Este fin de semana, la Fórmula 1 llega a Madrid. Paralelamente a las apuestas sobre quién ganará la carrera, existe un animado debate sobre la viabilidad económica del evento. Sus defensores recuerdan que PwC estima un impacto de 467 millones de euros, que Match Hospitality se ha comprometido a aportar 400 millones durante una década para desarrollar el negocio VIP y que el contrato ofrece diez años para amortizar las inversiones. Iphema confía en cerrar el proyecto con beneficios, aunque reconoce un riesgo de 270 millones. . Seguir leyendo
Un informe elaborado por PwC eleva el impacto económico estimado a 467 millones de euros
Fuente: MRSS-S News
Este fin de semana, la Fórmula 1 vuelve a Madrid. Hay un animado debate sobre la viabilidad económica del evento, en paralelo a las apuestas sobre quién ganará la carrera. Sus defensores recuerdan que PwC estima un impacto de 467 millones de euros, que Match Hospitality se ha comprometido a invertir 400 millones durante una década para desarrollar el negocio VIP y que el contrato ofrece diez años para amortizar las inversiones. A pesar de reconocer un riesgo de 270 millones de dólares, Iphema es capaz de llevar a cabo el proyecto con beneficios. Sin embargo, muchas personas discrepan del mantra de «coste cero para el contribuyente», tal y como ya hicieron en la Asamblea General de Valencia de 2008. IFEMA está controlada en un 62 % por las administraciones públicas. También hay que relativizar los 467 millones. Madrid ya llena hoteles, restaurantes y bares con normalidad, por lo que una parte de ese dinero se habría gastado de todos modos, aunque no hubiera Fórmula 1. Además, los vecinos, en una zona con escasa actividad comercial, solo recibirán ruido. Quizá sea pronto para juzgar un proyecto diez años antes de la primera carrera, pero el fracaso de Valencia demuestra que el riesgo puede ser muy elevado. La ambición europea exige una revisión de los requisitos bancarios. Los principales bancos europeos consideran que Europa debe flexibilizar los requisitos de capital si quiere alcanzar sus objetivos de desarrollo industrial. El informe Draghi fijó las necesidades de inversión en 1. 2 mil millones. A falta de mercados de capitales tan desarrollados como los de EE. UU. , son los bancos los que pueden canalizar el ahorro hacia las empresas con mayor rapidez. Tiene sentido evitar que una regulación excesiva frene el crédito cuando más se necesita, pero las reservas de capital también protegen frente a las crisis. Los bancos también tienen un interés propio evidente en estas reformas, lo que no significa que no tengan razón. La energía de la tierra sigue siendo fundamental para el invierno. El desarrollo económico se ha basado en los últimos siglos en la extracción de recursos de la tierra para generar riqueza. Aunque el futuro parece apuntar hacia un enfoque menos intensivo en recursos (digitalización, energías renovables), el petróleo y otros combustibles fósiles siguen siendo fundamentales para gran parte de las necesidades de la humanidad, como la calefacción en invierno. Precisamente, las reservas de las que se dispone son escasas, ya que los compradores han estado ganando tiempo para no adquirir gas o crudo a los precios desorbitados provocados por diversas guerras. El lado positivo del cambio climático, si se puede decir así, es que a veces la temperatura en invierno es más alta. Pero eso no está garantizado, ni mucho menos. . La captura del día. No podemos aceptar un futuro en el que los países con recursos, como los de África, sigan proporcionando los minerales de los que dependen las industrias de próxima generación, mientras que la transformación del valor y la fabricación se realizan en otros lugares. El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa. El coche autónomo, otra inteligencia que desafía a su creador. Toda herramienta tecnológica es, en la práctica, inteligencia artificial, o inteligencia creada por el hombre, que materializa en un objeto su ingenio para resolver problemas. Es un cuchillo y es una calculadora, aunque el deseo de utilizar el lenguaje humano ha reservado la expresión «inteligencia artificial» únicamente para las máquinas que leen y escriben. Y lo mismo ocurre con el coche autónomo, que está dando sus primeros pasos por Madrid (en concreto, los de Uber). Es un desafío más para el ego de los humanos: aceptar que un programa informático pueda manejar el lenguaje con una soltura más que aceptable, o que un vehículo pueda conducir solo, siguiendo las normas establecidas, es decir, por las personas. Estas no siempre cumplen, por diversas razones, las normas que se imponen a sí mismas.
