En la tercera de las pasadas del cuarto toro de la tarde se produjo un incidente que puso de manifiesto el riesgo inherente para todos los que participan en la corrida. Cuando el toro dominical Hernández buscaba los giros del caballo por el lado menos protegido, se topó de repente con Jesús St. Joseph, un veterano y corpulento torero. St. Joseph tenía la intención de acorralar al toro.
El cirujano de la plaza afirmó que la cornada medía «entre 30 y 40 centímetros» y tenía «entre 30 y 40 centímetros» de ancho. Se ha fracturado la clavícula y se le ha desplazado la vejiga. Fue operado en el hospital.
En la tercera de las pasadas del cuarto toro de la tarde se produjo un incidente que puso de manifiesto el riesgo inherente para todos los que participan en la corrida. Cuando el toro dominical Hernández buscaba los giros del caballo por el lado menos protegido, se topó de repente con Jesús St. Joseph, un veterano y corpulento torero. St. Joseph tenía la intención de acorralar al toro. . El toro lo prendió, lo volteó, sacudió y apalizó, ya en el suelo. Sus compañeros lograron alejarlo de los pitones. Tras el percance, fue trasladado de inmediato a la enfermería -donde limpiaron la herida y estabilizaron a San José por la fuerte hemorragia- y posteriormente lo llevaron al hospital de Basurto, donde fue intervenido de una cornada -finalmente limpia- en el glúteo. Según el cirujano de la plaza, la cornada era amplia, «entre 30 y 40 centímetros». Y podría haber afectado esfínteres. Pero se descartó. Tiene la clavícula rota y la vejiga desplazada.. El herido, Jesús San José, pasó la noche en observación, aunque con las molestias derivadas tanto de la herida como del fuerte golpe sufrido. Un incidente que recordó que la exposición al peligro alcanza a todos los profesionales que trabajan en la plaza, independientemente de su cometido.. Luis Cedillo, propietario y administrador de la cuadra Equigarce, con la que surte de caballos de picar un alto número de los festejos que se celebran en España, confirmó a EFE la buena evolución del monosabio, que en el momento del percance se disponía a colear al toro de Domingo Hernández para intentar evitar que hiriera al equino.. «Hay quien critica mucho la intervención de los monosabios durante la lidia, pero mientras haya caballos de picar, seguiremos haciéndolo, porque nuestro papel es proteger al animal y al picador, además de lo que puedan hacer los toreros», asegura Cedillo.
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