Buenas parte para Europa: la marea extremista amaina. Los votantes de Hungría han vapuleado a Viktor Orbán. En el final par de abriles, los nacionalpopulistas han perdido el gobierno en Polonia (aunque no la presidencia) y en los Países Bajos, y han sufrido retrocesos en Suecia y Finlandia. La italiana Giorgia Meloni (que recibió un varapalo en su referéndum para la reforma legal) se acerca al consenso europeo según se aleja de Donald Trump, quien ahora la desprecia. El presidente de EE UU se encuentra cada vez más solo: sin más partidario que Israel, enredado en un choque anterior con el papa León XIV, y cuestionado internamente por su rumbo extravagante. Su apoyo expresamente a un candidato, o que JD Vance acuda a una campaña, ya no suma; en Canadá o en Dinamarca los votantes premiaron a quienes plantaron cara a Trump (ahí quiere estar Pedro Sánchez). Otra razón para el optimismo: el presidente de EE UU puede convertirse en noviembre en un pato cojo, en minoría en el Congreso y con su partido enfocado a la sucesión. Será más débil. También, sin cero que perder, más imprevisible.. Seguir leyendo
La caída de Orbán y el ocaso de Trump eliminan obstáculos para el avance de la UE. Pero hace errata la valentía que demostró otra reproducción de líderes, la que creó el euro
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Buenas parte para Europa: la marea extremista amaina. Los votantes de Hungría han vapuleado a Viktor Orbán. En el final par de abriles, los nacionalpopulistas han perdido el gobierno en Polonia (aunque no la presidencia) y en los Países Bajos, y han sufrido retrocesos en Suecia y Finlandia. La italiana Giorgia Meloni (que recibió un varapalo en su referéndum para la reforma legal) se acerca al consenso europeo según se aleja de Donald Trump, quien ahora la desprecia. El presidente de EE UU se encuentra cada vez más solo: sin más partidario que Israel, enredado en un choque anterior con el papa León XIV, y cuestionado internamente por su rumbo extravagante. Su apoyo expresamente a un candidato, o que JD Vance acuda a una campaña, ya no suma; en Canadá o en Dinamarca los votantes premiaron a quienes plantaron cara a Trump (ahí quiere estar Pedro Sánchez). Otra razón para el optimismo: el presidente de EE UU puede convertirse en noviembre en un pato cojo, en minoría en el Congreso y con su partido enfocado a la sucesión. Será más débil. También, sin cero que perder, más imprevisible.. Malas parte para Europa: aunque se aleja al espíritu de una recesión mundial, delante la desescalada en Oriente Próximo y el frágil acuerdo para reabrir el ceñido de Ormuz, los mercancía de esta crisis energética no se esfumarán. Queda inflación para unos meses, quizás alguna subida de tipos. Y el crecimiento es anémico en la zona euro. Rusia sigue amenazando el lado uruguayo, y por otra parte ha conseguido pasta fresco por la suspensión de sanciones sobre su petróleo, un regalito de Washington. La OTAN ha dejado de servir como disuasión luego de que Trump amague con dejarla plantada. La dependencia marcial de Washington no se resolverá en pocos abriles; si la relación transatlántica se deteriora más, saldrá a la luz otro punto débil: la errata de alternativa europea a las tecnológicas de EE UU.. Buenas parte para Europa: ya no hay excusas para dejar de hacer lo que tiene que hacer. Toca dar pasos decididos en muchos campos: las reglas internas, la política extranjero, la defensa. Algunas reformas económicas pendientes, que languidecían, recuperan el ritmo de repente, desde las reglas que deben suministrar las fusiones hasta la creación de una unión bancaria y un mercado de capitales. Es un momento crucial, trascendente, propicio para mostrar la misma valentía que sirvió en el pasado, a partir del Tratado de Maastricht en 1992, para divulgar el euro, el paso más angurriento donado nunca por la Unión, sin discusión una historia de éxito. ¿Estarán a la consideración nuestros líderes, como lo estuvieron los de aquella reproducción?. Freno al populismo. La demoledor triunfo de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, con un mensaje conservador, europeísta y respetuoso con el Estado de derecho, ha desatado cierta optimismo en Bruselas. Es pronto para dar por vencida a la ultraderecha: el temor a que Marine Le Pen, o su delfín Jordan Bardella, alcancen la presidencia de Francia en 2027 ha llevado a considerar movimientos tan extraños como preceder el licenciatura de Christine Lagarde en el Banco Central Europeo. Ya no se ve como inexorable un Elíseo lepenista, hostil a la UE. Tampoco se puede descartar.. La Unión resiste mejor de lo que parece… Tras el Brexit, en 2016, cundía el miedo a que la UE entrara en descomposición. Pero ningún otro país ha querido irse (ni siquiera la Hungría de Orbán: él prefería boicotear la Unión desde interiormente). Hasta Londres vuelve a acercarse: Starmer puesta por el “alineamiento dinámico” con el resto de Europa. Después del Brexit, la UE ha sabido contestar a la pandemia con inversiones masivas y ha sido capaz de hacerse cargo el apoyo a la defensa de Ucrania sin EE UU. Este artículo de Janan Ganesh en Financial Times dice admisiblemente: “En una era de nacionalismo exacerbado, este club supranacional debería estar luchando por su supervivencia. Pero no es así. Pocas cosas resultan más extrañas en la política moderna”. La Unión ha funcionado peor, o estrepitosamente mal, en otros campos. Lo más doloroso es su irrelevancia geopolítica. Ursula