El cielo de Bilbao estaba descargado por una enorme tormenta cuando una riada de treintañeros y cuarentones esperaba a las puertas del Bilbao Exhibition Center el regreso de Amaia Montero a la que fue su banda, la Oreja de Van Gogh. Después de 19 años, volvía y no sería la lluvia la que acabaría empapando a esos 15. 000 fieles que la esperaban. La nostalgia, más pegajosa que el agua, se encabritó. Y les fue dado como el maná que los saciaba. Daban vueltas sobre ella, cantaban y volvían a botar.
La donostiarra volvió a un escenario ocho años después, se reunió con su banda por primera vez en directo desde 2007 y resistió pese a un par de momentos desafinados
El cielo de Bilbao estaba descargado por una enorme tormenta cuando una riada de treintañeros y cuarentones esperaba a las puertas del Bilbao Exhibition Center el regreso de Amaia Montero a la que fue su banda, la Oreja de Van Gogh. Después de 19 años, volvía y no sería la lluvia la que acabaría empapando a esos 15. 000 fieles que la esperaban. La nostalgia, más pegajosa que el agua, se encabritó. Y les fue dado como el maná que los saciaba. Daban vueltas sobre ella, cantaban y volvían a botar. . Los infinitos rumores que, desde el verano de 2024, cuando la donostiarra apareció en un concierto de Karol G en el Santiago Bernabéu para cantar Rosas a dúo, se venían sucediendo sobre un regreso se confirmaron el pasado octubre. Pero no se materializaron hasta este sábado. Cuando Amaia Montero apareció enfadada en un maillot rosa volvió realmente a La Oreja de Van Gogh ante el delirio de un público que quería el pop ligero con el que atronaron en las radios durante el boom económico de los primeros 2000.. Habían pasado ocho años desde la última vez que Amaia Montero pisó un escenario en nuestro país en un espectáculo propio. Fue en Barcelona en septiembre de 2018. Pero hay que irse al 29 de junio de 2007 en Tenerife para encontrar la última vez que lo había hecho con la banda con la que creció y triunfó. Esas dos décadas son queroseno rociado sin control frente a la cerilla de la nostalgia para la gira Tantas cosas que contar. Subida a ella, La Oreja de Van Gogh ha despachado más de 400.000 entradas para las 35 fechas que conforman el regreso de su vocalista inicial.. Fans de La Oreja de Van Gogh en la nueva gira ‘Tantas cosas que contar’David de Haro / Araba Press. Porque de eso, de nostalgia, iba este primer concierto en el BEC, que este domingo se enfrenta al segundo. Y de eso van a ir los próximos 34. Quien esté sumido en ella se rebozará en el pop ligero de la banda. Quien no, mejor que busque otra cosa. Porque el show navega sobre todo por los dos discos más reconocidos de La Oreja: El viaje de Copperpot y Lo que te conté mientras te hacías la dormida. Tres cuartas partes del concierto se zambullen hasta el fondo de esos dos proyectos, acompañados por alguna pincelada de Dile al sol -el álbum debut- y Guapa -el disco de cierre de Amaia Montero como vocalista-.. Fue aparecer ella del subsuelo sobre uno de los cinco púlpitos blancos que conformaban el escenario y el rugido hizo temblar el suelo de las gradas instaladas en el recinto ferial. Fue arrancar, en el mismo tono en el que la dejó, 20 de enero y ese rugido hizo que por momentos su voz ni se pudiera oír. Volvió a pasar lo mismo con Deseos de cosas imposibles. Y, al sonar El último vals, hubo un primer silencio que acabó por ahogarse en el griterío durante el estribillo. Amaia Montero estaba cantando su primera canción de la etapa de Leire Martínez como vocalista después de su traumática salida y algo llevó a ese silencio.. «He estado en el infierno, literalmente. Hubo momentos en que pensé que nunca me volvería a subir a un escenario», reconoció la cantante al dirigirse al público, en el inicio, antes de agregar que «con sus cicatrices» tenía «más ganas de cantar que nunca». «Estoy aquí porque la vida tiene una forma muy extraña de sorprendernos». Y como ella lo pensaba el público, entregado al regreso de la formación original de La Oreja de Van Gogh -a excepción de Pablo Benegas, que dejó la banda con la vuelta de Amaia-.. La donostiarra desplegó un derroche vocal, con su característico timbre gutural, que en algún momento se tambaleó. Su voz sonaba a la de siempre, pero en temas como La niña que llora en tus fiestas, de la etapa de Leire Martínez, se fue en un gallo en el primer estribillo -que intentó arreglar con un dubitativo Nothing Compares 2 U de Sinéad O’Connor-. La gran duda de este regreso estaba disuelta, la voz de Amaia Montero resistía, no había desaparecido y aún podía mantenerla en dos horas de espectáculo casi en su totalidad. Para ello estaban pensados tramos menos exigentes en lo vocal, que se iban intercalando en el desarrollo del show.. La cantante española Amaia Montero en la nueva gira ‘Tantas cosas que contar’ de La Oreja de Van GoghDavid de Haro / Araba Press. «Estoy viendo a chicas y chicos que conocía del colegio, que han ido a la universidad y ahora trabajan. Pero seguimos aquí y eso me está emocionando», aseguró la cantante antes de que Vestido azul marcara el primer corte del concierto. El regreso lo marcó un dúo al piano de Amaia Montero y Xavier San Martín con Tan guapa, el bonus track del disco El planeta imaginario que siempre se rumoreó que se había compuesto para la vocalista fundadora de la banda. Si había dudas, resueltas quedan.. Fue ahí cuando se disparó la ola nostálgica en su plenitud. La Oreja de Van Gogh despachó en un mismo bloque París, Cuéntame al oído, Pop -versión discotequera, algo ahogada de la vocalista y con algún fallo técnico- y La playa -con un poderoso estribillo final de Amaia Montero-. Elevada en un púlpito sobre la banda, y por completo desafinada, cantó Todos estamos bailando la misma canción, su único single desde el regreso. «Es mi primera vez en las alturas y ha quedado un poco rara. Me han dicho que increíble, pero yo sé que no. Es la primera vez que me suben y lo hago fatal, soy consciente», se disculpó la donostiarra.. Para remediarlo volvió Amaia Montero a sus orígenes. El 28, uno de los primeros hits de La Oreja, marcó el inicio de un final sumido en la más pegajosa nostalgia dosmilera. Apunten: Soledad, La niña que llora en tu fiesta -la segunda de la etapa de Leire Martínez que se diluyó con el gallo-, Rosas, Perdida -de rojiblanco tras un parón demasiado largo que el público amenizó haciendo la ola como si de San Mamés se tratase-, Cuídate, Muñeca de trapo y Puedes contar conmigo. Nostalgia, nostalgia y más nostalgia. Y todos a retozar, claro.
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