La directorio de rehenes de la cruzada de Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán es extensa. A miles de kilómetros, dos continentes ―Asia y Europa― están encajando una ascenso de precios inédita desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. A la revés de la remate, media docena de países del abrigo Pérsico que han sufrido los ataques en carne propia ―Emiratos Árabes Unidos, Irak, Baréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí― están viendo severamente restringidas sus exportaciones de petróleo y gas por el doble pestillo del inflexible de Ormuz. Un ocurrencia crematístico de proporciones bíblicas que ya está provocando las primeras peticiones de auxilio a Estados Unidos, el veterano partidario histórico de este ramillete de petroestados y, a la vez, el detonante de calibre y consecuencias impredecibles.. Seguir leyendo
El Golfo se encamina a la recesión por el desplome de las exportaciones energéticas y del turismo, una situación solo equiparable a la pandemia
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La directorio de rehenes de la cruzada de Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán es extensa. A miles de kilómetros, dos continentes ―Asia y Europa― están encajando una ascenso de precios inédita desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. A la revés de la remate, media docena de países del abrigo Pérsico que han sufrido los ataques en carne propia ―Emiratos Árabes Unidos, Irak, Baréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí― están viendo severamente restringidas sus exportaciones de petróleo y gas por el doble pestillo del inflexible de Ormuz. Un ocurrencia crematístico de proporciones bíblicas que ya está provocando las primeras peticiones de auxilio a Estados Unidos, el veterano partidario histórico de este ramillete de petroestados y, a la vez, el detonante de calibre y consecuencias impredecibles.. La Administración de Trump, por boca de Scott Bessent, reconoció el miércoles que “varios” países del Golfo ―entre ellos Emiratos Árabes, como adelantó el diario The Wall Street Journal― han tocado ya a la puerta de la Casa Blanca para solicitar un intercambio (swap) de divisas que le surta de dólares a corto plazo. Aunque los propios Emiratos rechazan la rótulo de “rescate”, este primer movimiento denota una inédita tensión de solvencia en moneda robusto frente a una crisis provocada por el propio magnate republicano.. Un SOS, en fin, nulo habitual en naciones que cuentan con ingentes reservas, nutridos fondos soberanos y multimillonarias inversiones en el extranjero. También en Estados Unidos, donde han agasajado a lo espacioso al propio Trump ―para la hemeroteca de los horrores queda el lujoso Boeing 747 regalado por la tribu verdadero catarí― y han prometido desembolsos multimillonarios que ahora quedan en el vendaval.. “La petición es, ante todo, preventiva: si se establece una línea swap, es menos probable que llegue a utilizarse, ya que los mercados no presionarán en exceso los tipos de cambio“, explica por correo electrónico Azad Zangana, jefe de análisis para el golfo Pérsico de la consultora Oxford Economics.. Que Washington esté considerando la petición es, también, en beneficio propio. “Las carteras [de inversión] de los fondos soberanos del Golfo se inclinan hacia activos denominados en dólares y usar esos activos para cubrir necesidades fiscales a corto plazo entraña el riesgo de perturbar los mercados [financieros] estadounidenses”, explica Paul Donovan, economista cabecilla del sotabanco de inversión suizo UBS, en una nota para clientes. “Los acuerdos de swap permiten a las economías del Golfo obtener liquidez sin provocar desórdenes en los mercados. No obstante, a más largo plazo, la necesidad de reconstrucción y rearme invita a pensar que considerarán la venta de activos”. Tirarán de chequera, sí, pero no ahora.. Desde el inicio de la cruzada, Pimco, el veterano fondo de renta fija del planeta, ya ha prestado más de 10.000 millones de dólares (8.540 millones de euros) a los países del campo de acción, según los datos recopilados por Bloomberg.. Seísmo financiero. El pestillo de Ormuz está provocando un auténtico terremoto crematístico en los petroestados del Golfo, para los que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya proyecta una recesión