Han pasado 640 días desde que Donald Trump prestó juramento en el Capitolio con un grandioso discurso en el que proclamó: «La Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo. A partir de hoy, nuestro país prosperará y volverá a ser respetado en todo el mundo». Casi dos años después, si las encuestas no fallan, está a punto de sufrir una derrota histórica en las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán el 3 de noviembre debido al descontento de las familias estadounidenses con la situación económica. La inflación, los aranceles y la guerra contra Irán explican la gran decepción que se extiende de costa a costa en Estados Unidos. Un sentimiento que se ha extendido a las zonas rurales del Medio Oeste y del Sur del país, donde los demócratas no han gobernado desde hace casi un siglo, como en Kansas o Misisipi. El malestar de los estadounidenses con la situación económica contrasta con las excelentes cifras que sitúan al país como una de las potencias con mayor crecimiento. Sigue leyendo. El motor de la IA, entre el riesgo de burbuja y un nuevo paradigma. La inteligencia artificial está liderando la mayor revolución económica de la historia. Nunca se había invertido tanto dinero en tan poco tiempo para desarrollar una nueva industria, ni siquiera en la revolución ferroviaria de finales del siglo XIX ni en la era de la burbuja puntocom. Se estima que la inversión de los grandes laboratorios de IA hasta 2032 ascenderá a 10, 3 mil millones de dólares, una cantidad que representa el 3, 6 % del PIB, según un estudio reciente de Stijn van Nieuwerburgh, publicado por la Brookings Institution. El «US Data Centres Map», que recopila información sobre esta actividad, cuenta con 5 098 instalaciones y proyectos registrados en el país: 3 172 en funcionamiento, 400 en construcción y 1 199 previstos, con una capacidad de 395, 1 GW. Solo este año, se espera que la inversión en IA alcance el 1, 9 % del PIB en Estados Unidos, según las estimaciones de Goldman Sachs. El sector está teniendo un impacto evidente en la economía, pero también ha provocado malestar social debido a los efectos nocivos de estas instalaciones. «La mayor parte del gasto de capital, que este año podría alcanzar los 800 000 millones de dólares, se destina a la construcción de enormes centros de datos», afirma Jared Franz, economista de Capital Group. «Este nivel de inversión supone un fuerte impulso para la economía estadounidense. De hecho, creo que no estamos valorando únicamente el impacto que podría tener el auge de la inteligencia artificial». Franz cree que el crecimiento del PIB podría estar subestimado entre 0, 5 y 1 punto porcentual. Las grandes empresas se han embarcado en una loca carrera de inversiones, lo que está llevando al sector a registrar algunas de las valoraciones más elevadas de la historia. Los analistas comienzan a hablar del riesgo de burbuja, con un ecosistema de empresas endeudadas y estrechos vínculos entre ellas. Las autoridades, sin embargo, tienen muchas esperanzas puestas en las sólidas ganancias de productividad que aportará la inteligencia artificial cuando el sector esté plenamente desarrollado.
La caótica política arancelaria y la guerra contra Irán han disparado los precios y han mermado el poder adquisitivo de las familias, aumentando la desigualdad. No obstante, es una de las economías con mayor crecimiento este año y el próximo gracias a la IA.
Fuente: MRSS-S News
Han pasado 640 días desde que Donald Trump prestó juramento en el Capitolio en un grandioso discurso en el que proclamó: «La Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo. A partir de hoy, nuestro país prosperará y será respetado en todo el mundo». Casi dos años después, si las encuestas no fallan, está a punto de sufrir una derrota histórica en las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán el 3 de noviembre debido al descontento de las familias estadounidenses con la situación económica. La inflación, los aranceles y la guerra contra Irán explican la gran decepción que se extiende de costa a costa en Estados Unidos. Un sentimiento que se ha extendido a las zonas rurales del Medio Oeste y del sur del país, donde los demócratas no han