Estados Unidos ha desplegado ante México y Canadá su hoja de ruta hacia la próxima revisión del TMEC. En la antesala de la máxima revisión trilateral del acuerdo comercial en seis años, Washington ha elevado el pulso tras anunciar su intención de imponer nuevas tasas del 10% al 12. 5% a más de 60 países -entre ellos sus socios comerciales norteamericanos- por supuestos incumplimientos para frenar el trabajo forzoso. Aunque la medida aún requiere un proceso de consulta y aprobación, supone un nuevo desafío a los principios del libre comercio en el marco del TMEC. Paralelamente, esta semana tanto México como Canadá han formalizado su petición de prorrogar el tratado comercial 16 años más. Seguir leyendo
Mientras Washington intenta aplicar nuevas medidas arancelarias a más de 60 países, Canadá y México piden la prórroga del acuerdo norteamericano por 16 años más.
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Para avanzar en la próxima revisión del TMEC, Estados Unidos ha enviado su hoja de ruta a México y Canadá. En la antesala de la máxima revisión trilateral del acuerdo comercial en seis años, Washington ha elevado el pulso tras anunciar su intención de imponer nuevas tasas del 10% al 12. 5% a más de 60 países -incluidos sus socios comerciales norteamericanos- por supuestos incumplimientos para frenar el trabajo forzoso. Aunque la medida aún requiere un proceso de consulta y aprobación, supone un nuevo desafío a los principios del libre comercio en el marco del TMEC. Paralelamente, esta semana tanto México como Canadá han formalizado su petición de prorrogar el tratado comercial 16 años más. La semana pasada, una comisión de la U. S. UU viajó a Ciudad de México para llevar a cabo la primera ronda de negociaciones sobre el TMEC. Después de tres días de trabajo, EE. UU. informó que los negociadores abordaron temas relacionados con las reglas de origen del sector automotriz, acero y aluminio y seguridad económica. Fuentes cercanas a las mesas de trabajo confirmaron a EL PAÍS que el planteamiento prioritario del equipo estadounidense es elevar las reglas de origen de las exportaciones automotrices e implementar un requisito similar en la fundición y colada de aceros y aluminio. El Gobierno de Trump afirmó que las conversaciones concluyeron con un mensaje clave: la reducción del déficit comercial con México y el fortalecimiento de las cadenas de suministro estadounidenses. «Estados Unidos sigue insistiendo en la importancia de garantizar que el acuerdo beneficie a los fabricantes, agricultores, ganaderos, trabajadores, proveedores de servicios y empresas de todos los tamaños de Estados Unidos, así como de abordar los abusos de terceros países», señaló por escrito la oficina del representante comercial estadounidense (USTR, por sus siglas en inglés). Actualmente, los vehículos fabricados en Norteamérica deben cumplir un 75% de contenido regional para acceder a los beneficios arancelarios del TMEC. La propuesta de Washington, adelantada por The Wall Street Journal, apunta al requisito de que más de la mitad de un vehículo tenga fabricación norteamericana, lo que supondría un cambio de perspectiva, de priorizar el contenido norteamericano a primar a los productores norteamericanos, en detrimento de las industrias de Canadá y México. Aunque en el documento la revisión del acuerdo es trilateral, en realidad, las conversaciones con México han sido bilaterales. Los planes entre Estados Unidos y su vecino del sur ya tienen marcadas dos fechas cruciales en su calendario: a mediados de junio para una reunión en Washington y una tercera ronda en México en la semana del 20 de julio. A menos de un mes de que comience el plazo formal para la evaluación, el próximo mes de julio, Canadá no ha sido convocada a las negociaciones. La primera ronda de negociaciones en México estuvo marcada por la ausencia de última hora del titular de la USTR, Jamieson Greer, e incluyó la visita a Palacio Nacional del embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, y de representantes de la iniciativa privada de ambos lados de la frontera. Entre los empresarios convocados estuvieron el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), José Medina Mora, y Óscar del Cueto, presidente de la Cámara Americana de Comercio en México. Del lado mexicano, también asistieron Altagracia Gómez Sierra, enlace empresarial con el actual gobierno, y Diana Alarcón, actual representante de México ante el Banco Mundial. Durante el largo proceso hacia la revisión del TMEC, México ha pasado de la estrategia de «cabeza fría», evitando la confrontación directa con Trump, al «no tenemos prisa». El secretario mexicano de Economía, Marcelo Ebrard, admitió recientemente que las conversaciones con EEUU serán «complejas» y «difíciles», pero aseguró que se está avanzando para reducir incertidumbres. Para el equipo mexicano, uno de los principales asuntos a tratar con EE. UU. son los aranceles sectoriales que aún pesan sobre sus exportaciones de acero y automóviles. México tiene un arancel más favorable que otros países, pero esto se debe precisamente al TMEC, que ha dado lugar a la recaudación del 50% de sus envíos de acero y aluminio, así como a una tasa de hasta el 25% sobre los vehículos sin contenido estadounidense. El asunto no es menor. México es el principal socio comercial de Estados Unidos con exportaciones anuales por más de 500 mil millones de dólares y, pese a las medidas proteccionistas de Trump, el músculo exportador mexicano sigue en ascenso. Tan sólo en el primer trimestre del año, los envíos superaron los 13 mil millones de dólares, un incremento de 5% respecto al mismo periodo de 2025. A pesar de este fuerte comercio, la junta bilateral diseñada por los republicanos converge en las demandas al gobierno mexicano en materia de inmigración, tráfico de drogas y seguridad. Con este cruce de agendas, la Administración de Sheinbaum ya hizo algunas concesiones como el envío de agentes a su frontera norte para contener la migración, el envío de más de 90 personas a EE. S. sistema de justicia y elevar aranceles a más de mil productos provenientes de países con los que México no tiene tratados comerciales, entre ellos China, sin embargo, la postura de la Administración Trump sobre el TMEC sigue pendiendo de un hilo y, ante el nuevo calendario de las próximas negociaciones, tanto especialistas empresariales como señalan que el tratado comercial de América del Norte. Luis de la Calle, fundador de la consultoría de los Calle, Madrazo, Mancera y experto en comercio internacional, señala que para México la principal preocupación debe ser sobre los aranceles sectoriales ya en marcha y en evaluación, ya que, de llegar a julio sin un consenso sobre el TMEC, sin embargo, el acuerdo seguirá vigente, sólo cambiaría de un modelo de revisiones anuales. «El problema que tenemos es que todo depende de convencer a una persona, el Presidente de Estados Unidos. Creo que México no debe tener prisa, porque si tienes prisa terminas aceptando algo que no es positivo», zonja. . Ante los reflectores, tanto México como Estados Unidos reportaron pláticas «cordiales», avances y voluntad de diálogo. Sin embargo, puertas adentro, las líneas tácticas comienzan a marcarse: el Gobierno de Sheinbaum, ahora en sintonía con Canadá, ha mantenido su reclamo por la integración comercial de América del Norte, bajo los auspicios del TMEC, para frenar a otras regiones como Asia. Por otro lado, Washington eleva la presión con su propia agenda arancelaria para devolver el músculo industrial a casa. El resultado de cada estrategia se conocerá en las próximas semanas.