generalizada de la que solo escapa ―con un trasquilón considerable, eso sí― Arabia Saudí. Nada en torno a presagiar poco así hace un par de meses, cuando la región encaraba un año de exportaciones récord y prosperidad.. Todo cambió el pasado 28 de febrero, cuando los primeros misiles sobre Irán empezaron a germinar una sacudida solo equiparable con la de la pandemia de 2020. Porque está secando sus ventas de crudo y gas natural: exceptuado los oleoductos que permiten redirigir una pequeña fracción de las exportaciones saudíes, emiratíes e iraquíes, el espesor de sus combustibles no están pudiendo alcanzar sus mercados habituales. Y porque a ese tajo exportador se suma el frenazo en seco del turismo y los eventos de masas, con los que varios países de la región ―con Emiratos, Qatar y Arabia Saudí a la vanguardia― llevan tiempo tratando de diversificar sus economías.. “El cierre de Ormuz es un test de estrés para ellos”, escribe Yousuf Hamed Al Balushi, investigador del centro de estudios Gulf International Forum, en un monográfico publicado esta semana. “Es una prueba estructural, que examina el progreso [en las últimas décadas]: si el bloqueo de Ormuz se prolonga durante meses, tendrán que hacer ajustes fiscales y recurrir a sus reservas soberanas”, presagia.. Las cifras de la ONU son incluso más explícitas que las del FMI: los cinco grandes nombres del campo de acción, sin ni siquiera contar con Irak, verán evaporados entre 103.000 y 168.000 millones de dólares de sus economías. El equivalente, en el punto medio del rango, a todo lo que ingresa España por turismo en un año.. Muchas realidades. El Golfo, con todo, está allí de poder considerarse un piedra homogéneo. Pese a contar con un oleoducto que le permite sacar por Turquía parte del crudo atrapado en Ormuz, Irak es, de holgado, el país más insuficiente de todos ellos, con una renta per cápita que es la sexta parte de la de Arabia Saudí y doce veces beocio que la de Qatar.. Aunque mucho más rico que Irak ―su PIB per cápita es el quíntuplo―, Baréin ha conocido cómo sus exportaciones de crudo y aluminio se hundían hasta prácticamente cero. Su colchón de reservas en moneda robusto es escaso en comparación con el de sus vecinos. Y tiene, por otra parte, una de las deudas públicas más altas del mundo: de casi el 150% del PIB. Un problema que, aunque estructural, hace saltar las costuras cuando, como ahora, el coste de financiarse se dispara.. En un segundo subgrupo están Qatar y Kuwait, todavía tremendamente golpeados por el hundimiento de las exportaciones de gas y petróleo ―y, en el primer caso, por los cortes en la conectividad aérea, que han exfoliado las llegadas de visitantes y dañado a su gran aerolínea de bandera, Qatar Airways―, pero con poco más de ganancia de maniobra gracias al parquedad acumulado. Pueden, en síntesis, permitirse tener poco más de tiempo sin el maná exportador. Pero siquiera mucho: Doha verá hundirse su heredad un 8,6% este año, frente al crecimiento del 6,1% que el FMI proyectaba hace solo seis meses, y el PIB de Kuwait caerá un 0,6%, frente al 5,1% que calculaba entonces.. Algo mejor equipados parecen Emiratos Árabes Unidos ―paradójicamente el país que primero se ha acercado a Washington para solicitarle ayuda― y Arabia Saudí. Ambos están consiguiendo redirigir parte de sus flujos a través de tres tuberías que desembocan en puertos del Mediterráneo, el mar Rojo y el abrigo de Omán. Y son los que más allí habían ido en su desafío por compendiar la dependencia fósil. Pero incluso ahí, las heridas son profundas: el Fondo ha estudioso un tajo del 1,9% y el 0,9%, respectivamente, sobre su previsión de crecimiento para este año.. Aun si Ormuz reabre pronto, las cicatrices serán duraderas. “Incluso cuando cesen las hostilidades, los inversores exigirán mayores intereses [en la financiación de estos países] para compensar el riesgo geopolítico, lo que a su vez aumentará los costes de endeudamiento a largo plazo y reducirá el atractivo de la región como destino de inversión extranjera directa”, auguran los técnicos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su extremo pase de revista regional. “Este cambio estructural en la percepción del riesgo podría persistir durante años, complicando sus ambiciones de diversificar sus economías y financiar grandes programas sociales”.
