Hay una regla de oro que dice que antes de confiar en un asesino a sueldo, confíes en un muñeco de peluche. El primero, si no cobras, es inofensivo. El segundo puede romperte el corazón completamente gratis. Y si no que se lo pregunten a Oso Travieso. Grogu o, como se le conocía antes de salir del armario, Baby Yoda no es precisamente de peluche. En realidad, la apariencia del 50 y la del 900 son parecidas pero no mucho. Y sin embargo, contra todo pronóstico, su más que grave problema de logopedia (incapaz como es de decir palabra con medio siglo de vida), su piel semiescamosa y su empeño en comer todo tipo de bichos vivos no le impide ser apreciado, arrugado y querido como se le aprecia, y tira y quiere un muñeco de peluche. Y ahí, en algo tan simple como un personaje entrañable apoyado en una historia muy simple, unos muñecos más cercanos al stop-motion que al CGI y una melodía orgullosa de Ludwig Göransson, ahí, decíamos, es donde no sólo se hace fuerte El mandaloriano y Grogu, sino que adquiere la condición de insuperable.
Jon Favreu hace una película que tiene en la sencillez, la falta de pretensiones y el encanto de un muñeco de peluche su mejor y más disfrutable defensa
Hay una regla de oro que dice que antes de confiar en un asesino a sueldo, confíes en un muñeco de peluche. El primero, si no cobras, es inofensivo. El segundo puede romperte el corazón completamente gratis. Y si no que se lo pregunten a Oso Travieso. Grogu o, como se le conocía antes de salir del armario, Baby Yoda no es precisamente de peluche. En realidad, la apariencia del 50 y la del 900 son parecidas pero no mucho. Y sin embargo, contra todo pronóstico, su más que grave problema de logopedia (incapaz como es de decir palabra con medio siglo de vida), su piel semiescamosa y su empeño en comer todo tipo de bichos vivos no le impide ser apreciado, arrugado y querido como se le aprecia, y tira y quiere un muñeco de peluche. Y ahí, en algo tan simple como un personaje entrañable apoyado en una historia muy simple, unos muñecos más cercanos al stop-motion que al CGI y una melodía orgullosa de Ludwig Göransson, ahí, decíamos, es donde no sólo se hace fuerte El mandaloriano y Grogu, sino que adquiere la condición de insuperable. . Básicamente, y en un ejercicio inédito dentro de la saga Star Wars, Jon Favreau traslada a la pantalla grande lo que lleva ensayando en tres temporadas de la serie con una admirable devoción por lo idéntico. Si por algo se ha significado la historia del mandaloriano y su protegido y amigo Grogu ha sido por ese empeño casi ritual por la simplicidad unívoca, intransferible y perfecta. Y ahí se queda a vivir. Se diría que al contrario que el abigarrado y barroco galimatías de secuelas, ampliaciones, historias separadas y precuelas del mundo de Star Wars, los lacónicos paseos de esta extraña pareja se reciben casi como un bálsamo, como una eucaristía de reconocimiento donde el western y el mito sencillo del héroe protector se dan la mano. Con mucho cariño, además.. La cosa empieza (la película se ambienta en el periodo posterior a la trilogía original de Star Wars) con el cazarrecompensas Mando entregado a eliminar los restos de las fuerzas del Imperio que aún se encuentran dispersos por la galaxia. Vive de eso. Ya la primera secuencia contra los AT-AT (esa especie de elefantes de Atila acorazados) se encarga de cumplir las expectativas. Estamos en casa. Lo que sigue es una especie de misión más propia de una película de Bond, per extremadamente fácil de seguir: rescatar a Rotta el Hutt (hijo del difunto mafioso Jabba el Hutt) de las garras de un mafioso terrible y entregárselo a sus abominables parientes conocidos como los Gemelos aún más mafiosos que el anterior. Todo para lograr una información muy valiosa y necesaria para la Nueva República. De por medio, un mono-cocinero que habla como Martin Scorsese (lástima de versión doblada), una Sigourney Weaver que da órdenes como se espera que una leyenda las dé y mil peligros con una serpiente dragón a la cabeza.. Lo que sigue es el regreso de Mando en su más elemental apostura. Es un tipo duro, pero no hace poesía cansina de su desgracia; es implacable, pero atento a cada gruñido de su compañero que también es su hijo adoptivo; es un explorador, pero consciente de que el mayor descubrimiento no está al otro lado de la galaxia sino a su lado; es egoísta, pero sólo en la medida que entiende el significado de la palabra sacrificio… Ni siquiera está del todo claro cuál sea su sexo siempre oculto. Y no lejos, Grogu, nada más.. Sin sorpresas, siempre fiel a sí mismo, The Mandalorian and Grogu alcanza a recuperar no solo el motivo de por qué nos gustó tanto este universo antiguo perdido en un futuro sin tiempo, sino que devuelve al cine la virtud de lo idéntico, lo común, lo compartido. Tan sencillo.. –. Director: Jon Favreau. Intérpretes: Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Jonny Coyne. Duración: 132 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
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