Le dan un Óscar honorífico a Glenn Close. Sea como sea, una de las mejores actrices de las últimas décadas no puede conseguir la estatuilla por la vía habitual. Una larga lista de nominaciones. Algunas son humillantes. Si no te importa interpretar a un hombre (Albert Nobbs), a una gata escrita por el vicepresidente más chanhán de Estados Unidos (Hillbilly: una elección rural) o a la marquesa de Merteuil follándose las jodidas amistades peligrosas, nos equivocamos. La Academia lo resuelve con un premio honorífico. Le dan a Glenn el premio de consolación, el juego del programa y un fuerte aplauso tras verla suplicar con tanta intensidad (Hillbilly: una elección rural).
Glenn Close no necesita una gala de premios para validarse. Pero su trabajo está sujeto a la crítica más subjetiva y cruel
Le dan un Óscar honorífico a Glenn Close. Sea como sea, una de las mejores actrices de las últimas décadas no puede conseguir la estatuilla por la vía habitual. Una larga lista de nominaciones. Algunas son humillantes. Si no te importa interpretar a un hombre (Albert Nobbs), a una gata escrita por el vicepresidente más chanhán de Estados Unidos (Hillbilly: una elección rural) o a la marquesa de Merteuil follándose las jodidas amistades peligrosas, nos equivocamos. La Academia lo resuelve con un premio honorífico. Le dan a Glenn el premio de consolación, el juego del programa y un fuerte aplauso tras verla suplicar con tanta intensidad (Hillbilly: una elección rural). . La Close no necesita que una gala de premios la valide. Pero su trabajo es sujeto de las críticas más subjetivas y crueles. Para comprobarlo no hay más que volver unas líneas más arriba en este mismo texto. Le dedicas meses de tu vida a un proyecto y la frase que consigues es «Glenn Close vuelve a arrastrarse por el Oscar».. Los premios son importantes. He visto a actores recogerlos sabiendo que, en ese momento, sus padres respiran tranquilos: el niño es actor, qué horror, por qué no oposita, por qué no vuelve, pero oye, ahí lo tienes, recogiendo un Goya, qué alegría más grande. Puede que esos padres no sepan quién es el director de la peli (pongamos: Carlos Vermut), pero saben qué es un Goya y quién es esa superestrella (pongamos: Belén Rueda) que se lo entrega a su niño. Sé de actores que envían a su familia pantallazos de sus cuentas bancarias (saneadas), para que éstos dejen de pensar que el niño está en la gran ciudad al borde de la indigencia. A otros se les tuercen los planes justo después de haber firmado una hipoteca. Ana Castillo reconoció dormir «más a gusto que un arbusto» con las suyas liquidadas. Puede que ese plural no despierte demasiada empatía, desde luego, pero el argumento se entiende. Hace un par de años, me despedí de una actriz tras la presentación de la serie que había rodado (y cobrado) muchos meses atrás. «Me voy a hacer los papeles del paro», me dijo.. Un Goya no te gestiona lo del SEPE, pero en tu casa (es decir: en la de tus padres) te compra, como mínimo, el respeto al inestable oficio al que elegiste dedicarte. En profesiones con trayectorias que en gran medida dependen de la suerte y las modas, los premios, aunque no vuelvan negros los números rojos, te dicen que algo de talento sí tienes. Se lo dicen a los tuyos. Glenn Close tiene talento de sobra y nadie teme por su seguridad financiera. Sin embargo, ahí la tienes, arrastrándose por el Oscar. Es posible que, por La bola negra, le llegue antes un Goya. Se lo quitará a alguna actriz a la que el premio haría que su madre, en el pueblo, durmiera tranquila, alejando las pesadillas recurrentes de que la niña es puta. Tener un hijo actor debe de ser horrible.
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