Toda revolución, como todo fuego, necesita una chispa para arder. El día del desalojo de Maricarren, todos vimos esa chispa: la vieron las chicas de Inquillin Union que se interponían con sus cuerpos para impedir que la policía entrara en la casa; la vimos quienes estábamos al otro lado del cordón policial intentando decirles a los agentes que pararan y se marcharan, que no tenían por qué hacer eso. La vieron todos los que estaban en casa a través de la retransmisión en directo de las personas valientes que lo grabaron. La chispa fue el ejercicio desproporcionado de la violencia policial, judicial e institucional. El momento en el que, como sociedad, alcanzamos un nivel de deshumanización.
A diferencia del 15-M, este movimiento no ha abandonado las universidades. Es pasión, es cuidar de los demás.
Toda revolución, como todo fuego, necesita una chispa para arder. El día del desalojo de Maricarren, todos vimos esa chispa: la vieron las chicas de Inquillin Union que se interponían con sus cuerpos para impedir que la policía entrara en la casa; la vimos quienes estábamos al otro lado del cordón policial intentando decirles a los agentes que pararan y se marcharan, que no tenían por qué hacer eso. La vieron todos los que estaban en casa a través de la retransmisión en directo de las personas valientes que lo grabaron. La chispa fue el ejercicio desproporcionado de la violencia policial, judicial e institucional. El momento en el que, como sociedad, alcanzamos un nivel de deshumanización. . La chispa estaba en la radial que cortó la puerta de la casa de Maricarmen, en las risas y los golpes de los policías mientras arrastraban a las manifestantes, en la policía impidiendo entrar a la prensa, en el gas pimienta, en la imagen de Maricarmen saliendo en camilla, en las vecinas egoístas que se quejaron en los portales aledaños porque llegaban tarde a la peluquería. Y entonces ardió todo. ¿Cómo no iba a arder? Si también la chispa había estado en el escándalo de la compra del ático de Ayuso con dinero público. En el suicidio de Olga Matute, la vecina de Santa Eulalia, después de su desahucio y del consecuente abandono institucional.. Canta La Pegatina en su canción Maricarmen, aquello de «Maricarmen, Maricarmen, tu hijo está en el afterhour». Nos habían dicho que la juventud estaba individualizada. Que la juventud estaba anestesiada. Que la juventud estaba perdida. Que la juventud era de cristal. Que la juventud estaba de fiesta y que la juventud estaba de afters. Pero, Maricarmen, tus hijas no estaban en el after, estaban poniendo sus cuerpos rabiosos y libres, sus cuerpos insumisos, combativos y alegres, para proteger la vida y la dignidad humana.. Escuché el otro día a Elvira Lindo decir que ante esta tremenda deshumanización que está viviendo el mundo, tenemos que rehumanizarnos. Escuché el otro día a la cineasta Lucrecia Martel decir que teníamos que volver a militar en las calles. Y entonces ardió todo. En Sol, donde todo un campamento está ardiendo, hay una placa que recuerda al 15-M y que dice: «Dormíamos, despertamos».. A diferencia del 15-M este movimiento no ha salido de las universidades ni de los profesores universitarios. Es un movimiento pasional, que tiene que ver con cuidar animalmente de los otros. Los cuidados son imbatibles. Los cuidados son revolucionarios. Ese es el incendio.
Noticias culturales
