Si tres directivos de la AEAT (Agencia Estatal de la Administración Tributaria) —su director general y los responsables de los departamentos de Inspección y Recaudación— anuncian simultáneamente que abandonan sus cargos, los ciudadanos merecen conocer los motivos que hay detrás de su salida de la agencia, y no una historia inventada. Seguir leyendo
La salida simultánea del director general y de otros dos altos cargos no puede comunicarse mediante un simple comunicado
Fuente: MRSS-S News
Si tres directivos de la AEAT (Agencia Estatal de la Administración Tributaria): su director general y los responsables de los departamentos de Inspección y Recaudación anuncian simultáneamente que abandonan sus cargos, los ciudadanos merecen conocer los motivos que hay detrás de su salida de la agencia, no una historia inventada. El comunicado del Ministerio de Hacienda es insuficiente para explicar la triple renovación en la dirección de la Agencia Tributaria. La afirmación del director general de que «solicitó su relevo hace meses» no es una razón, sino una coincidencia circunstancial que omite los motivos de la dimisión y no menciona las causas de las otras dos bajas, lo que exige, como mínimo, una explicación institucional más exhaustiva. Por otra parte, tenemos dudas sobre la duración del relevo. La afirmación de que «se acordó posponer cualquier cambio hasta el final de la actual campaña de recaudación» no concuerda con las funciones de los tres puestos mencionados, que no participan en la gestión habitual del proceso. Dado que su adenda de 2026 se aprobó el 11 de junio y precisamente uno de sus pilares fundamentales, el de los recursos humanos, sigue pendiente, no encaja con el mensaje de que la medida de alivio «llega en un momento en el que se considera que los elementos clave del plan estratégico 2024-2027» de la AEAT están completados o en vías de completarse. En concreto, la estructura de los puestos de trabajo, la distribución y dotación de personal de las unidades administrativas, la carrera administrativa en consonancia con la reforma de la función pública, el modelo de evaluación del rendimiento y las vías de formación acordes con las competencias de cada puesto, la revisión de los procesos selectivos, el fomento del teletrabajo, la recuperación de las oficinas para reducir el ruido y la falta de concentración en los espacios abiertos, o los mecanismos de integridad institucional deben negociarse y aprobarse. Y hay disponibilidad presupuestaria si se quiere: en 2024, el coste presupuestario anual de la AEAT descendió, por primera vez, del nivel del 0, 6 % de la recaudación fiscal neta que gestiona. Como muestra de la falta de interés real por abordar las cuestiones pendientes, están los Informes de la Inspección de los Servicios sobre el plan estratégico, en cuya última edición, publicada en julio de 2025, no se analizó ninguna de las líneas estratégicas de gestión de recursos humanos. De hecho, desde Gestha advertimos de que la situación abre un escenario de incertidumbre que puede retrasar reformas esenciales para el futuro de la Agencia Tributaria, lo que puede agravar el deterioro organizativo de la institución y aumentar el desánimo de una plantilla que necesita afrontar con garantías los retos presentes y futuros de este organismo esencial para el sostenimiento del Estado del bienestar. Por lo tanto, hay que preguntarse qué causas están en juego en esta crisis.
