El verano en el que la Luna eclipsó al Sol también quedará grabado en la memoria colectiva por la conquista de nuestra segunda estrella mundial, una conquista lograda de forma muy diferente a la de 2010. Y en esta diferencia, los seleccionadores tuvieron mucho que ver. Seguir leyendo
La defensa, la energía y los metales raros ganan peso en las carteras a medida que el panorama mundial se fragmenta
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El verano en que la Luna eclipsó al Sol también quedará grabado en la memoria colectiva por la conquista de nuestra segunda estrella mundial, una estrella conseguida de forma muy diferente a la de 2010. Y en esta diferencia, los seleccionadores tuvieron mucho que ver. En 2010, el seleccionador convocó a jugadores de ocho equipos diferentes, de los cuales solo tres competían fuera de nuestras fronteras. Dieciséis años después, la selección refleja una realidad diferente: una generación procedente de trece equipos y acostumbrada a distintas ligas y estilos de juego. Ambas fórmulas funcionaron porque sus seleccionadores comprendían los recursos de los que disponían, el contexto en el que competían y el papel que cada jugador podía desempeñar dentro del grupo. Algo similar está ocurriendo hoy en día en los mercados financieros. La forma en que seleccionamos nuestras inversiones ha evolucionado. Y, al igual que un buen seleccionador no elige a sus jugadores como lo hacía hace 16 años, el inversor no puede hacer frente a los retos actuales con los mismos activos que funcionaban en otro contexto. La geopolítica cambia las reglas del juego. Los episodios geopolíticos se han convertido en una fuente recurrente de incertidumbre. La invasión rusa de Ucrania, la guerra en Gaza, Irán o la presión sobre Taiwán ponen en tela de juicio el modelo de globalización al que estábamos acostumbrados. En este nuevo escenario, la geoestrategia cobra protagonismo. La seguridad energética, la inversión en defensa y ciberseguridad, la protección de las infraestructuras estratégicas y el acceso a tierras raras son esenciales para garantizar la autonomía económica, mantener la innovación y promover tecnologías como la IA. La reacción en los mercados financieros. La guerra de Ucrania agravó las presiones inflacionistas ya presentes tras la pandemia, especialmente a través del aumento de los precios de la energía y las materias primas, y contribuyó a acelerar las subidas de los tipos de interés. Cuando la inflación comenzó a moderarse y los bancos centrales redujeron los tipos de interés, la geopolítica ha reavivado la incertidumbre sobre el suministro energético, la inflación y el crecimiento económico. Los mercados bursátiles, sin embargo, han recuperado rápidamente el terreno perdido y mantienen su tendencia alcista, aunque la cuestión de fondo sigue abierta: ¿acabará la acumulación de conflictos afectando al crecimiento económico y a los beneficios empresariales? En este contexto, la respuesta geoestratégica de las naciones no solo presenta riesgos, sino que también ofrece oportunidades que están dando lugar a nuevas tendencias de inversión. Ampliar nuestra selección, buscar activos que aporten descorrelación. Durante varios años hemos visto cómo la IA y el mercado estadounidense de renta variable han sido los protagonistas indiscutibles de las carteras. Aunque no deben desaparecer de nuestra selección, la IA ha dejado de ser solo una narrativa atractiva para convertirse en una carrera por transformar los avances tecnológicos en beneficios reales. Este proceso permitirá diferenciar a las empresas con ventajas competitivas reales de aquellas cuyo crecimiento depende principalmente de las expectativas. A la hora de tomar nuevas decisiones, conviene ampliar el enfoque a otros sectores, activos y mercados. Al igual que en una selección, no se trata de cambiarlo todo, sino de completar nuestras carteras con activos que desempeñen funciones complementarias y reaccionen de forma diferente cuando cambie el panorama. La defensa es esencial para la seguridad de nuestra sociedad. La presión de EE. UU. para que los países europeos aumenten su presupuesto de defensa ha impulsado una tendencia de larga data. Esta tendencia no solo beneficia a los fabricantes de armas, que ya han registrado fuertes aumentos en sus resultados. Las empresas dedicadas a la ciberseguridad, la tecnología aeroespacial y la protección de infraestructuras críticas cobran cada vez más importancia para garantizar la seguridad de la población y fomentar el crecimiento económico. La autonomía y la eficiencia energética, el motor en el centro del panorama. La transición energética se ha consolidado como una de las principales prioridades de muchos países. Los mercados del gas y del petróleo se han visto afectados por episodios de volatilidad geopolítica que, sin embargo, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad asociada a un alto nivel de dependencia energética externa. La cuestión ahora es contar con un modelo energético equilibrado que pueda combinar tanto las fuentes de energía convencionales como las alternativas. Esto mejora la seguridad energética en un entorno de mayor incertidumbre, además de responder a los objetivos medioambientales. Con este fin, la inversión en infraestructuras críticas, electrificación, almacenamiento y eficiencia seguirá siendo clave, con el objetivo de garantizar un suministro seguro y competitivo. Las materias primas y los metales raros, indispensables para construir el escenario. Muchos de los retos que se plantean requieren grandes cantidades de materias primas, lo que refuerza su importancia en la economía mundial, pero también como activo de inversión. A su vez, los metales preciosos, como el oro y la plata, pueden aportar diversificación a las carteras en determinados momentos de incertidumbre, aunque su comportamiento también depende de otros factores. Las tierras raras son esenciales para la fabricación de componentes electrónicos, equipos médicos y sistemas de defensa. Dado que su producción se concentra en unos pocos países, crece el interés por invertir en la diversificación de proveedores, el desarrollo de nuevos proyectos y el fomento del reciclaje de estos materiales. Cada activo tiene su función. La incertidumbre geopolítica no debe hacernos dudar de nuestra estrategia de inversión, pero sí refuerza la importancia de la diversificación, que ya no consiste solo en repartir el dinero entre activos, sino en comprender de qué riesgos económicos y geopolíticos nos protege cada uno y en considerar su papel dentro de nuestra cartera. Las tendencias descritas abren oportunidades, pero no convierten automáticamente cualquier elección en una buena inversión. La clave no está en seguir la moda, sino en construir una alineación de activos capaz de interpretar el juego que se está desarrollando, no el que ya se ha jugado. . Jorge Urriza es responsable de Estrategia en Ibercaja Management
