Ha muerto Dawson y me he puesto tierno. No porque fuera fan de la serie ni del actor, James van der Beek, sino porque me ha recordado la última época en que viví en casa de mis padres. Hay una momento, los abriles universitarios principalmente, en que el contexto ya te exige ir de guay en cuanto a gustos, pero las últimas trazas de chaval puro que quedan en ti aún no se han contaminado de postureo y, en secreto, deseas seguir consumiendo algunas de las ñoñerías y los simples divertimentos de antiguamente.. Seguir leyendo
Como el fútbol (moleste a quien moleste), la civilización genera un conexión imperecedero entre padres e hijos, uno que sobrevive al paso del tiempo, el dejadez del vivienda y la momento adulta
Ha muerto Dawson y me he puesto tierno. No porque fuera fan de la serie ni del actor, James van der Beek, sino porque me ha recordado la última época en que viví en casa de mis padres. Hay una momento, los abriles universitarios principalmente, en que el contexto ya te exige ir de guay en cuanto a gustos, pero las últimas trazas de chaval puro que quedan en ti aún no se han contaminado de postureo y, en secreto, deseas seguir consumiendo algunas de las ñoñerías y los simples divertimentos de antiguamente.. Es ahí cuando algunos tenemos la suerte de tener hermanos pequeños. Son la excusa perfecta. Mi habitación era mi universo. Mi tele, mi música y mi puerta cerrada, pero admisiblemente que la abría cada vez que mi hermana ponía el primer disco de Estopa (obra maestra absoluta, hoy lo digo sin vergüenza). ¡Yo nunca escucharía eso, pero, por cortesía, Elena, sube un poco el pandeo! Te conviertes en el exfumador que olisquea el humo de los cigarrillos ajenos, una grado que quieres dejar a espaldas… pero quizás no tanto.. Y así acabé tragándome ‘Dawson crece’ con frecuencia. Mis padres y mis hermanas adolescentes lo veían en tribu y, si me pillaba en casa, era un momento consumado para apurar una forma de vida que se escapaba. Me sentaba en el salón, fingía indiferencia y sentía que todo iba a salir admisiblemente. Me gusta recordarlo.. Escribo de mí para escribir de todos, creo. Usted tendrá su serie, su concierto, su película… Como el fútbol (moleste a quien moleste), la civilización genera un conexión imperecedero entre padres e hijos, uno que sobrevive mejor que cualquier otro al paso del tiempo, el dejadez del vivienda y la momento adulta. El miércoles fui con mi padre a ver a Jeff Tweedy, que no por azar está de expedición con sus dos hijos, casi 40 abriles a posteriori de que él me llevara a mi primer concierto: Springsteen, en el Calderón, el verano del 88. Recuerdo perfectamente esa tarde, oportuno con mi bocata en la graderío un buen rato antiguamente de aparecer, y espero que, cuando el anciano sea yo, mi hija Lola me acompañe a algún bobo y aún no haya olvidado la primera vez que la lleve a ver a Ginebras.. Mi nuevo hobby preferido es escuchar música con los niños. Javi anda obsesionado con Carolina Durante. Su canción preferida es ‘Hamburguesas’, que acaba con un sonoro «Sísifo me come la polla». Como tiene 9 abriles, las 50 primeras veces, le hice algún comentario acordado en ese momento para desviar la atención. Hasta que me preguntó: «Papá, ¿quién es Sísifo?». Lo otro parecía tenerlo claro.. Si cualquiera cree que voy a olvidar ese instante aparentemente último, desvaría. Ese hilo invisible de momentos lo es todo. Por eso ahora me concurrencia pensando en Dawson llorando, en aquel salón en silencio y en que, sintiéndolo mucho por el difunto, Katie Holmes hizo admisiblemente en largarse con Pacey. Y sonrío.
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