La guerra ha terminado, pero Glasgow sigue oliendo a humo. Los parques se han convertido en huertos improvisados para alimentar a una ciudad agotada; falta policía porque casi todos marcharon al frente y los que se quedaron son chicos que intentan contener una delincuencia que ha crecido al mismo ritmo que el mercado negro. Ese panorama, más que ninguna batalla, fue el punto de partida de *Red Sky over Glasgow* (Tusquets), la nueva novela de Alan Parks (Glasgow, 1964), que abandona la serie protagonizada por el detective Harry McCoy para viajar a la década de 1940 y mostrar que las guerras no terminan cuando se callan las armas. Simplemente cambian de escenario.
El autor escocés nos traslada a la Glasgow de la posguerra de «Red Sky on Glasgow», donde el regreso de un oficial del frente sirve para indagar en las cicatrices invisibles de la violencia.
La guerra ha terminado, pero Glasgow sigue oliendo a humo. Los parques se han convertido en huertos improvisados para alimentar a una ciudad agotada; falta policía porque casi todos marcharon al frente y los que se quedaron son chicos que intentan contener una delincuencia que ha crecido al mismo ritmo que el mercado negro. Ese panorama, más que ninguna batalla, fue el punto de partida de *Red Sky over Glasgow* (Tusquets), la nueva novela de Alan Parks (Glasgow, 1964), que abandona la serie protagonizada por el detective Harry McCoy para viajar a la década de 1940 y mostrar que las guerras no terminan cuando se callan las armas. Simplemente cambian de escenario. «Cuando pensamos en la Segunda Guerra Mundial pensamos enseguida en Londres, en el Blitz, en los grandes bombardeos, pero me interesaba mirar hacia otro lugar que también fue atacado y sufrió enormemente y mostrar cómo la guerra transforma una ciudad entera y a la gente que la habita», explica.Su protagonista, el policía Joseph Gunner, regresa del frente convencido de que deja atrás el horror, sólo para descubrir que el horror lo espera en casa. La guerra ha alterado el paisaje urbano, las instituciones y también la forma de mirar de quienes sobrevivieron. «No quería escribir sobre tanques ni grandes batallas. Muchas veces los márgenes de la guerra son más interesantes que la propia guerra. Los que se quedaron también vivieron con miedo, con hambre, con los bombardeos, con la incertidumbre. Cuando Gunner vuelve a Glasgow descubre hasta qué punto todo ha cambiado. Los parques están cultivados porque hace falta comida, la ciudad funciona de otra manera y la violencia ha impregnado todos los rincones. La guerra afecta mucho más allá del campo de batalla».Ese desplazamiento de la violencia hacia la vida cotidiana atraviesa toda la novela. En el Glasgow de Parks el crimen no aparece como una anomalía, sino como la consecuencia natural de una sociedad sometida a una presión extrema. «La mayor parte de la policía estaba luchando en el frente y apenas quedaban agentes para investigar delitos. Al mismo tiempo, el mercado negro floreció, hubo personas que hicieron fortunas con contratos públicos y la delincuencia aumentó muchísimo. No era exactamente una ciudad sin ley, pero había muchísimos delitos que nadie investigaba. Si no eras especialmente legal, era un momento fantástico».Quizá por eso sus novelas nunca aceptan la división tranquilizadora entre buenos y malos. Policías, empresarios, políticos, aristócratas o criminales habitan un mismo territorio moral donde las fronteras son difusas. «Un policía no es automáticamente buena persona, igual que un delincuente no explica por sí sólo el mal. Yo escribo sobre personas que tienen ambición, miedo, codicia, contradicciones. Hay gente muy buena y muy mala, sí, pero la mayoría vivimos en esa zona gris donde las decisiones nunca son completamente limpias. Eso me interesa mucho más que la idea de héroes enfrenta
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