Juan Antonio Alcoba «Macareno» (Sevilla, 1948) impartió clases de «torería» durante tres décadas en la Escuela de Tauromacia de Madrid, que este año cumple 50 años. ¿Y qué es la tauromachía? «Ríndete, torero». Exactamente lo que se ve en una de las últimas escenas de la película Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995), protagonizada por Macarene, Antoñete, Curro Vázquez, Michelín y el propio Pacorro. Pero antes de este cameo, Macarene ya conocía a fondo el mundo de la tauromaquia. El ambiente que generaba su refinado estilo sevillano le valió salir por la Puerta Grande de Las Ventes en dos ocasiones y le convirtió en el primer torero en encerrarse con seis toros en esta plaza (1968) —gesto que no terminó cuando fue herido por el último—.
Su corte sevillana se hizo con Las Ventes en dos ocasiones. Fue el primer torero en proclamarse como el único de espada. Los cornados dinamizaron su carrera. Posteriormente, impartió clases de «torería» durante 30 años en la Escuela de Tauromacia de Madrid
Juan Antonio Alcoba «Macareno» (Sevilla, 1948) impartió clases de «torería» durante tres décadas en la Escuela de Tauromacia de Madrid, que este año cumple 50 años. ¿Y qué es la tauromachía? «Ríndete, torero». Exactamente lo que se ve en una de las últimas escenas de la película Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995), protagonizada por Macarene, Antoñete, Curro Vázquez, Michelín y el propio Pacorro. Pero antes de este cameo, Macarene ya conocía a fondo el mundo de la tauromaquia. El ambiente que generaba su refinado estilo sevillano le valió salir por la Puerta Grande de Las Ventes en dos ocasiones y le convirtió en el primer torero en encerrarse con seis toros en esta plaza (1968) —gesto que no terminó cuando fue herido por el último—. . Madrid saldó la deuda en su confirmación de alternativa en 1969, cuando salió a hombros sin cortar orejas. Los múltiples percances zancadillearon su carrera, definitivamente rota el Domingo de Resurrección de 1981: la cornada de un toro de El Chaparral afectó el nervio ciático y su vida pasó al ejercicio espiritual de enseñar «torería» a la cantera.. PREGUNTA. Usted fue un torero de los que se dice de fino estilo sevillano con un cartel extraordinario en Madrid.. RESPUESTA. Tuve la suerte de cara. Obtuve un triunfo tremendo en mis primeras novilladas y eso me dio bastante cartel de cara al público. Recuerdo una crónica concretamente de tu padre. Me hizo una crónica estupenda que me dio una gran moral e impactó. En titulares, con letras muy grandes, puso tu padre: «Macareno es diferente». Me infundió un aliento bárbaro.. P. Fue el primer novillero que se encerró con seis novillos en Las Ventas.. R. Sí, he sido el primero. Había triunfado en dos novilladas y entonces me propusieron torear en Madrid un mano a mano con Beca Belmonte, que también había estado bien una tarde. Y yo le dije a mi apoderado: «Oye, ¿y por qué no mato yo los seis novillos?». Le pareció muy bien, habló con la empresa y efectivamente me encerré sin saber que era el primero. Pero, bueno, tuve esa intuición.. P. Y el último de la tarde le pegó una cornada y no pudo matarlo.. R. Además fue fuerte. No era mi día.. P. Los percances penalizaron mucho su carrera.. R. Me han dado duro, sí. Cuando me cogían, me hacían cosas de mala suerte. Y mira que yo estaba muy preparado física y mentalmente, pero me herían o me partían un hueso. Que era peor.. P. Su alternativa y su confirmación fueron de máxima categoría.. R. La alternativa fue en Valencia [17 de marzo de 1969] con una corrida de Álvaro Domecq, Diego Puerta y Paco Camino. Un cartel soñado.. P. Y luego la confirmación en Madrid [16 de mayo de 1969] con Camino, El Viti y toros de Baltasar Ibán.. R. Exacto. Camino de padrino, El Viti de testigo y la corrida de Baltasar Ibán. Ese día lo pinché, estuve muy bien, me arrimé mucho y bueno… me sacaron a hombros por la Puerta Grande acompañando a El Viti y a Camino. Salí a hombros. De los pocos toreros que han salido a hombros por la Puerta Grande en Madrid sin cortar orejas. Pues yo he sido uno de ellos.. P. Qué maravilla. Esas cosas de pasión a veces se echan de menos en Madrid ahora que todo es tan reglamentario. Tuvo que ser algo extraordinario.. R. Fue increíble. Luego, me enteré también de que habían salido varios toreros así, entre ellos Pepe Dominguín, que cuajó un tercio de banderillas colosal. Después con la espada estuvo mal, pero lo sacaron por la Puerta Grande.. P. Salió a hombros con su hermano Luis Miguel.. R. Exacto.. P. ¿Y a partir de entonces, de estas dos fechas de la alternativa y la confirmación, fue cuando trenzó amistad con Paco Camino?. R. Vino después, al año siguiente. Vivíamos relativamente cerca en Madrid: yo en Príncipe de Vergara y él en Serrano. Quedábamos muchos días para tomar el aperitivo en la plaza de los