La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán parece enquistada pese a que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró a principios de marzo que el conflicto duraría cuatro o cinco semanas. Casi cuatro meses después de que las primeras bombas empezaran a estallar sobre Teherán, los enemigos mantienen los ataques mientras la economía mundial permanece en vilo. El planeta registrará este año el crecimiento más bajo desde la pandemia de la covid, según las últimas previsiones del Banco Mundial, difundidas este jueves. El prolijo documento, de 200 páginas, advierte de que el conflicto en el golfo Pérsico está provocando un aumento de los precios de la energía, avivando la inflación y elevando los costes de financiación en todo el mundo.. Seguir leyendo
El organismo multilateral señala que buena parte de las economías menos desarrolladas acabarán 2026 siendo más pobres que en 2019
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La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán parece enquistada pese a que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró a principios de marzo que el conflicto duraría cuatro o cinco semanas. Casi cuatro meses después de que las primeras bombas empezaran a estallar sobre Teherán, los enemigos mantienen los ataques mientras la economía mundial permanece en vilo. El planeta registrará este año el crecimiento más bajo desde la pandemia de la covid, según las últimas previsiones del Banco Mundial, difundidas este jueves. El prolijo documento, de 200 páginas, advierte de que el conflicto en el golfo Pérsico está provocando un aumento de los precios de la energía, avivando la inflación y elevando los costes de financiación en todo el mundo.. Los economistas del organismo presidido por el economista indio Ajay Banja concluyen que la economía mundial crecerá un 2,5% este año, el ritmo más bajo desde el estallido de la pandemia, cuando la producción mundial se contrajo más de un 3%. El frenazo es considerable. La proyección de crecimiento para 2026 es cinco décimas inferior al del año pasado y siete menos que en 2024.. La institución multilateral nacida en el marco de Bretton Woods tras el fin de la Segunda Guerra Mundial advierte de que la persistencia del conflicto agravará el frenazo de la economía mundial. Relata cómo el bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde transitaban antes de la guerra una quinta parte del petróleo del planeta y otros materiales esenciales para la agricultura o la industria química y farmacéutica, está alimentado una crisis energética. Si los petroleros están parados en el golfo Pérsico, el crudo no llega a los mercados internacionales y el precio se dispara. Lo ha hecho más de un 35% desde que estalló el conflicto. Y como consecuencia, los carburantes se han encarecido en todo el mundo. En Estados Unidos el galón de gasolina está por encima de los cuatro dólares, un nivel considerado muy caro para las familias estadounidenses, pese a que el país es el mayor productor de petróleo del mundo.. Rebaja generalizada. Pero además, habrá efectos en cadena. El Banco Mundial prevé que los precios de los fertilizantes aumenten significativamente este año, con efectos secundarios en los precios de los alimentos. “Estas presiones están impulsando al alza la inflación global, que se espera que suba hasta el 4% este año, un aumento sustancial desde el 3,3% de 2025″, indica el documento.. Más inflación y menos crecimiento, un cóctel explosivo si se agita durante suficiente tiempo. Por eso, el organismo con sede en Washington, a unas manzanas de la Casa Blanca y en la misma avenida que el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha revisado a la baja las previsiones de crecimiento de dos tercios de las economías del globo durante los últimos meses. “Los riesgos a la baja son significativos. Si las interrupciones en el suministro energético resultan más graves de lo que se supone actualmente y van acompañadas de una estrés financiero considerable, el crecimiento global podría caer hasta solo el 1,3% en 2026 y la inflación subiría hasta el 4,4%”, advierte el Banco Mundial.. “Una nueva escalada de las hostilidades o interrupciones más prolongadas en los flujos de materias primas podrían elevar aún más los precios de estos productos, intensificar las presiones inflacionarias y la inseguridad alimentaria, desencadenar tensiones financieras y reducir el crecimiento”, reza el informe, que abunda sobre el riesgo de que perduren las hostilidades. “La persistente incertidumbre en la política comercial, las tensiones geopolíticas y las perturbaciones climáticas también plantean riesgos significativos”.. Los países más afectados. Más allá de eso, como suele ocurrir, el golpe