Cuando el 5 de septiembre, a las 6:00, comience el pase de la sexta-séptima corrida goyesca en la Plaza de Toros de Ronda, la expectación por ver a los toreros (sobre todo, ¿por qué negarlo? , a Morante de la Puebla) y el deseo de ser vistos por los numerosos asistentes ocultarán durante unas horas el milagro de una historia de excelencia.
Cuando en 1954 el Niño de la Palma y su hijo Antonio Ordóñez promovieron la primera corrida goyesca de Ronda con motivo del bicentenario de Pedro Romero, sentaron las bases de una fiesta taurina única; la plaza reabre este sábado tras dos años cerrada
Cuando el 5 de septiembre, a las 6:00, comience el pase de la sexta-séptima corrida goyesca en la Plaza de Toros de Ronda, la expectación por ver a los toreros (sobre todo, ¿por qué negarlo? , a Morante de la Puebla) y el deseo de ser vistos por los numerosos asistentes ocultarán durante unas horas el milagro de una historia de excelencia. . Corría el año 1754, más de dos siglos después de que Felipe II fundase la Real Maestranza de Caballería de Ronda, cuando en la ciudad serrana coinciden dos hechos que marcarán para siempre su historia: a comienzos de ese año, la Real Maestranza solicita autorización para construir una plaza de toros; el 19 de noviembre, nace el torero Pedro Romero.. Faltaban más de treinta años para que en París el pueblo tomara la Bastilla y se aprobaran los Derechos del Hombre y del Ciudadano o para que en Filadelfia se acabara de redactar la Constitución americana y en Ronda ya se estaba codificando la arquitectura democrática de las plazas de toros y se estaba acunando al primer torero que sentenció que el toreo no se hace con las piernas, sino con las manos. Ese torero, que mató más de 5.600 toros y que nunca tuvo una cornada, inauguró la Plaza de Ronda en 1785, el año en que Mozart estaba empezando trabajar en Las bodas de Fígaro; apenas cuatro años antes Kant había publicado su Crítica de la razón pura.. Las maestranzas se crean a finales del siglo XVI por impulso de la Corona para mantener una nobleza adiestrada en el manejo de las armas y de los caballos.. Pedro Romero, de quien se comenta que se negó a torear para los franceses cuando estos invadieron nuestro país (cosas que sucedían en otros tiempos…), dirigió además la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, creada por Real Decreto de 1830 y que constituye la primera institución oficial para formar profesionales taurinos, reconociéndose de este modo la existencia de una técnica y un arte susceptibles de ser ordenados y transmitidos a quienes quisieran ejercer el oficio. No por casualidad allí enseñaría, entre otros, a Cúchares, quizá el primer torero que utilizó la muleta de forma artística y de cuya maestría resulta que el toreo se conozca como el arte de Cúchares y a Paquiro, quien redactó la Tauromaquia completa, que si bien no constituye el primer tratado del toreo (ese honor le corresponde al de Pepe-Hillo, publicado cuarenta años antes), es el que fija la estructura de las faenas en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y establece la reglamentación de las corridas de toros modernas tal y como hoy las conocemos.. No resulta extraño que una Real Maestranza ordenara construir una plaza de toros. Aunque sí es menos convencional que el mismo año en que se inauguró la Plaza de Ronda Carlos III prohibiera las corridas de toros de muerte en todo el reino. Con muy pocas excepciones. Entre ellas, la posibilidad de que se siguieran celebrando en las plazas propiedad de las reales maestranzas debido a la propia naturaleza de estas instituciones y al destino benéfico que se daba a los ingresos que se obtenían por la celebración de los festejos taurinos.. Las maestranzas se crean a finales del siglo XVI por impulso de la Corona para mantener una nobleza adiestrada en el manejo de las armas y de los caballos. Finalizada la Reconquista, se hacía preciso para los reyes mantener caballeros entrenados para la guerra. Y con estas instituciones podía hacerse sin coste para los monarcas. El entrenamiento