La brújula de los cambios geopolíticos se desplaza del sentimiento inversor al giro del inversor. La última encuesta de Bank of America a gestores de fondos europeos muestra que el optimismo que dominó a principios de año se ha evaporado debido al inicio de la guerra en Oriente Medio y al deterioro de los indicadores macroeconómicos. El mercado vuelve al pesimismo a pesar de que los inversores siguen descartando, en su mayor parte, una recesión, con un fuerte descenso de las posiciones en Europa y un creciente temor al estancamiento, así como a la temida combinación de estancamiento económico y fuertes subidas de precios. Seguir leyendo
La encuesta de Bank of America refleja un fuerte deterioro de las expectativas en el continente, con rotación hacia la Bolsa estadounidense, y creciente temor a un escenario de estancamiento
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El giro del sentimiento inversor se traslada al compás de los cambios geopolíticos. La última encuesta realizada por Bank of America entre gestores de fondos europeos muestra que el optimismo que dominaba a principios de año se ha evaporado debido al inicio de la guerra en Oriente Medio y al deterioro de los indicadores macroeconómicos. Aunque los inversores siguen descartando, en su mayoría, una recesión, el mercado está volviendo al pesimismo, con una clara retirada de posiciones en Europa y un temor creciente al estancamiento, la temida combinación de estancamiento económico y fuertes subidas de precios. Las expectativas de crecimiento en Europa se han deteriorado mucho en pocos meses. El 32% de los gestores prevé ahora una desaceleración económica a corto plazo, el nivel más alto desde octubre de 2024. El contraste es notable con el escenario que se manejaba antes del inicio del conflicto, cuando una amplia mayoría confiaba en una aceleración del crecimiento impulsada por el estímulo fiscal alemán y el aumento del gasto en defensa en el conjunto del Viejo Continente. Este empeoramiento de las perspectivas no conduce, sin embargo, a un temor generalizado a la recesión. El 61% de los encuestados sigue considerando improbable este escenario, en línea con el mes anterior, lo que revela que los inversores confían en que las ayudas fiscales actúen de colchón. Además, la percepción de la economía mundial ha mejorado ligeramente gracias a la fortaleza de Estados Unidos, donde los datos macroeconómicos siguen sorprendiendo al alza. El frente de la inflación vuelve a estar en el centro de las preocupaciones. La subida de los precios del gas y del petróleo, provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, ha elevado las expectativas inflacionistas a niveles no vistos desde hace años. Siete de cada diez gestores prevén que la inflación subyacente subirá en un año, tanto a escala mundial como nacional, mientras que la mayoría de ellos anticipa que el petróleo se mantendrá por encima de los 80 dólares por barril hasta que finalice el ejercicio. En este contexto, el escenario básico para los inversores se acerca cada vez más al estancamiento. El 52% identifica una combinación de bajo crecimiento y alta inflación como el resultado más probable, una proporción ligeramente inferior al registro del mes anterior, pero aún dominante. El escenario de tipos altos también gana terreno durante más tiempo sin deterioro de la actividad, lo que es coherente con la incertidumbre sobre la capacidad de las economías para resistir los choques energéticos. La consecuencia más visible de este cambio de percepción es la rotación de las carteras. Los gestores están reduciendo su exposición a la renta variable europea y aumentando su apuesta por la estadounidense. Un 20% neto afirma estar sobreponderado en la Bolsa estadounidense, frente a una posición infraponderada antes del inicio del conflicto, mientras que Europa ha pasado de ser una apuesta clara a estar ligeramente infraponderada. Se trata de uno de los movimientos de capital más bruscos desde que existen datos. Este trasvase de posiciones también se refleja en las expectativas de rentabilidad relativa. Más de la mitad de los inversores cree que la bolsa estadounidense superará al mercado europeo en los próximos 12 meses, una percepción que ha irrumpido desde abril. La combinación de una mayor resistencia macroeconómica y una menor exposición al choque energético sitúa a Estados Unidos como el destino preferido en un entorno de creciente incertidumbre. A pesar del deterioro del sentimiento, los gestores no han abandonado del todo el optimismo sobre el mercado bursátil. El 23% neto sigue viendo un elevado potencial a corto plazo para la renta variable europea y el 58% confía en una perspectiva de hasta 12 meses, aunque ambos registros son los más bajos en más de un año. La atención se centra ahora en los beneficios empresariales, donde las expectativas de mejora se basan más en el control de costes y el crecimiento de los ingresos que en la expansión de los márgenes. A nivel sectorial, el movimiento hacia posiciones más defensivas es evidente. Las eléctricas se consolidan como el segmento más sobreponderado, seguido de tecnología y banca, mientras que sectores cíclicos como automoción o consumo personal pierden atractivo. Este sesgo confirma que, aunque el mercado no echa de menos un escenario extremo, se prepara para un entorno más complejo, en el que el crecimiento pierde fuerza y los riesgos al alza en la inflación siguen latentes.