Delfines, en Mayte Commodore. Y ahí empezamos a entablar conversación y una amistad que se hizo muy fuerte. Él me trataba como a su familia. La casa que yo tengo en Mombeltrán está a 30 kilómetros de su finca en Arenas de San Pedro. Muchos días me iba allí a pasar la mañana con él y a tomar el aperitivo. La verdad es que lo echo de menos en estos días de verano, lo noto.. P. Luego de aquellos primeros años vino un bache, hubo otro resurgir, pero otra vez en Madrid, un Domingo de Resurrección de 1981, ocurrió la cogida más grave y definitiva que le afectó al nervio ciático y que prácticamente le obligó a retirarse.. R. Intenté salir de aquello. Incluso toreé una corrida de toros más, pero me fallaba la pierna. Era imposible, no podía.. P. Pasó a ejercer de maestro en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, donde formó un buen tridente con Gregorio Sánchez y Joaquín Bernadó.. R. Teníamos cartel de buenos profesores. Y la verdad es que yo todavía me encuentro con algún alumno mío y me recuerda con mucho agrado, tanto el que ha llegado a figura como el que se quedó por el camino, y eso para mí es una gran satisfacción. Fueron casi 30 años de profesión en la escuela.. P. ¿Y usted qué le transmitía a los chavales? Si se lo explicamos al lector, ¿qué se necesita para andar en esta dura profesión?. R. Aparte de lo que ya sabemos todos —que hay que tener afición, valor y todo—, yo lo que le transmitía a ellos era torería. Para mí eso era lo principal: que supieran andar en torero, que ellos lo sintieran de verdad y no que se esforzaran de manera forzada. Todo debía fluir con torería y sin aspavientos. Eso es lo que intentaba inculcarles.. P. ¿Gregorio Sánchez era el más duro de los tres?. R. Gregorio era el más duro, pero a la vez era fenomenal porque les daba bronca para que funcionaran y no se durmieran. Fue un fenómeno como profesor.. P. De todas las escuelas existentes, la Escuela de Madrid es la que más toreros ha aportado al toreo.. R. Sí, efectivamente. En estos 50 años que lleva la escuela ha salido una cantidad de toreros increíble. Y de los que no han llegado a matador, hay ahora mismo una cantidad de banderilleros excelentes.. P. Hablando de torería, Curro Vázquez, Antoñete y usted armaron una bonita amistad.. R. Sí, tenemos relaciones de familia. A Curro lo conocí en Sevilla cuando él toreaba sin picadores. Iba a torear un festival en Camas, en La Pañoleta.. P. Qué cosa será esta de la torería que uno recuerda la escena final de la película Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995), de Agustín Díaz Yanes. ¿Cómo se puede transmitir tanta torería en ese andar que tuvieron ustedes en esa escena?. R. Pues sí. Además no sabíamos que en la película veníamos de un entierro. Tano [Díaz Yanes] no nos lo quiso decir: «Yo no dije nada porque igual no aparecéis por superstición». Y salió muy bonito. Una vez me contó que cuando estrenaron la película en París, le preguntaron quiénes eran esos actores que andaban tan bien. Él respondió que no eran actores, sino toreros.. P. ¿Tiene usted nostalgia del toreo?. R. Hasta hace poco sí he tenido mucha nostalgia. Ahora ya no. Me veo viejo, cansado. Ya no me «hago un toro» mentalmente como me lo hacía antes.. P. La cabeza y el corazón del torero siempre siguen provocando sueños de cuajar un toro en una plaza importante.. R. Sí, siempre torea uno mentalmente; de vez en cuando sueñas con una faena. A veces es durmiendo y otras despierto.. P. ¿Qué le llama la atención de la época actual?. R. Hay de todo, pero ahora los toreros se arriman una barbaridad. Antes se le daba más sitio al toro y se intentaba torear más de largo. El toro de antes obedecía más a la voz. Le llamabas una vez y venía. El de antes era un toro más fiero y duro, había que estar muy espabilado porque te echaba mano cuando menos te lo esperabas. El de ahora es más bravo, aunque también coge y tiene su peligro.. P. ¿Le llama la atención Morante de la Puebla?. R. Muchísimo. Soy un gran admirador de Morante. Si tuviera que viajar para ver a un torero, elegiría a Morante. A Paco Camino también le encantaba Morante. Decíamos que le recordaba mucho a Pepín Martín Vázquez por la improvisación. ¡Qué torero Pepín! Habremos visto cien veces la película Currito de la Cruz por él. Qué forma de torear tan bonita y tan actual. En aquel toro de Fermín Bohórquez en Madrid le formó un lío increíble.. P. Por último, maestro, ¿cree que la vida y el toreo le han sido nobles?. R. Sí, para mí sí. En el toreo he llegado a donde he podido; me hubiera gustado llegar a más, pero cada uno tiene sus limitaciones o su suerte. Y la vida me ha tratado muy bien, he sido muy feliz con mis hijos y mi familia. La única y gran pena ha sido que mi mujer murió muy joven, y esa ha sido la cornada más fuerte de mi vida.
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