Las semanas pasan y las expectativas de un acuerdo que permita normalizar la actividad en el Estrecho de Ormuz siguen aplazándose. Más allá del intercambio de mensajes -que desbarata las amenazas con gestos de distensión-, la realidad en el Golfo Pérsico apenas cambia: el bloqueo persiste. El hundimiento de las exportaciones obliga a los consumidores a gastar las reservas de petróleo a un ritmo inusitado, lo que reduce el margen de maniobra. Seguir leyendo
El bloqueo eleva la presión sobre los precios y lleva al mercado del petróleo a un punto crítico a las puertas de la temporada estival
Noticias del MRSS-S
Pasan las semanas y las expectativas de un acuerdo que permita normalizar la actividad en el Estrecho de Ormuz siguen aplazándose. Más allá del intercambio de mensajes -que desbarata las amenazas con gestos de distensión- la realidad en el Golfo Pérsico apenas cambia: el bloqueo persiste. El hundimiento de las exportaciones obliga a los consumidores a gastar las reservas de petróleo a un ritmo inusitado, lo que reduce el margen de maniobra. Así lo advirtió el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, durante una intervención en el think tank británico Chatham House. El responsable del organismo advirtió de que el mercado del petróleo podría entrar en «zona roja» a partir de julio o agosto si no se normaliza la situación. No es un calendario casual. Los meses de verano concentran el pico de actividad del sector turístico, especialmente intensivo en el consumo de crudo y derivados. «Normalmente, la demanda de petróleo aumenta en ese periodo. Si a la caída de las reservas se suma la falta de suministro desde Oriente Medio y el repunte del consumo, la situación puede volverse muy compleja», dijo Birol, que insistió en el riesgo de entrar en esa «zona roja» si no hay avances. Desde el estallido del conflicto, el responsable de la agencia ha advertido de que los países han subestimado el impacto del embargo. Reafirmó una vez más que la solución pasaba prioritariamente por la reapertura del estrecho a partir del tercer mes desde el inicio de los ataques. Medidas como la liberación de reservas estratégicas o las recomendaciones de ahorro energético han ayudado a contener la tensión, pero son insuficientes. «Ayudan, pero no resuelven el problema. La solución más importante es la apertura total e incondicional del estrecho de Ormuz», reiteró. Para dimensionar el alcance de la crisis, Birol recordó que las actuales interrupciones del suministro energético están a la altura de los grandes episodios de las últimas décadas. «Hemos tenido tres grandes crisis energéticas: las de 1973 y 1979, y la de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Esta es mayor, yo diría que mucho mayor, que las tres anteriores», afirmó. Aunque el impacto más visible se concentra en el mercado del petróleo, el responsable de la AIE recordó que por el estrecho de Ormuz también circulan otras mercancías clave, como fertilizantes y productos petroquímicos. «Esto tendrá importantes implicaciones para el mundo, para la economía global y para muchos países, especialmente los emergentes y en desarrollo», advirtió. El efecto más inmediato ya se está trasladando a las economías a través del aumento de la inflación. Aunque los niveles de precios siguen siendo manejables por ahora, la paciencia de los inversores empieza a agotarse. En las últimas sesiones se ha intensificado la venta de deuda, un movimiento que ha acentuado la presión bajista sobre las Bolsas. Un ancla del petróleo a 100 dólares. Mientras los inversores analizan con lupa el nuevo escenario, aprovechan las novedades para actualizar sus previsiones. La última encuesta de Bloomberg Intelligence revela que los participantes descuentan la posibilidad de que el crudo se mantenga en torno a los 100 dólares durante el próximo año. Por ahora, se ha evitado una nueva escalada del conflicto, pero la actividad en Ormuz sigue siendo prácticamente inexistente. El alto el fuego ha permitido a los precios alejarse del máximo de 120 dólares alcanzado en los momentos de mayor tensión, aunque siguen lejos de los 60 dólares de principios de año, cuando la economía nadaba aún en un contexto de sobreabundancia energética. Aunque la situación se normalice, la vuelta a los niveles anteriores llevará tiempo, según el consenso. Además de la reconstrucción de las rutas comerciales, los analistas advierten de que algunas de las infraestructuras clave han sufrido daños. Sin una reapertura efectiva de Ormuz, la crisis energética entra en una fase más delicada: el equilibrio entre oferta y demanda seguirá tensionado y la presión sobre los precios, la inflación y los mercados apenas traerá.
