Un mes después de la llegada masiva de más de 70 000 personas a Ceuta en tan solo 48 horas, el pasado 30 de julio, la crisis migratoria sigue teniendo un impacto directo en la economía de la ciudad. La actividad comercial se ha reducido, el turismo ha disminuido y cientos de empresas han tenido que recortar jornadas laborales para contener sus costes. Aunque más del 90 % de las personas que entraron ilegalmente en la ciudad autónoma ya la han abandonado, la normalidad económica aún no se ha restablecido. Los primeros cálculos ya permiten cuantificar la magnitud del parón. Las pérdidas económicas directas del sector privado acumuladas por la Cámara de Comercio de Ceuta ascienden a un total de 33, 04 millones de euros hasta el 30 de agosto. Y la factura sigue creciendo, no solo para las empresas, sino también para las arcas públicas. El Gobierno de Ceuta estima que el gasto extraordinario actual ya ronda los 80 millones de euros, pero los servicios de Hacienda de la ciudad autónoma prevén que el coste total acumulado alcance los 153 millones de euros a finales de año, como consecuencia del gasto en los servicios de atención a los menores no acompañados que han llegado y de todos los servicios extraordinarios que se han puesto en marcha —como vigilancia, limpieza y servicios sociales—. Seguir leyendo
La emergencia le cuesta a la ciudad 80 millones, según el ejecutivo del enclave, un gasto que se espera que aumente hasta los 153 millones en diciembre. Las empresas pierden más de 30 millones
Fuente: MRSS-S News
Un mes después de la entrada masiva de más de 70 000 personas en Ceuta en tan solo 48 horas, el pasado 30 de julio, la crisis migratoria sigue teniendo un impacto directo en la economía de la ciudad. La actividad comercial se ha reducido, el turismo ha caído y cientos de empresas se han visto obligadas a reducir la jornada laboral para contener sus costes. Aunque más del 90 % de las personas que entraron ilegalmente en la ciudad autónoma ya la han abandonado, la normalidad económica aún no se ha restablecido. Los primeros cálculos ya permiten cuantificar la magnitud del parón. La Cámara de Comercio de Ceuta cifra en 33, 04 millones de euros las pérdidas económicas directas acumuladas por el sector privado hasta el 30 de agosto. Y la factura sigue creciendo, no solo para las empresas, sino también para las arcas públicas. El Gobierno de Ceuta estima que el gasto extraordinario actual ya ronda los 80 millones de euros, pero los servicios de Hacienda de la ciudad autónoma prevén que el coste total acumulado se disparará hasta los 153 millones de euros a finales de año, como consecuencia del gasto en los servicios de atención a los menores no acompañados que han llegado y de todos los servicios extraordinarios que se han puesto en marcha —como vigilancia, limpieza y servicios sociales—. «La incertidumbre prolongada paraliza la economía. Y cuanto más se tarde en ofrecer un horizonte claro, más difícil será recuperar la confianza empresarial», afirma Arantxa Campos, presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE). En la misma línea, Karim Bulaix, presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta, ha señalado que «la seguridad también es política económica, porque sin ella no hay confianza. Y sin confianza no hay inversión, ni turismo, ni consumo». E insiste en la idea de que «la estabilidad de Ceuta no es solo una cuestión de fronteras o de orden público, es una condición esencial para su desarrollo económico». Inauguración de una tienda en Ceuta. GARCÍA ALVARY. En cualquier caso, el problema no es solo cuánto dinero ha dejado de entrar en Ceuta durante estas semanas. Es también la capacidad de la ciudad para soportar un golpe de esta magnitud. La crisis ha estallado en una economía pequeña, con un crecimiento inferior al del resto de España, una tasa de desempleo muy elevada y un tejido empresarial compuesto en gran parte por comercios locales que tienen dificultades para aguantar varios meses sin ingresos o con ingresos escasos. El intenso atasco veraniego. Estas