se lo llevan los más débiles, con un mayor impacto en las economías en desarrollo. Ajay Banga pone el acento en ese punto: “Los países en desarrollo se han enfrentado a una serie de desafíos en la última década. El impacto varía según el país, pero la prueba básica es la misma: proteger a las personas y preservar la estabilidad hoy, sin renunciar al crecimiento y al empleo mañana”, ha señalado el presidente del Banco Mundial.. Los cálculos del organismo para las economías menos industrializadas es que tendrán un crecimiento del 3,6%, ocho décimas menos que el año pasado. “Se espera que las economías del golfo Pérsico directamente afectadas por el conflicto sufran el mayor golpe, ya que su crecimiento cae del 3,9% en 2025 a casi cero en 2026″, proyecta. Aunque pronostica una rápida recuperación en estos países, de cerca del 5% en los dos próximos años si se levanta el bloque de Ormuz y se inicia una reconstrucción tras alcanzar un acuerdo de paz.. “Para finales de 2026, una cuarta parte de las economías en desarrollo, un tercio de las economías de bajos ingresos y la mitad de las economías frágiles y afectadas por conflictos serán más pobres que en 2019, en vísperas de la crisis de la covid-19″, sostiene Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. “Entre las 24 economías más pobres, 19 aún dependen de la ayuda exterior para su abastecimiento alimentario, pero el mundo rara vez ha estado menos solidario que ahora”.. Estados Unidos, con un avance de su economía del 2,2%, será el país desarrollado que mejor desempeño tendrá este año. Aún así, el país más rico del mundo sufrirá un frenazo. La Unión Europea no termina de encender los motores y apenas logrará mejorar su producción un 0,8%, unas seis décimas menos que el ejercicio precedente. Según las previsiones del BM, el PIB de China crecerá un 4,2%, un ritmo insuficiente para una economía de un tamaño colosal. Los analistas consideran que Pekín debe crecer más de un 5% para mantener un ritmo sostenible, sin aumentar el desempleo y sin provocar problemas financieros.. Una década perdida. En definitiva, la fotografía es más borrosa para todo el mundo. Las perspectivas de un crecimiento más sombrío suponen menos inversión, menos empleo y una deuda creciente, lo que agrava la situación en las economías de mercados emergentes y en desarrollo (EMDE), que cuentan con poblaciones activas en crecimiento. “Afrontar este desafío requerirá una agenda concertada centrada en las condiciones para la creación de empleo: invertir en capital físico, humano y digital; fomentar un entorno favorable a las empresas; y movilizar la inversión privada”, aconseja el Banco Mundial.. “Salvo un milagro, la década de 2020 resultará ser lo que su ominoso comienzo presagió: una década perdida, no solo para un par de casos aislados, sino para docenas de economías en desarrollo”, resalta Indermit Gill, que también es vicepresidenta del organismo, en el prólogo del informe, en el que expone con crudeza la evolución económica de los últimos años. “Casi la mitad de las economías en desarrollo no han logrado avanzar desde 2019 en la promesa más básica del desarrollo: reducir la brecha de ingresos con las economías más prósperas del mundo”. A su juicio, “para vislumbrar una luz al final del túnel, hay que mirar hacia la década de 2030. Esa nueva década está a la vuelta de la esquina y ofrece una oportunidad histórica que el mundo no puede permitirse desaprovechar”.. Unas notas de esperanza. Pese al pesimismo que rezuma del informe, los economistas del Banco Mundial dejan algunos mensajes para arrojar una luz de esperanza. Así, subrayan que la inversión y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) podrán impulsar la actividad económica. “La IA daría paso a la década más próspera del mundo desde la década de 1970″, escriben. También aluden a los avances en seguridad energética y al despliegue de las renovables. “La energía limpia es ahora tanto un imperativo de seguridad nacional como una prioridad para el desarrollo global”, dicen. De mantenerse el nivel de inversión en estas tecnologías ayudará al crecimiento de las economías en desarrollo y las hará más resilientes ante futuras crisis. Por último, también valoran la proliferación de acuerdos comerciales regionales en medio de una contracción de la globalización por el endurecimiento de las políticas de Estados Unidos y otros países.. El Banco Mundial subraya que para que los países en desarrollo puedan digerir el frenazo económico provocado por la guerra, ha puesto “a disposición entre 50.000 y 60.000 millones de dólares para ayudar a los países en desarrollo a proteger a los más vulnerables, mantener la capacidad fiscal y apoyar a las empresas y las explotaciones agrícolas”.
