Laberinto de lealtades tiene el título de un thriller y ofrece algunas escenas propias de una novela de espías pero, en realidad, se trata de un libro académico. Ocho historiadores dirigidos por Francisco Veiga, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, exploran en sus páginas una película insólita: la aventura de la Asociación Hispano Islámica. La AHI era una mezcla de lobby político, oficina de comercio exterior y agenda oculta panislamista. Operaba en España, en diálogo con el Estado, pero al menos en parte servía al proyecto nacionalista marroquí. Nació en el primer otoño de la Segunda República y podría ser el gran proyecto de emancipación de España en política exterior.
‘ Laberinto de lealtad ‘ descubre el desconocido papel de la Asociación Hispano-Islámica, una mezcla de lobby político, cámara de comercio y agenda oculta del nacionalismo árabe que se infiltró en la política española de los años treinta
Laberinto de lealtades tiene el título de un thriller y ofrece algunas escenas propias de una novela de espías pero, en realidad, se trata de un libro académico. Ocho historiadores dirigidos por Francisco Veiga, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, exploran en sus páginas una película insólita: la aventura de la Asociación Hispano Islámica. La AHI era una mezcla de lobby político, oficina de comercio exterior y agenda oculta panislamista. Operaba en España, en diálogo con el Estado, pero al menos en parte servía al proyecto nacionalista marroquí. Nació en el primer otoño de la Segunda República y podría ser el gran proyecto de emancipación de España en política exterior. . ¿Por qué emancipación? «En la dictadura de Primo igual que en la República, España tuvo una relación privilegiada pero subordinada hacia Francia, que era el vecino poderoso del norte, la gran potencia europea», explica Veiga. «España y Francia compartían protectorado en Marruecos, de modo que para el Gobierno era imposible desentenderse de esa relación. Primo había amagado con una política desafiante hacia Europa en la Sociedad de Naciones, había buscado en la comunidad de países latinoamericanos una base de aliados cercanos con los que hacerse valer. Le funcionó a medias. En Marruecos, el levantamiento de Abd el-Krim le había obligado a renovar la alianza militar con Francia. A partir de 1931, los gobiernos republicanos, todos ellos, buscaron acercase a Francia. A cambio, Francia ató en corto a España en relación al asunto marroquí».. Algo de contexto: desde finales del siglo XIX, la debilidad del Reino de Marruecos llevó a su intervención colonial y a su explotación económica por Francia. A partir de 1912, París delegó parte de su autoridad sobre el Reino de España, acreedor de Marruecos por indemnizaciones de guerra debidas desde el siglo XIX. El protectorado español se extendió desde el Atlántico, desde Larache, hasta el delta del río Muluya, 350 kilómetros al este. El territorio administrado era de 20.000 kilómetros y acogía a 551.247 habitantes en 1927. La población europea era de 80.000 personas.. ¿Dio la administración española un buen servicio a los habitantes del norte de Marruecos? «La realidad es que el Protectorado no estaba bien financiado, no podía invertir en carreteras y colegios ni modernizar una región que estaba subdesarrollada y que era políticamente problemática. El Protectorado español nunca llegó a ser eficiente. En Madrid no había mucho entusiasmo por sus asuntos y los españoles en África, militares, funcionarios y algunos colonos, manejaron el protectorado con bastante independencia. No eran ricos pero hacían y deshacían».. «Algunos políticos de la II República quisieron que España se desprendiera del Protectorado», continúa Veiga. «Ojo, el protectorado no era una colonia histórica ni una conquista, era una cesión de Francia acordada en el Congreso de Algeciras de 1906. El protectorado era un subarriendo que atendía a un interés de Francia: evitar que el Estrecho de Gibraltar estuviera controlado en sus dos orillas por los ingleses. Por eso hubo líderes en la izquierda republicana que empezaron a preguntarse por qué mantener esa presencia. Indalecio Prieto lo dijo en un discurso 1931: España debía devolver el Marruecos español a la Sociedad de Naciones y que la Sociedad de Naciones se apañara. Hubo mucha tensión en Francia por ese discurso».. En ese contexto, en noviembre de 1931, una comisión de nacionalistas marroquíes visitó a Niceto Alcalá Zamora en Madrid. El presidente de la República