características del tejido productivo se convierten en un problema cuando una crisis como la que ha vivido Ceuta durante más de un mes coincide además con el verano, un periodo decisivo para la actividad local. Son semanas en las que las tiendas, los bares y los restaurantes esperan obtener gran parte de la recaudación que sostendrá la segunda mitad del año. Para algunos negocios, un mes de agosto sin ingresos puede incluso suponer su cierre definitivo. La suspensión de las fiestas patronales por motivos de seguridad dejó al sector servicios sin uno de sus principales motores. Su cancelación supuso la pérdida de 15, 72 millones de euros de facturación prevista, según datos de la Cámara de Comercio. Este mes, las pequeñas empresas y los servicios hoteleros han reducido su facturación a la mitad, según las cifras de la Cámara de Comercio. «Habré perdido unos 30 000 euros», afirma Diego León Fernández. Es el propietario de la hamburguesería Ceutí Impact, una de las más concurridas de la ciudad. El local iba, como cada año, a montar un puesto en la feria para vender patatas asadas. «He cargado 1 000 kilos y ahí los tengo; no voy a poder vender ni la mitad, el resto habrá que tirarlo», afirma. A esto hay que sumar el coste de los 14 trabajadores y la preparación del puesto. . Ha podido amortiguar la caída de las ventas en la hamburguesería gracias al servicio a domicilio, que ha aumentado tanto que, a determinadas horas, el local, normalmente abarrotado, está casi vacío. Jalid Ali Amar, propietario de la hamburguesería Nebil, también señala el servicio a domicilio como el salvavidas de su negocio. «Al final no he cerrado ningún día, pero, por supuesto, no ha sido un agosto habitual en cuanto a ingresos», afirma. El balance de los empresarios del comercio minorista es aún más grave, ya que estiman caídas de las ventas de hasta el 70 % en los peores casos. Las empresas han reaccionado reduciendo los costes allí donde han podido hacerlo. Siete de cada diez empresas incluidas en la muestra de la Cámara han tenido que reorganizarse o recortar los días de trabajo de su plantilla. En el comercio, la proporción es del 85 % y, entre bares y restaurantes, supera el 90 %. Se trata de medidas que contienen el gasto mientras la actividad se recupera, pero que trasladan la crisis al mercado laboral. Campos advierte de que esta restricción de liquidez tiene un impacto negativo en todo el sistema productivo. Insiste en que «cuando una empresa vende menos, reduce inmediatamente los pedidos a los proveedores, aplaza las inversiones, limita los contratos e intenta contener todos los costes posibles», lo que afecta a la economía en su conjunto. Por lo tanto, su objetivo es evitar que «una caída inicial a corto plazo de la actividad se traduzca en cierres de empresas y destrucción de empleo». El turismo peninsular también ha sufrido un brusco descenso. La demanda de visitantes y reservas ha disminuido en torno al 90 %, lo que ha afectado a las conexiones marítimas. En agosto, el grupo naviero Baleària registró una caída del 30 % en el tráfico de pasajeros con respecto al mismo mes del año anterior, según fuentes de la empresa. Además, habrá que sumar el impacto en las mercancías que recogen las estadísticas de los puertos estatales. Desde este organismo insisten en que las cifras se publicarán a partir del 20 de septiembre, cuando reciban los datos de todos los puertos. Los hoteles han cerrado el mes de agosto con una caída de la facturación cercana a la mitad, un dato que podría parecer menos grave de lo esperado. Pero detrás de esa cifra se esconde la demanda excepcional condicionada por la propia crisis migratoria. Los alojamientos que han quedado vacíos por la ausencia de turistas han sido ocupados por personal estatal y periodistas que han acudido para cubrir la emergencia humanitaria. Pero a medida que los dispositivos oficiales se retiren de la ciudad, ese colchón desaparecerá y el sector tendrá que hacer frente a la caída del número de visitantes. Otros que también temen esta caída son los miembros del gremio