preciso para estos caballeros incluía justas y torneos, pero también el alanceamiento de toros. Es así como las maestranzas quedan vinculadas desde su fundación a la tauromaquia, que evoluciona desde ese toreo a caballo de los nobles a una tauromaquia a pie en la que toreros de las clases populares como Pedro Romero pueden convertirse en figuras. A la vez, las maestranzas evolucionan desde su vocación inicial de adiestrar en el manejo de los caballos y las armas a propósitos anclados en la realidad del siglo XXI que, partiendo de su fidelidad y servicio a la monarquía, preservan un legado histórico y ejercen una dinamización y mecenazgo cultural y social muy relevantes en los lugares en los que radican.. En Ronda, por ejemplo, la maestranza, fiel a su origen, mantiene en la actualidad una extraordinaria escuela de equitación que proporciona desde el aprendizaje básico para niños hasta la preparación profesional de alto nivel en Doma Clásica. Pero también conserva un archivo-biblioteca excepcional, con abundantes fondos en materia nobiliaria, heráldica, genealogía, de equitación y tauromaquia, organiza encuentros de música y filosofía o la Semana de la Música de Ronda, realiza numerosas publicaciones… El equilibrio entre los propósitos fundacionales y el modo en que pueden hacerse significativos en nuestros días sólo es posible desde el trabajo constante de quienes dirigen sus pasos, y su convencimiento profundo de que solo son usufructuarios de un legado que recibieron para mantener, engrandecer y transmitirlo a quienes les sucedan. No debe ser fácil mantener esa visión a tan largo plazo en una sociedad cada vez más propensa a recompensas y reconocimiento en lo inmediato.. Cuando en 1954 el Niño de la Palma y su hijo Antonio Ordóñez, ambos rondeños, promueven la primera corrida goyesca de Ronda para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Pedro Romero, sientan las bases de un festejo taurino único que mantiene viva la estrecha unión de Ronda con la tauromaquia y que atrae cada comienzo de septiembre a un público muy especial a esa Plaza de Toros que ahora se reinaugura después de dos años de obras exigidas para la consolidación estructural de un monumento único. La constancia y la lucidez que tuvo desde entonces Antonio Ordóñez para hacer de esta corrida cada año un festejo excepcional en lo taurino y para convertirla en un punto de encuentro de personalidades de todo tipo han hecho de ella un acontecimiento realmente singular.. La mención a Goya tampoco es casual, ya que Don Francisco, el de los toros, hizo un magnífico retrato de Pedro Romero, de quien era partidario en la rivalidad de este torero con Costillares, primero, y más tarde con Pepe-Hillo, discípulo de éste y ambos sevillanos. Hoy, para ver el cuadro de Goya hay que viajar a Estados Unidos, pero la rivalidad entre el toreo sevillano y el rondeño sigue viva en las tertulias taurinas de nuestro país.. Dicen que el toreo rondeño se caracteriza por la sobriedad, el valor y la importancia que siempre tuvo la correcta ejecución de la estocada y que en el toreo sevillano prima el lucimiento artístico, la gracia, el toreo de capote y de muleta por encima de la suerte suprema. Incluso en nuestros días, cuando la evolución del toreo hace difícil apreciar lo que en otro tiempo supuso esta diferencia, no faltan partidarios de uno u otro modo de entender la lidia.. Volver a Ronda en la Goyesca en estos tiempos en los que la información diaria nos propone una sucesión constante de perplejidades es sentirse parte de una tradición que nos vincula con lo mejor de nuestra historia. Que nos permite disfrutar la fiesta y celebrar la vida a la vez que nos recuerda la importancia de caminar con valores firmes y propósitos que nos trasciendan. Como los de quienes construyeron esta plaza y quienes a lo largo de dos siglos y medio la han cuidado, puesto en valor y legado a la siguiente generación con el convencimiento de formar parte de un hilo invisible de excelencia.
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