gobernado desde hace casi un siglo, como en Kansas o Misisipi. El malestar de los estadounidenses con la situación económica contrasta con las excelentes cifras que sitúan al país como una de las potencias con mayor crecimiento. Una encuesta reciente del Centro de Análisis Demoscópico Pew Research señala la economía como el principal problema para los estadounidenses, seguida de cerca por el futuro de la democracia. Llama la atención el hecho de que, a pesar de la movilización ciudadana, esta se deba a la inflación y al precio del combustible, y no a los desvaríos y excesos del inquilino de la Casa Blanca, que han supuesto un revés para la democracia en Estados Unidos. Más allá de estas reflexiones, ocho de cada diez ciudadanos califican la situación económica de mala o muy mala, según otra encuesta publicada el jueves por la cadena CNBC. En estos días de elecciones, abundan en la prensa estadounidense las encuestas que muestran cómo los hogares suspenden la gestión económica de Trump. La opinión de los estadounidenses muestra una tendencia, pero las grandes cifras macroeconómicas reflejan otro panorama. Estados Unidos está creciendo a un ritmo del 2, 2 % y las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones internacionales sitúan a Estados Unidos como la economía que más crecerá entre las grandes potencias mundiales gracias al auge de la inteligencia artificial (IA). A la estela de la inteligencia artificial. «En Estados Unidos, la actividad se sustenta en un consumo muy sólido, impulsado a su vez por un mercado laboral fuerte y el aumento continuado de la riqueza de los hogares, especialmente gracias a las recientes subidas en la valoración de los activos financieros», afirmó hace unas semanas Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. «Al mismo tiempo, observamos una aceleración de la inversión relacionada con la tecnología, que ha compensado la desaceleración de otros tipos de inversión, en particular en infraestructuras». El precio de los combustibles se ha disparado tras la guerra con Irán. En la imagen, una gasolinera en San Diego, California. Kevin Carter (GETTY IMAGES). Estados Unidos ha demostrado una gran resiliencia desde la pandemia. Su economía avanza de forma constante a pesar de la crisis arancelaria y la guerra contra Irán. La tasa de desempleo se sitúa en torno al 4, 2 %, un porcentaje históricamente bajo. Y, aunque la creación de empleo ha sido moderada, debido al endurecimiento de las políticas migratorias y al impacto de la IA, el mercado laboral sigue gozando de buena salud, lo que ha llevado a la complacencia de los responsables de la Reserva Federal. «Si hace un año me hubieran dicho que Estados Unidos estaría inmerso en una guerra abierta en Oriente Medio, que los precios del petróleo superarían los 100 dólares por barril, que los tipos de interés subirían con fuerza y que la inflación superaría el 3 %, mis perspectivas para la economía estadounidense habrían sido, como mínimo, bastante pesimistas», afirma Jared Franz, economista de Capital Group. «Sin embargo, las previsiones consensuadas sobre el crecimiento lo sitúan por encima del 2 %, claramente por delante de otras economías desarrolladas de todo el mundo», señala este economista, quien sostiene que las previsiones sobre Estados Unidos se han quedado cortas y que el crecimiento será mayor gracias a un mercado laboral sólido —que ha superado las expectativas—, a la buena situación financiera de los hogares y a la inversión sin precedentes de las empresas en inteligencia artificial. Las grandes empresas registran beneficios récord, mientras que los mercados financieros se sitúan en máximos históricos. El S&P 500, el índice industrial de Wall Street, se ha revalorizado casi un 15 % en el último año y el tecnológico Nasdaq, casi un 20 %, impulsado por las empresas tecnológicas que compiten en la frenética carrera de la inteligencia artificial con enormes inversiones para comprar microprocesadores y construir centros de datos por todo el país. Los estadounidenses que pueden ahorrar para invertir en renta variable —aproximadamente la mitad de la población— se frotan las manos ante los beneficios que obtienen en la bolsa. El problema