El Teatro Real acoge el Festival Wagneriano de Bayreuth, que celebra un siglo y medio de vida plétora, ya que el ambicioso y famoso, gran y temible compositor recibió nada menos que un teatro propio para representar sus propias obras de manos del extravagante rey Luis II. Llega a Madrid como parte de una importante gira conmemorativa que incluye una gran orquesta altamente especializada, tres cantantes y el director, nuestro Pablo Heras Casado, que ya es un wagneriano de pleno derecho.
El templo madrileño inicia su interesante temporada invitando a la orquesta del festival wagneriano, con Pablo Heras Casado como director
El Teatro Real acoge el Festival Wagneriano de Bayreuth, que celebra un siglo y medio de vida plétora, ya que el ambicioso y famoso, gran y temible compositor recibió nada menos que un teatro propio para representar sus propias obras de manos del extravagante rey Luis II. Llega a Madrid como parte de una importante gira conmemorativa que incluye una gran orquesta altamente especializada, tres cantantes y el director, nuestro Pablo Heras Casado, que ya es un wagneriano de pleno derecho. . El programa elegido consiste en varios fragmentos de la magna Tetralogía que narra la compleja historia de un anillo con superpoderes, objeto de la codicia de dioses, semidioses y simples mortales, en una búsqueda del propio destino que acaba coincidiendo con el ansia de destrucción, propia y ajena. Quizá, habría reflejado mejor el carácter y las excelencias de la música de Richard Wagner alguna otra pieza de su obra, cerrada en sí misma, como, por ejemplo, un acto completo de alguna de sus óperas. La breve antología de una obra de 16 horas es difícil que transmita, a ráfagas, la enjundia dramática y filosófica de la saga, así como las intrincadas bellezas musicales de la extensa partitura, que aquí llega con cierta frialdad, sin el pathos de la tragedia ni la efervescencia de una música que a menudo suena brusca y atronadora.. Lo mejor es el momento en que Wotan, un estupendo Nicholas Brownlee, se despide de su adorada hija, la valkiria Brunilda, a la que duerme sobre roca remota para rodearla, gracias a la intervención de Loge, el diosecillo pirómano, de un círculo de fuego que solo podrá atravesar un héroe como Sigfrido, que, como efecto de los complejos parentescos míticos, resulta ser el sobrino de la virgen castigada.. Como es sabido, la orquesta en el teatro de Bayreuth está situada debajo del escenario, con el efecto de que la música brota hacia el público de un modo más envolvente, misterioso y sinuoso que si se encuentra, como en este caso, sobre el escenario. Seguro que entre el público habría más de un espectador, suertudo y privilegiado, que ha asistido al famoso templo de la colina, quien habrá comprobado lo distinto que la música suena allí. El público de este inicio de temporada no debió plantearse tan sutiles comparaciones y disfrutó de lo lindo.
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