechas y al optimismo decorativo, «Mata a la víctima» habla del trauma sin víctimas y sin fantasías reconfortantes, desde una mirada neutral que hace hincapié en la responsabilidad personal como punto de partida de cualquier transformación real.
Un espejo en el que el lector se reconoce
La dureza del enfoque se combina con una calidez muy consciente. El autor cuida cada palabra para que el lector se sienta cercano y, cuando el tema lo requiere, recurre a un tono genuino que alivia el peso sin restarle importancia. El libro se describe como un espejo interactivo, un mapa de las propias sombras y, al mismo tiempo, un refugio seguro donde se puede poner nombre a lo que a veces puede costar, sin ser juzgado. «Espero que encuentres esa chispa de luz y esperanza que te haga saber que el libro que tienes entre manos va a marcar un antes y un después», señala al lector que se acerca a su obra por primera vez.
La ferocidad y la alegría de una primera novela
Escribir «Mata a la víctima» ha supuesto para su autor un proceso de transformación en toda regla: le ha ayudado a cerrar ciclos que quedaban a medio abrir, a confiar en sus capacidades creativas y a superar el miedo a las críticas de su entorno más cercano. Entre la emoción de exponerse por primera vez y la alegría de haber creado algo que, según dice, ha surgido de lo más profundo de su alma, vive el momento previo a la publicación con un torbellino de emociones. Por encima del miedo, se impone la alegría: saber que lo que cuenta, cómo cuenta y los ejercicios que comparte pueden ser útiles para otras personas. Su deseo va aún más allá y confiesa que le gustaría que el manuscrito se tradujera a otros idiomas para llegar a muchos más lectores.
Letrame Grupo Editorial, acompañando el proceso creativo
La publicación de «Kill the victim» corre a cargo de Letrame Grupo Editorial, una editorial que acompaña a sus autores en todas las etapas del camino, desde la evaluación del manuscrito hasta la promoción de la obra. Para quienes tienen la intención de publicar un libro por primera vez, este acompañamiento marca la diferencia, y esto se refleja en las opiniones de quienes ya han vivido el proceso: las opiniones sobre Letrame coinciden en destacar la cercanía y el cuidado con que se aborda cada proyecto literario.