hizo «una serie de promesas que no pudo cumplir», según Veiga. Inversiones, buen gobierno, autonomía… A partir de esa promesa nació la Asociación Hispano Islámica. El tiempo la reveló vana.. «La única política articulada y ambiciosa para las relaciones España con el mundo musulmán se gestionó desde la AHI. Nació en 1932 y aportó algo muy ambicioso y audaz», cuenta Veiga. «Había políticos españoles de tendencias mezcladas. No todo en la II República fueron trincheras y tiroteos. También hubo políticos de centro derecha y centro izquierda que colaboraban en el día a día. En la AHI hubo derechistas, liberales, lerrouxistas, federalistas, socialistas como Fernando de los Ríos… Hubo periodistas y gentes de negocios, muchos catalanes con intereses industriales y mercantiles que pensaban que España podría tener acceso preferente al petróleo de Irak si exploraba la afinidad de los españoles con los árabes como una carta de simpatía».. «El otro núcleo de la AHI era el de los jóvenes nacionalistas marroquíes que fueron los mismos que, en 1956, dirigieron la independencia. Fueron ministros e intelectuales muy relevantes. Su programa político era la independencia pero no a través de la guerra ni de un levantamiento militar para el que no estaban preparados. Después de la campaña de 1921 de Abd El Krim, al que veían más bereber que marroquí, preferían una salida gradualista. Su mentor fue un hombre libanés que vivía en Ginebra y pretendía representar ante la Sociedad de Naciones los intereses de palestinos y sirios. Era el emir Shakir Baslan y es un personaje hoy desconocido. En 1931 fue la figura de referencia del panislamismo y del panarabismo».. Shakib Arslan también era el enemigo número uno de los servicios de inteligencia franceses e ingleses en el norte de África. Era el «alboratador peligroso que socavaba el poder europeo y que buscaba en España a un aliado». Empieza ahí la novela de espías. En Laberinto de lealtades, el emir libanés aparece recorriendo España en busca de aliados pero con los agentes franceses a sus espaldas.. Desde la AHI lanzó varios proyectos muy ambiciosos: «El primero fue aprovechar la fundación la Escuela de Estudios Árabes de Granada en 1932 para llevar a su inauguración a los tres principales monarcas árabes, Fuad de Egipto, Saud de Arabia y Faisal de Irak. Era la manera de mostrar el apoyo de los reyes árabes a España y de reconciliar a Faisal y Saud, que estaban enfrentados desde la I Guerra Mundial, cuando los hachemitas perdieron el trono de Arabia. Era una idea muy adelantada a su tiempo porque ofrecía España como lugar de amistad para los árabes, de resolución de conflictos. También propuso reconvertir la Mezquita-Catedral de Córdoba al rito musulmán o, al menos, compaginar misas y ritos musulmanes. Franco retomó esa idea en 1974, en parte por la crisis petrolera y el deseo de tener un abastecimiento de amigo». La tercera idea fue la de lanzar embajadas comerciales por los países musulmanes. Hubo ferias, giras y oficinas comerciales en Damasco, Bagdad, El Cairo, Jaffa, Túnez…. ¿Era real la simpatía cultural entre españoles y árabes? «Era algo en lo que creían los árabes más que los españoles. Los árabes tenían el mito de Al Andalus y una opinión buena de España, un recuerdo idealizado en todo Oriente Medio. Cuando llegó la delegación de AHI a El Cairo, hubo un discurso de un poeta: ‘Los españoles son árabes con sombrero’. Los españoles eran más indiferentes, menos en el grupo muy pequeño de los arabistas y, sobre todo, en el subgrupo de los andalucistas que hablaban de una comunión preislámica entre Andalucía y el norte de África. Isidro de Las Cágigas hablaba muy bien árabe y era cónsul en Tetuán y fue el padre intelectual del andalucismo. Para el resto de los españoles, el tema marroquí era ajeno», explica Veiga. Por eso, cuando Francia presionó en contra de la AHI, sus proyectos se desvanecieron uno tras otro.. Laberinto de lealtades termina con el relato de la vida de los protagonistas de la AHI tras la desbandada de 1936, empeñados, muchos de ellos, en cambiar de lealtades y de actuar en los límites entre los dos bandos. Un ejemplo: Marcelo de Argila, uno de los catalanes de la asociación, fue el director de los servicios de inteligencia de la Generalitat durante la Guerra Civil. Murió asesinado por un matón anarquista. ¿Por qué? En esos días, su colega Shakib Arslan había empezado a colaborar en África con la España de Franco.
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