Canadá y los países europeos comparten una narrativa política común. La estructura legislativa, la organización federal, un sistema de valores centrado en el Estado del bienestar y un largo etcétera de legado heredado de las culturas francesa e inglesa. Pero si hay algo en lo que difieren, es en la estructura económica. Canadá es un país dotado de materias primas, petróleo, tierras raras y minerales críticos. Estos activos, de los que carece Europa, se han convertido en el eje central de las conversaciones entre Ottawa y Bruselas, que podrían concretarse en octubre con el nombramiento del país americano como Estado asociado. Sigue leyendo.
España lleva meses negociando con las autoridades canadienses para que las empresas participen en los acuerdos que estrechan los lazos entre Bruselas y Ottawa.
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Canadá y los países europeos comparten una narrativa política común. La arquitectura legislativa, la organización federal, un sistema de valores centrado en el Estado del bienestar y un largo etcétera de legado heredado de las culturas francesa e inglesa. Pero si difieren en algo, es en la estructura económica. Canadá es un país dotado de materias primas, petróleo, tierras raras y minerales críticos. Estas ventajas, que Europa necesita, se han convertido en el tema central de las conversaciones entre Ottawa y Bruselas, lo que podría quedar claro en octubre con el nombramiento de la nación estadounidense como Estado asociado. Dentro de los diversos acuerdos en los que se está trabajando, España ha desempeñado un papel significativo en las conversaciones sobre materias primas y energía, con visitas de delegados del Gobierno de Canadá a Madrid de las que se ha hecho eco EL PAÍS. El sector español de las infraestructuras desempeña un papel significativo en la alianza de inversión para la explotación de materias primas, según fuentes canadienses, ya que el principal problema de Canadá es que no puede transportar sus recursos a través de un corredor atlántico. No existe ningún oleoducto que permita que el petróleo salga de la costa este hacia Europa, y muchos de los yacimientos de minerales críticos más valiosos carecen de las conexiones adecuadas. Canadá es rico en los principales minerales de la transición energética y las baterías: litio, níquel y cobalto. Históricamente, se ha dado prioridad a las exportaciones de norte a sur para vender al vecino estadounidense. El país también se enfrenta a problemas internos, como los vetos de los pueblos indígenas a la construcción de estas infraestructuras. Canadá confía en que las empresas españolas, conocidas en todo el mundo por su capacidad en obras públicas, sean capaces de crear la infraestructura necesaria —que también puede incluir puertos— para transportar con éxito estos recursos a Europa. La colaboración debe incluir un compromiso de inversión para que se haga realidad. España ha estudiado en qué proyectos estratégicos puede colaborar el capital europeo, sin excluir la posibilidad de crear empresas conjuntas (participar en el proyecto con una empresa local). Las operaciones denominadas «midstream», es decir, aquellas que implican actividades intermedias como el transporte, el almacenamiento y el refinado, serán fundamentales en la alianza, con especial énfasis «en la creación de infraestructuras conjuntas de procesamiento y refinado limpio». Europa quiere reducir su dependencia de la capacidad de refinado de China. Canadá cuenta con las bases para equilibrar las relaciones, pero falta la ejecución. Sin embargo, la principal experiencia española en el país no dejó un buen sabor de boca. Repsol invirtió en una planta de regasificación en 2009 que supuso un hito en Canadá debido a la ausencia de este tipo de infraestructuras. El objetivo era abastecer al mercado estadounidense, que poco después vivió el auge del fracking y se vio inundado de gas natural licuado (GNL). Los españoles no pudieron reconvertir el negocio para abastecer a Europa, muy necesitada de este recurso tras la guerra de Ucrania, debido a la falta de conexiones y a las limitaciones impuestas por los pueblos indígenas. En este sentido, la cumbre que se celebrará los días 29 y 30 de octubre en Montreal «debería convertir la asociación sobre 34 materias primas críticas en un escudo de abastecimiento mutuo y reforzar la cooperación en el sector minero», señala una fuente del Gobierno de España. Se establecerá un mecanismo de comunicación directa entre la Comisión Europea y el Ministerio de Recursos Naturales de Canadá para lograrlo. El primer ministro de Estados Unidos se dirigirá este jueves al Parlamento Europeo para explicar los planes de las nuevas alianzas. Más allá de este marco de colaboración, en octubre se firmará el Proyecto de Alta Visibilidad de la OTAN sobre Materias Primas Críticas (puesto en marcha en la Cumbre de Ankara), que vincula directamente a Canadá con nueve Estados de la Unión, entre ellos España, para crear canales logísticos cerrados para la adquisición, el almacenamiento, el transporte y la gestión de minerales reciclados destinados exclusivamente a la producción y la industria de defensa transatlánticas. Ya existe un Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá y la UE, conocido por las siglas CETA, que aún no ha sido ratificado por varios países europeos y que no acaba de arrancar debido a la falta de conexiones. La prensa especializada canadiense lleva tiempo lamentando la infrautilización de las capacidades y el escaso volumen de comercio con Europa. Estas voces instan a que el cobalto se envíe a las refinerías de Finlandia para reducir la dependencia de la República Democrática del Congo o también abogan por la exportación de grafeno a Alemania, lo que aliviaría la dependencia del sector automovilístico respecto a China. Canadá es una superpotencia mundial en el sector minero, con algunas de las empresas más grandes del mundo con sede en su territorio, especialmente en la denominada «franja pirítica», que atraviesa el oeste del país con yacimientos de cobre, zinc y plomo. Muchas de las empresas que operan en España en este ámbito también son canadienses. Con los acuerdos que se firmarán en octubre, la primera operación financiera directa del Banco Europeo de Inversiones (BEI) en territorio canadiense estaría a punto de concretarse. También es fundamental lograr la homogeneización de los criterios de sostenibilidad empresarial (ESG) para normalizar el origen de los minerales, uno de los requisitos establecidos por la UE en su Ley de Minerales Críticos y que muchos países del mundo no cumplen. Así, en el marco de una asociación estratégica entre los veintisiete y el país norteamericano, el objetivo sería «incorporar a Canadá al acervo normativo de la Unión Europea», según resume una de las fuentes del Gobierno español, y garantizar la relación preferencial entre ambos territorios con el fin de asegurar el suministro y el desarrollo de proyectos conjuntos.