de taxistas. Porque la flota de la ciudad autónoma —121 vehículos— no ha notado una parada en su actividad, sino una sustitución. «Hemos pasado de llevar turistas a llevar a periodistas, policías y políticos. . », dice Sufien. Comparte la licencia de taxi con Anuar, y ambos coinciden en que el último mes ha sido frenético. «Hemos hecho más viajes que nunca, seguimos trabajando, pero nos preocupa lo que pasará cuando se vayan todos los periodistas», se pregunta. Campamento en la playa de El Tramporil. Javier Hernández. En el sector de la alimentación también se ha notado el impacto. El repentino aumento de la población en las calles ha exigido un esfuerzo logístico extraordinario por parte de los supermercados para garantizar el abastecimiento y evitar el agotamiento de las existencias de productos básicos —como el pan de molde, el arroz o el azúcar— que se produjo en los primeros días. El director general de Asedas, Ignacio García Magarzo, señala que «las cadenas han aumentado su plantilla en torno a un 10 % mediante el traslado urgente de trabajadores desde la Península». También se ha incorporado personal de seguridad adicional para regular el acceso a las instalaciones y se ha reforzado la coordinación con las ONG para evitar que las compras masivas afecten al abastecimiento de los residentes. El esfuerzo adicional del personal mencionado por Magarzo ha condicionado las cifras de empleo de agosto, según el CECE. En concreto, Campos considera que los datos de este mes son «un espejismo estadístico porque, de los 303 contratos adicionales registrados en julio, 290 eran temporales, y todo este aumento responde a contratos extraordinarios en seguridad privada, limpieza y otros servicios directamente relacionados con la crisis». 170 millones en un futuro próximo. Hay otro problema que se manifestará a medio plazo: la crisis de reputación. La Cámara de Comercio ha cuantificado en 170, 1 millón de euros el perjuicio para la imagen exterior de Ceuta, la confianza de las empresas y su capacidad para atraer nuevas inversiones. La cifra supone un duro golpe para una ciudad que lleva cinco años intentando cambiar su perfil económico y depender menos de las actividades tradicionales vinculadas a Marruecos. El hecho es que su economía tiene una dimensión reducida que se corresponde con su extensión territorial (solo 18 kilómetros cuadrados) y su población (83 000 habitantes). Los últimos datos disponibles de las Cuentas Regionales de España situaban su Producto Interior Bruto en 1 923 millones de euros en 2024. Ese año registró un crecimiento real del 1, 1 %, la tasa más baja de España junto con la de Melilla. El PIB per cápita de ese año fue de algo más de 23 200 euros, casi un 50 % menos que el de Madrid, que encabezaba la clasificación nacional. El mercado laboral refleja otra de las debilidades de la ciudad. En el segundo trimestre de este año, la tasa de actividad fue del 69 %, pero el desempleo superó el 22 %, según la Encuesta de Población Activa. La diferencia con el resto del país es muy marcada. En Ceuta, la tasa de desempleo era casi 13 puntos porcentuales superior a la tasa de desempleo nacional de aquella época, que era del 9, 8 %. La ciudad cuenta, por tanto, con una población con una elevada disposición a trabajar, pero con una economía incapaz de generar suficientes oportunidades para absorberla. La estructura de sus empresas tampoco ofrece demasiado margen. Los últimos datos del Registro Mercantil del INE muestran que Ceuta cuenta con casi 3 900 empresas activas, de las cuales la mitad no tiene empleados y algo menos de un tercio opera con uno o dos empleados. En cuanto a su vínculo financiero con Marruecos, Campos detalla que, tras el cierre comercial provocado por la pandemia de 2020, «la economía ceutí ya tiene poco que ver con la actividad fronteriza y la economía marroquí», y ahora se centra en el mercado local, el turismo español y la economía digital (con una gran presencia de empresas de juego online, favorecidas por las condiciones fiscales del Régimen Económico y Fiscal).
