El reconocimiento al expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, tuvo lugar cinco días antes de que su actual sucesor, Kevin Warsh, hiciera su primera aparición. Esto ocurrió cuando Greenspan tenía 100 años. Estos dos representantes de la Reserva Federal tienen muchas similitudes, entre ellas su supuesta inteligencia y reputación, sus fuertes vínculos con Wall Street, su aprecio por la incertidumbre, su pasión por el libre mercado y su pericia en el mercado tecnológico. Según la tradición
La idea de que el banco central puede calmar las turbulencias financieras es una herencia de su antiguo presidente, quien, al igual que ocurre ahora con Warsh, vivió de primera mano el frenesí tecnológico.
Feed MRSS-S Noticias Análisis de política monetaria: la exposición didáctica de conceptos, conjeturas o hipótesis basadas en acontecimientos actuales que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se acerca más al género de la opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni predice, sino que solo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y vincula elementos dispersos. La perspectiva de que el banco central logrará que las tormentas financieras se disipen forma parte del legado de su expresidente quien, al igual que ahora Warsh, convivió con la fiebre tecnológica, Alan Greenspan habla en una conferencia en Nueva York en 2012. Lucas Jackson (REUTERS) La afirmación del expresidente de la Reserva Federal de EE. UU. , Alan Greenspan, en los primeros cinco días de su actual mandato, se produjo apenas cinco años antes de que llegara el primero de sus sucesores, Kevin, Varios puntos unen a estos dos líderes de la Fed, además de la inteligencia y el prestigio que se les atribuye: experiencia financiera, excelentes contactos en Wall Street, una apuesta por la ambigüedad, amor por el libre mercado y un apoyo rotundo a la tecnología. Greenspan no ofrecía ruedas de prensa ni daba indicaciones sobre medidas futuras («forward guidance»), pero bajo su mandato la Fed se volvió mucho más transparente que antes: hasta 1994, el organismo ni siquiera informaba de sus decisiones. De hecho, al llamado «Maestro» le gustaba presumir de sus mensajes crípticos, y así el mercado le otorgó un carácter totémico (la devoción necesita algo de misterio) con lo que él tampoco parecía molesto. La economía estadounidense, Alan Greenspan y Wall Street eran uno solo en esa década; no sabemos si era mejor, pero sí más sencillo, forjado entre el fin de la Guerra Fría y el atolladero del 11-S. En su debut, Warsh señaló dos claves del ADN «greenspaniano» que nunca dejó de ejercer presión: a la teoría de que los mercados son eficientes —la mejor forma de reflejar en un precio la información disponible—, añadió la práctica de ocultar gran parte de esa información a los mercados. Warsh firmó ambos proyectos de ley en ambas cámaras. Sin embargo, a Greenspan le dieron la matrícula en ese juego de acertijos. Salió en repetidas ocasiones al rescate de los mercados sumidos en el caos; desplegó toda su artillería en la crisis de 1987, decretó un recorte de los tipos de interés de emergencia en 1998 e inundó el mercado de liquidez ante el temido efecto 2000. Operación(es) que dieron lugar a la expresión «Greenspan put» [una opción de venta es una opción que se utiliza como defensa para proteger una cartera frente a las caídas de los precios]. La Reserva Federal, desde su impenetrable torre de marfil, era la garantía de que las crisis bursátiles se resolverían. Greenspan no solo había dominado la desregulación financiera que convirtió una burbuja inmobiliaria en un desastre global (como él mismo reconoció más tarde), sino que también había contribuido
