La visita del presidente chino, Xi Jinping, a la Casa Blanca, prevista para finales de septiembre tras la invitación de Donald Trump, marca un nuevo hito en la rivalidad que mantienen ambas potencias para redefinir el equilibrio de poder. Si el petróleo y el conflicto de Ormuz marcaron la visita de Trump a China, todo indica que será el contexto de poder asociado a la inteligencia artificial el que marque este nuevo encuentro, en un momento en el que la IA comienza a dar grandes pasos en cuanto a influencia económica y geopolítica. Seguir leyendo
Como nuevo foco de conflicto entre Washington y Pekín, el control tecnológico se ha consolidado.
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La visita del presidente chino Xi Jinping a la Casa Blanca, prevista para finales de septiembre tras la invitación de Donald Trump, marca un nuevo hito en la rivalidad que mantienen ambas potencias para reajustar el equilibrio de poder. Si el petróleo y el conflicto del estrecho de Ormuz marcaron la visita de Trump a China, todo apunta a que será el contexto de poder asociado a la inteligencia artificial el que marque esta nueva cita, en un momento en que la IA comienza a dar grandes pasos en su influencia económica y geopolítica. La resistencia de China al impacto del embargo petrolero en el estrecho de Ormuz ha llevado a una reducción de la presión de Washington sobre el conflicto, aunque Estados Unidos aún no ha conseguido rápidamente una posición dominante de influencia en la región. El reciente acuerdo de defensa, conocido como el «Pacto de La Meca», firmado entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán para reforzar la cooperación militar, pone de manifiesto la ambición de algunos actores locales de desplegar una mayor autonomía estratégica, ya que no conciben el actual orden de seguridad en Oriente Medio únicamente a través de su alianza con Estados Unidos. El petróleo está perdiendo protagonismo en la estrategia de contención de China, aunque el impacto de la guerra seguirá extendiéndose más allá de 2026, según la Administración de Información Energética (EIA). La recuperación del tránsito de más de 21 millones de barriles al día a través de Ormuz, frente a los casi cinco millones de barriles que atravesaron el bloqueo durante el segundo trimestre del año, marcará el mercado energético mundial hasta finales de 2027. Aunque China sigue importando petróleo ruso a pesar de que ha caducado la exención concedida por Estados Unidos en marzo y abril, el impacto del petróleo será global, según Reuters. Medidas que permiten aliviar la presión económica en un momento en que los avances del gigante asiático en su proceso de transición energética ya han logrado reducir el consumo de petróleo en casi un millón de barriles al día. Así, el petróleo y Ormuz siguen figurando en la agenda estratégica de Washington y Pekín y contribuyen a un equilibrio de poder en el que los chips, los minerales raros y la inteligencia artificial son los verdaderos componentes de un tablero geopolítico que cambia constantemente. Sin embargo, es la IA y su potencial económico y geopolítico lo que está definiendo las fortalezas y capacidades en torno a las cuales evolucionará la rivalidad entre Estados Unidos y China en la próxima década. China ha estado acelerando el control tecnológico mediante el establecimiento de un marco de soberanía sobre la IA. El bloqueo de la adquisición de Manus por parte de Meta por más de 1, 724 millones de euros el pasado mes de abril sirvió para limitar las ambiciones de las startups chinas de conseguir inversión internacional, pero también pretendía evitar que los modelos de IA estadounidenses se beneficiaran de los avances logrados por las startups chinas. En virtud de la nueva directiva, el origen tecnológico y el talento nacional se convierten en activos estratégicos, razón por la cual Manus anunció recientemente que reanudaba sus operaciones como empresa independiente. El refuerzo de esta soberanía sobre la IA se convierte en un elemento clave en la rivalidad con Estados Unidos, y el dominio de toda la cadena de suministro de la infraestructura de IA, incluidas las máquinas litográficas, se convierte en una prioridad de seguridad nacional. Se intensifican las consultas estratégicas entre los dirigentes del Gobierno chino, con científicos y expertos en IA como invitados clave. La novedad de su participación en la agenda del tradicional retiro anual de verano de los líderes chinos pone de relieve el objetivo del Gobierno de identificar las prioridades para alcanzar la autosuficiencia tecnológica de aquí a 2030, dentro de tan solo cuatro años. En la próxima cumbre entre Trump y Xi, la gobernanza de la inteligencia artificial y el poder que ambas potencias están desarrollando, tanto en infraestructura como en modelos de IA, no serán un punto específico de la reunión, sino más bien el telón de fondo sobre el que se está construyendo la rivalidad entre Washington y Pekín. La negociación seguirá, por tanto, la dinámica de encuentros anteriores, en los que la agenda vendrá marcada por las medidas que ambas partes han estado adoptando en los últimos meses. En este momento, China ha seguido manteniendo su apuesta por utilizar las tierras raras como herramienta estratégica, restringiendo su exportación a dos importantes empresas estadounidenses. Estados Unidos, por su parte, ha tratado de debilitar el valor estratégico que Pekín ha otorgado recientemente a la cadena de suministro mediante la imposición de sanciones a varias empresas chinas por acusaciones de trabajo forzoso. A esta estrategia se ha sumado también la restricción a la importación de robots humanoides chinos, cuya producción está en pleno auge, no solo por motivos de seguridad industrial, sino porque los robots impulsados por IA plantean vulnerabilidades en el ecosistema de la inteligencia artificial. En esta próxima cumbre, el presidente Trump actuará como anfitrión, y todo apunta a que el objetivo sea mantener la tregua que dio lugar a la reunión de Pekín. Una paz en las relaciones que beneficie a las partes y a la comunidad internacional, pero que no disminuya la intensidad de la carrera que ambas potencias mantienen para afirmar su dominio global sobre la inteligencia artificial. Águeda Parra Pérez es analista del entorno geopolítico y tecnológico de China
