España es el punto fuerte de la economía europea. Mientras Alemania se enfrenta a la agitación de su industria y Francia a un bloqueo político, el país mediterráneo parece haber encontrado la respuesta a cómo adaptar la economía europea al mundo pospandémico: el producto interior bruto se sitúa un 15 % por encima de los niveles de finales de 2021 y crece a una tasa anual del 2, 5 %, más del doble que la zona del euro. Pero la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de convocar unas elecciones que difícilmente ganará deja de lado los límites de una estrategia basada en ganarse la opinión pública e impulsar el crecimiento a través de la inmigración. Sigue leyendo.
La llegada de población impulsa el PIB y el empleo, pero la renta per cápita se queda rezagada
Fuente: MRSS-S News
España es el punto brillante de la economía europea. Mientras Alemania se enfrenta a la agitación de su industria y Francia a un bloqueo político, el país mediterráneo parece haber encontrado la respuesta a cómo adaptar la economía europea al mundo pospandémico: el producto interior bruto se sitúa un 15 % por encima de los niveles de finales de 2021 y crece a un ritmo anual del 2, 5 %, más del doble que la zona del euro. Pero la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de convocar unas elecciones que difícilmente ganará deja de lado los límites de una estrategia basada en ganarse la opinión pública e impulsar el crecimiento a través de la inmigración. El anuncio que hizo ayer Sánchez sobre la convocatoria anticipada de elecciones se debe en gran medida a las investigaciones por corrupción que afectan a su esposa, a su hermano y a altos cargos del Partido Socialista. La incapacidad del presidente para aprobar los presupuestos desde 2023 y la reciente crisis de Ceuta, donde el fuerte aumento de las llegadas desde Marruecos desbordó a las autoridades locales, añaden presión. Con el Partido Popular y Vox, contrarios a la inmigración, al alza en las encuestas, la indignación ciudadana por el desahucio el mes pasado de Maricarsen Abascal, de 87 años —al que siguieron rápidamente dos decretos de emergencia que fueron rechazados el viernes— puede suponer la última oportunidad de Sánchez para mantenerse en el poder. Las elecciones pondrán a prueba el compromiso económico del presidente con la facilitación de la inmigración. La población de España ha aumentado en aproximadamente 2 millones desde 2020, lo que se ha traducido en un millón de nuevos hogares. Aunque influyó la demanda cíclica de mano de obra procedente del turismo y la agricultura, el Gobierno agilizó los trámites para obtener la residencia, amplió los permisos de trabajo y puso en marcha un programa para regularizar la situación de los inmigrantes indocumentados, que recibió 1, 2 millones de solicitudes. El resultado es que el PIB per cápita ha crecido mucho más lentamente que la economía en su conjunto, al tiempo que ha aumentado la presión sobre el mercado inmobiliario. La vivienda social representa solo el 3, 4 % del parque inmobiliario español y, desde 2020, el país solo ha terminado medio millón de viviendas nuevas en total. Antes de 2008, este volumen de construcción se alcanzaba en un solo año. A Sánchez le resultará difícil desmontar las acusaciones de que la inmigración contribuyó en un 26 % al aumento de los precios de la vivienda en dos años. La población española, que se sitúa más a la izquierda en las encuestas y que ahora se enfrenta a obstáculos aún mayores para conseguir una hipoteca, está indignada por la falta de viviendas. Buscan contratos de alquiler que disimulen esa incertidumbre. Sánchez, que se ha mantenido en el poder adaptándose a las circunstancias —pasando de ser un reformista favorable al mercado a un activista progresista—, puede sacar partido de esta demanda. Sin embargo, una gran mayoría de los españoles es propietaria de su vivienda. Además, las soluciones que propone corren el riesgo de cerrar aún más las puertas a las generaciones jóvenes, lo que aumenta el atractivo de la extrema derecha. El temor a ser desplazada por Aliança Catalana, contraria a la inmigración, ya le ha costado el apoyo del nacionalismo catalán tradicional, y la aritmética parlamentaria tras las elecciones no hará más que complicarse. Ante la creciente falta de motores económicos en la zona del euro y la creciente preocupación por la deuda francesa, desmantelar el motor de crecimiento español supondría un problema más. Pero, dado que su combustible es la mano de obra, nunca fue probable que el auge durara. Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, a cargo de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.