lo sufre la otra mitad del país. . La crisis de la asequibilidad. ¿Qué pasa entonces con la economía estadounidense? «Es la inflación, estúpido». Se podría decir, parafraseando a James Carville, el estratega de campaña de Bill Clinton que en las elecciones de 1992 popularizó el famoso eslogan que todo el mundo conoce. Más de tres décadas después, el descontento ciudadano proviene del encarecimiento de la cesta de la compra, el aumento del precio de los combustibles, las primas de los seguros médicos y la subida de los tipos de interés, que devoran las ganancias salariales de los hogares estadounidenses. Los economistas han puesto de moda un término para definir esta situación: la «asequibilidad», que se refiere a la pérdida de poder adquisitivo o a la dificultad de las familias para adquirir sus productos básicos. Suzanne Roberts Moritz recoge calabazas en una granja a las afueras de Cedar Rapids, la segunda ciudad más grande de Iowa. Tiene 60 años y, aunque hace cinco se jubiló como profesora de escuela, ha tenido que volver a buscar trabajo para pagar las facturas. «La gasolina se ha disparado; me cuesta 250 dólares cada vez que quiero ir a ver a mi hija y a mis nietos, que viven en Carolina del Norte. Cada vez que voy al supermercado me doy cuenta de que todo es más caro: el seguro médico, todas las facturas. . », se lamenta. Suzanne, que vive en una de las zonas rurales del país, representa el ejemplo perfecto de la crisis de la asequibilidad. Aunque Trump no deja de repetir en los mítines electorales que la inflación está controlada, la espiral de precios se ha desatado. La inflación se situó en el 3, 7 % en septiembre, según la Oficina de Estadísticas Laborales. Los datos del mismo mes revelan que el salario medio por hora aumentó un 3 por ciento, una tendencia que se ha extendido desde principios de año y que ha provocado que los hogares hayan perdido poder adquisitivo. Es la gota que colma el vaso para las familias que han visto cómo el coste de la vida ha aumentado un 30 % desde la pandemia. «Las presiones relacionadas con la asequibilidad y el coste de la vida marcan el ciclo electoral de mitad de legislatura de 2026. Casi la mitad de los votantes registrados citan el coste de la vida como el factor más importante que influye en su voto, mientras que el 74 % cree que su coste de vida va por mal camino. El aumento de los costes de la vivienda, la sanidad y la alimentación sigue afectando al estado de ánimo de los hogares, y el 59 % de los estadounidenses duda de que el nivel de vida de sus familias vaya a mejorar», afirma Deepak Puri, director de la oficina de inversiones del Deutsche Bank en Estados Unidos. Heidi Shierholz y Josh Bivens sostienen en un artículo publicado en septiembre en el Economic Policy Institute que «la economía estadounidense es la más rica del mundo, pero la brecha entre lo que podría ofrecer a las familias trabajadoras y lo que realmente ofrece es exasperante». En un trabajo destinado a explicar la crisis de la asequibilidad, afirman: «Esta brecha se debe a la desigualdad. La renta media solo puede crecer más rápido que la de la clase media si algunos grupos, en este caso los ultra ricos, experimentan un crecimiento muy superior a la media». Es decir, la distribución de la riqueza es desigual y está ampliando las desigualdades. El auge de la tecnología y el crecimiento del sector financiero, con millones de dólares, acentúan esta brecha. Esta situación se refleja en otro estudio de Pew Research que concluye que «muchos estadounidenses tienen dificultades para satisfacer sus necesidades básicas». Y detalla: «El 70 % de los adultos estadounidenses afirma haber reducido su gasto en extras, como comer fuera, servicios de streaming u otros entretenimientos, durante el último año. Y el 54 % dice que no ha podido ahorrar para el futuro». La guerra en Irán y el precio del gasóleo. Gbenga Ajilore, economista jefe del Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas, sostiene que hay dos factores que han paralizado la economía durante el primer semestre de 2026: «la caótica y perjudicial política arancelaria de la Administración Trump y su guerra en Irán, que provocó el cierre del estrecho