Como no soy fan de la dinastía Scream, lo pasé pipa viendo Scream 7 en un pase para fans. Lo pasé admisiblemente con la séptima película de la careta asesina precisamente por no detectar en ella qué es un choteo, qué una relato y qué va en serio (respuesta a esto posterior: casi falta). Me da envidia que los fans sí estén en el ajo: ellos están viendo una película menos película pero más divertida. Si sabes lo que va a producirse, cuando pasa es mejor. Un momento… ¿si sabes lo que va a producirse, cuando pasa es mejor?. Seguir leyendo
Una ropa de premios es larga porque se dan muchos premios en ella, se hace larga porque es larga y, luego de 40 primaveras, los que la hacen saben lo que funciona, lo que no funciona y lo que no funciona pero tiene que emitirse
Como no soy fan de la dinastía Scream, lo pasé pipa viendo Scream 7 en un pase para fans. Lo pasé admisiblemente con la séptima película de la careta asesina precisamente por no detectar en ella qué es un choteo, qué una relato y qué va en serio (respuesta a esto posterior: casi falta). Me da envidia que los fans sí estén en el ajo: ellos están viendo una película menos película pero más divertida. Si sabes lo que va a producirse, cuando pasa es mejor. Un momento… ¿si sabes lo que va a producirse, cuando pasa es mejor?. No he gastado las siete películas de Scream pero, de las 40 perendengues de los Goya que ha habido, igual he gastado 30. Casi todas por la tele. Desde que soy parte de la industria audiovisual (parte pequeña, parte plebeya, parte que está ahora tecleando con el portátil sobre las rodillas, partecilla) me planto en presencia de la ropa con menos exigencias. Vamos a ver: una ropa de premios es larga porque se dan muchos premios en ella, se hace larga porque es larga y, luego de 40 primaveras, los que la hacen saben lo que funciona, lo que no funciona y lo que no funciona pero tiene que emitirse porque a ver quién le dice a los directores de cortometrajes que su premio no va a salir por la tele. No seré yo esa persona, tengo demasiado aprecio a mi vida y corro mal.. La ropa de los Goya de 2026 nació lastrada por cierta desliz de emoción y capacidad de sorpresa: Los domingos y Sirät llevan toda la temporada repartiéndose los múltiples premios cinematográficos que se entregan en España. En armónica sintonía, las películas de Alauda Ruizde Azúa y Oliver Laxe han asumido su condición de ganadoras y amigas: para ella los premios de mejor dirección y mejor película, para él las categorías técnicas. Así que, como sabíamos lo que iba a producirse, cuando pasó fue suficiente anticlimático. Me encanta que Alauda Ruiz de Azúa no traicione su esencia de mujer sobria y rigurosa (esa chaqueta negra, esa camisa blanca), pero reconozco que la sexy chifladura de Oliver Laxe (ese pelazo) me entretiene más, sobre todo un sábado por la tinieblas. Las películas de entreambos son espléndidas, por cierto. A veces estas cosas se nos olvidan.. Luis Tosar y Rigoberta Bandini, presentadores de la ropa, eran un enigma. Televisivamente eso es bueno. Y arriesgado. ¿Y si no funcionan? Cualquier ropa con cuatro décadas de itinerario tiene historial de sobra de éxitos y fracasos. Los segundos, en nuestra civilización del meme y el escarnio, están mucho más presentes: el rap de Resines, el bajonazo de Antonia San Juan, la ropa del «no a la guerra» (sí, amigos, aquellos fue tan bienintencionado como incorrecto) o aquello con Broncano y Berto colgados, lo representativo que en el raya de la ropa parece divertidísimo y luego resulta no serlo. Esas cosas pasan.. Pasó ayer que Tosar y Bandini inauguraron sus Goyas con cierta prótesis, en un número musical con cameos de superestrellas tan discretos que lucieron suficiente poco. «Hoy puede ser un gran día», cantaron, porque unos Goya en Barcelona sin Serrat serían directamente groseros. Y entonces empezó a cumplirse el raya no escrito, con los primeros premios para Los domingos (Nagore Aranburu, mejor actriz de reparto) y Sirät (mejor música y mejor montaje). Igualmente predecibles fueron el Goya de largometraje documental para Albert Serra, las lentes de sol de Albert Serra y el discurso autocelebratorio y poco pastoso de Albert Serra.. Tardes de soledad es un peliculón a primaveras luz del resto de nominadas de su categoría. Ya podría tener dicho poco así su autor. Álvaro Cervantes fue mucho más útil (y humilde) al reunir su premio por Sorda y