de Ormuz, la destrucción de las infraestructuras energéticas de la región y los elevados precios del petróleo». Desde que Trump ordenó bombardear Teherán a finales de febrero, los precios de la energía se han disparado. El bloqueo del estrecho de Ormuz se ha dejado sentir en las gasolineras de Estados Unidos. El precio del galón de gasolina ha subido más de un 45 % en un país donde cada día se recorren largas distancias, y el del gasóleo, alrededor de un 80 %, lo que ha supuesto un duro golpe para los agricultores y los transportistas. A finales de septiembre, el galón de gasóleo alcanzó los 6, 52 dólares, un récord histórico. La gasolina lleva más de cuatro meses superando esa barrera, algo que las familias consideran insoportable. «La crisis energética y la subida de los precios del crudo tuvieron un impacto significativo en los ingresos reales de los hogares durante el primer semestre del año, que solo se vio compensado en parte por una temporada de devoluciones de impuestos excepcionalmente alta», afirma Michael Pearce, economista jefe de Oxford Economics para Estados Unidos. «El impacto de los precios, que siguen siendo elevados, persistirá». Los precios de la gasolina afectan más a los consumidores con rentas bajas y medias, ya que destinan una mayor parte de sus ingresos a este combustible», añade Pearce, quien prevé que la guerra en Irán acentúe la bifurcación en forma de K entre los consumidores con rentas altas y bajas. La carga de la política arancelaria. El proteccionismo de Trump tampoco ha aliviado la economía. Los ciudadanos estadounidenses son los principales afectados por la caótica política arancelaria del inquilino de la Casa Blanca. El presidente republicano impuso aranceles generalizados a todo el mundo en la primavera del año pasado, pero el Tribunal Supremo los anuló. Al final, reformuló todo el muro comercial de tal manera que los productores estadounidenses, que tienen que pagar aranceles por las materias primas que compran en el extranjero, también se han visto afectados en sus costes de gestión. Miles de pequeñas empresas sufren los rigores de la deriva comercial de Trump». Los votantes estadounidenses están enfadados por la economía, los precios y la inseguridad. Y han relacionado su difícil situación en el país con las políticas internacionales de la Administración Trump. «La opinión pública vincula directamente los aranceles con los precios elevados», afirma Heather Hurlburt, investigadora asociada para Norteamérica del centro de estudios Chatham House. Sin embargo, como señala James Knightley, economista jefe de ING Research para EE. UU. , «la economía estadounidense sigue mostrando un buen comportamiento, aunque esto oculta diferencias crecientes entre los distintos sectores». «Y añade:» Los hogares con rentas altas siguen gastando con fuerza, impulsados por el considerable aumento de su patrimonio en los últimos años, mientras que los hogares con rentas medias y bajas se ven afectados por la ralentización del crecimiento de sus ingresos y la elevada inflación. «Para estimular el consumo, el inquilino de la Casa Blanca aprobó el año pasado una ley de incentivos fiscales, con reducciones de impuestos para las grandes empresas, los autónomos y las empresas familiares. La denominada «Big Beautiful Bill», como la llamó el propio Trump, ha supuesto un alivio, pero también ha planteado otros problemas. El verano pasado, la deuda pública estadounidense superó la barrera de los 40 billones de dólares en medio de la preocupación por el coste de la financiación. Esta cantidad de pasivo se debe a una deuda que representa el 124 % del PIB. Y se explica porque el déficit público está fuera de control. El año pasado superó los dos mil millones de dólares, el equivalente al 7, 1 % del PIB. La Oficina de Control Presupuestario del Congreso estima que el déficit presupuestario será del 8, 5 % del PIB este año debido al aumento de los gastos para la guerra contra Irán y a las rebajas fiscales de la «Ley Grande y Hermosa». Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, el 16 de septiembre en Washington. Mehmet Eser (Anadolu / Getty Images)». «Las rebajas fiscales prometidas a los estadounidenses, que inicialmente beneficiaron a los más ricos, se ven contrarrestadas por el aumento de los precios y los costes de la asistencia sanitaria para la mayoría de las familias», afirmó Steve Wamhoff, director de política federal del Instituto de Política Fiscal y Económica (ITEP)». Si se analiza la situación en su conjunto, el resultado es sorprendente: el estadounidense medio, independientemente de su nivel de ingresos, está pagando más, salvo el 1 % más rico, que es el único grupo que se beneficia. «Más allá de la preocupación de los economistas por el futuro de las finanzas del país, la desigualdad lastra a los ciudadanos. La inflación avivada por el conflicto de Oriente Medio ha obligado a la Reserva Federal a subir los tipos de interés y los inversores están ejerciendo presión sobre los bonos del Tesoro, cuya rentabilidad ha aumentado hasta el 5, 3 %, el nivel más alto desde antes de la crisis financiera que terminó con la quiebra de Lehman Brothers. Como consecuencia, se han encarecido los préstamos hipotecarios y los créditos al consumo para la compra de coches u otros productos de consumo. El tipo de interés medio de una hipoteca a 30 años en Estados Unidos ha subido al 7, 4 %, el nivel más alto desde 2023, según datos de Freddie Mac. Todo esto acaba afectando al consumo y a la confianza de los hogares. Sin embargo, la situación depende del punto de vista desde el que se contemple. Para Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal nombrado por Trump, «la economía estadounidense parece estar fortaleciéndose», afirmó hace un mes en la última reunión de la Fed. Teniendo en cuenta el panorama geopolítico, marcado por la incertidumbre y los retos pendientes, es posible apreciar la resiliencia de la economía estadounidense y adoptar una actitud optimista. «Pero antes de terminar, reconoció: «Sin embargo, desde hace más de cinco años, la inflación se ha mantenido por encima del objetivo. La realidad es, sencillamente, que la inflación es demasiado alta y lleva demasiado tiempo así. «El motor de la IA, entre el riesgo de burbuja y un nuevo paradigma. La inteligencia artificial está liderando la mayor revolución económica de la historia. Nunca se había invertido tanto dinero en tan poco tiempo para desarrollar una nueva industria, ni siquiera en la revolución ferroviaria de finales del siglo XIX ni en la era de la burbuja puntocom. Se estima que la inversión de los grandes laboratorios de IA hasta 2032 ascenderá a 10, 3 mil millones de dólares, una cantidad que representa el 3, 6 % del PIB, según un estudio reciente de Stijn van Nieuwerburgh, publicado por la Brookings Institution. El «US Data Centres Map», que recopila información sobre esta actividad, cuenta con 5 098 instalaciones y proyectos registrados en el país: 3 172 en funcionamiento, 400 en construcción y 1 199 previstos, con una capacidad de 395, 1 GW. Solo este año, se espera que la inversión en IA alcance el 1, 9 % del PIB en Estados Unidos, según las estimaciones de Goldman Sachs. El sector está teniendo un impacto evidente en la economía, pero también ha provocado malestar social debido a los efectos nocivos de estas instalaciones». La mayor parte del gasto de capital, que este año podría alcanzar los 800 000 millones de dólares, se destina a la construcción de enormes centros de datos», afirma Jared Franz, economista de Capital Group. Este nivel de inversión supone un fuerte impulso para la economía estadounidense. De hecho, creo que no nos estamos limitando a analizar los posibles efectos del desarrollo de la inteligencia artificial. «Franz cree que el crecimiento del PIB podría estar subestimado entre 0 y 1 punto porcentual», escribe. Las grandes empresas están inmersas en una carrera de inversiones desenfrenada, lo que está haciendo que el sector cuente con algunas de las personas más exitosas de la historia. Los analistas empiezan a debatir sobre el riesgo de burbuja, que se caracteriza por un ecosistema de empresas endeudadas y estrechos vínculos entre ellas. Las autoridades, no obstante, tienen muchas esperanzas puestas en las importantes mejoras de productividad que aportará la inteligencia artificial cuando la industria esté plenamente desarrollada.