en poco tiempo ensalzó a su compañera de reparto Miriam Garlo y le explicó a muchos españoles el significado de una palabra importante: capacitismo.. [Garlo se hizo con su propio premio, actriz revelación, un par de horas después, la platea hizo el aplauso signado y el capacitismo del mundo se resintió un poquito más]. Susan Sarandon, Goya Internacional de Honor, fue política y emotiva al tiempo (poco que es francamente difícil de conquistar) y otra autocelebración, la de los propios premios en su 40 aniversario, la abrió quien más puede celebrar los primaveras y la supervivencia en nuestro país: Bibiana Fernández. Poco luego, la que no sobrevivía era Rigoberta durante un paseíllo por la platea con Luis: tras un chiste (¿chiste?) ella desapareció por el banda derecho de la pantalla, siguió él y ya está. Esas cosas pasan. También pasa que cierto gane el Goya de mejor canción por la primera canción que hace. Pero es que ese cierto era Alba Flores, así que todo admisiblemente. No hay canciones originales ni en Sirät ni en Los domingos, por cierto. Lo que sí hay en Sirat es un trío de mujeres responsable del sonido de la película. Se llevaron su Goya.Y quizá, en dos semanas, un Oscar.. Sorpresa: los números musicales de la ropa casi nos hacen olvidar que eran, ejem, demasiados. No sorpresa: los montajes en vídeo son magníficos, todos. Perdón: por tener sido antiguamente demasiado sarcástico con los directores de cortos. Es emocionante verlos reunir un premio que, con poco de suerte, impulsará su carrera.. Al filo de la medianoche, la ropa volvió a los largos. Y al plan: Eva Libertad fue reconocida como mejor directora novel por Sorda. Qué sorpresa (no). Qué peliculón (sí).. Justo luego Rigoberta cambió a Luis por Enric Auquer y, en tono «podcast de amigas», llegó hasta Oliver Laxe y su pelo. El momento fue una transición vacía hasta que Rigoberta se arrancó a cantar y ahí la Paula Ribó insegura mutó en la destino de la música que nadie cuestiona. Su traducción de El bienquerencia en la ropa pasada le garantizaba un puesto en ésta. El de presentadora puede que le viniera excelso; el de cantante no. Tras ella, una rumba con Bad Gyal, poco que no sabíamos que necesitábamos y resulta que sí. Neo-divas catalanas así, sí.. [Recordatorio: son las 00:13 de la noche y el paseo triunfal de Los domingos todavía no ha comenzado. A estas alturas, en Scream 7 ya no queda casi nadie vivo]. [Recordatorio: son las 00:34 de la noche y el paseo triunfal de Los domingos todavía no ha comenzado. A estas alturas, Scream 7 ya ha terminado hace rato]. El in memoriam hizo coincidir en la pantalla a Eusebio Poncela y Encarnita Polo. A Encarnita igual le habría parecido mal, pero Eusebio seguro que lo aplaudió desde el más allá. Yo, desde luego, lo hice, mientras fantaseaba con una película protagonizada por entreambos. También fantaseé con que Belén Cuesta, en el vídeo en el que recordaba su Goya, homenajease a la Magüi de Paquita Salas. «Yo estaba magnética», ya saben.. Y entonces llegó lo tocino. Y lo previsible.. Mejor guion diferente: Alauda. Mejor actor: José Ramon Soroiz. Mejor actriz: Patricia López Arnaiz. Mejor dirección: Alauda. Mejor película: Los domingos.. Y mejor destino de la tinieblas: Victoria Abril entregando el Goya de mejor actriz con luz de superestrella. Eusebio Poncela todavía habría aplaudido. Porque él era de copular tarde. Y es tardísimo. No para un chaval fiestero, pero sí para cierto que recuerda las primeras ediciones de los premios Goya. Cuando escribo este posterior párrafo, ya es domingo. Eduard Sola, antiguamente de entregarle uno de sus premios a Alauda, ya hizo ese chiste (¿chiste?). Todo está inventado en la ropa de los Goya. Los experimentos de este año han sido pocos, leves e inocuos. No se recordarán los Goya de 2026 por falta especialmente irreflexivo. Eso es bueno, ¿no? La tele en la que yo creo es desvergonzada, caótica, escandalosa incluso.. También creo que eso es preciso lo que uno no puede hacer cuando está al mando de la ropa de los Goya. «Considero que somos amigos para siempre», le dijo Luis Tosar a Rigoberta Bandini para despedir la ropa. Y empezó a sonar el Amigos para siempre de Los manolos. También me acuerdo de cuando aquella canción estaba de moda. Los Goya eran entonces menores de permanencia. Hoy son cuarentones. Y, quizá por eso, previsibles.
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