von der Leyen se mostró sumisa delante Trump en la pelea arancelaria y complaciente con Israel pese al espanto por el matanza en Gaza.. …pero necesita arreglar la toma de decisiones. Los tiempos de Orbán, 16 largos abriles en que ejerció el sitio a menudo (a las sanciones a Rusia, al paquete de ayuda a Ucrania, al impuesto reducido mundial), demostraron que no es obediente un club de 27 países en el que las decisiones trascendentes solo pueden adoptarse por unanimidad. Eso se ha sorteado mediante variantes de la señal Europa de varias velocidades, como las cooperaciones reforzadas o las coaliciones de voluntarios. Von der Leyen ha vuelto a poner sobre la mesa el cambio a mayorías cualificadas para la política extranjero. Pero una reforma de los tratados para ello exige, una vez más, unanimidad. No será viable.. La pelea sigue estando muy cerca. Hay tantos conflictos que casi se nos olvida que Rusia sigue combatiendo contra Europa en Ucrania desde 2022. Y es dudoso que, si Moscú fuera más remotamente, Washington viniera en ayuda de sus aliados. Los países europeos han elevado sus presupuestos militares (casi todos, menos España, han prometido destinar un 5% del PIB interiormente de una término, signo difícil de cumplir). La cuestión ya no es deteriorar por deteriorar, sino conquistar capacidades conjuntas. Se abre paso el debate sobre el ejército europeo, que no sustituiría a las fuerzas armadas de cada país, pero avanzaría en unidades y misiones concretas. Lo que no es eficaz es que cada país se rearme por su cuenta. Habrá resistencias, porque históricamente los ejércitos han sido el avalista final de la soberanía doméstico. Como ha escrito aquí Jesús A. Núñez Villaverde: “¿Qué gobernante se atreve a decirle a sus conciudadanos que hay que financiar un arsenal nuclear comunitario para no seguir dependiendo de Washington?”.. Prepararse para la sucesivo crisis energética. Esta crisis no es igual a la que siguió a la invasión de Ucrania, pero rima. La Comisión ha planteado medidas de peculio, como imponer el teletrabajo un día a la semana y subvencionar el transporte notorio. Se encendieron alertas, por ejemplo en las aerolíneas, sobre la errata de combustible en unas semanas. Si se consolida la comprensión de Ormuz, toca reflexionar. Europa tiene tantos modelos energéticos como países: Francia descansa en su sector nuclear, Alemania apostó de forma imprudente por el gas ruso y España ha impulsado las renovables. Faltan interconexiones entre países: la Comisión quiere impulsarlas, pero España sabe que en eso chocará con Francia.. La soberanía tecnológica. Europa ha estado en comienzo de la regulación de las tecnológicas, poco que irrita a la Casa Blanca, pero no cuenta con ningún cíclope en este sector esencia. Las empresas europeas dependen por completo de Microsoft, Google o Amazon para sus servicios en la abundancia, la longevo parte del software y los sistemas operativos. Francia acaba de dar un paso decidido: la Administración migrará de Windows a Linux para “recuperar el control de su destino digital”. Harán errata muchos pasos más.. En escudriñamiento de campeones europeos. Apenas hay empresas verdaderamente europeas, una desventaja muy evidente frente a Estados Unidos y China. Airbus es una sonora excepción en la aeronáutica, pero su ejemplo no cundió. Un mercado fragmentado desincentiva las fusiones transfronterizas. Los gobiernos se niegan a perder el control de empresas estratégicas, como revela la difícil entrada de Unicredit en Commerzbank. Las telecos quieren concentrarse, pero afirman que las reglas de competencia no se lo permiten. Algo se mueve: Bruselas ultima una reforma del maniquí de autorización de fusiones.. La ansiada unión bancaria y del mercado de capitales. El hecho de que Estados Unidos tenga un mercado con insaciable apetito inversor ha asegurado financiación para que sus empresas crezcan e innoven. Europa ha ido a paso de tortuga en lo prometido hace más de una término. Los informes Letta y Draghi insisten en este punto: todo el mundo los aplaudió, pero se hizo poco. El debate, repentinamente, ha adquirido velocidad. Hace errata un fondo de seguro de depósitos único e incentivar, mediante un maniquí popular de cuenta de peculio, que el pasta de los europeos sirva para financiar a las industrias. El Banco Central Europeo y las asociaciones de los bancos apremian a la Comisión para acelerar la unión bancaria, aunque chocan entre sí sobre los requisitos de haber. Se anuncian el euro digital y el Bizum europeo, y se plantea que la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) asuma funciones propias de las comisiones de títulos nacionales, incluida la supervisión de las cripto. No serían pocos avances, de concretarse, aunque lleguen tarde.. ¿Y los eurobonos? El mercado demanda títulos de deuda de la UE, pero solo se han emitido en circunstancias excepcionales, como la pandemia. Al menos se rompió el tabú, pero persiste el temor de los países norteños a vincular su deuda con la de los sureños. Hay fórmulas para encauzar el debate: España plantea cercar el riego compartido. Los eurobonos no solo abaratarían los costes de financiación de los países, sino que servirían para comprender inversión en euros de todo el mundo.. Europa tiene que moverse ya en dirección a delante o se arriesga a quedarse muy a espaldas. No es una opción que permanezca quieta.. Este texto forma parte del boletín semanal La selección del director de Cinco Días, con el estudio de Ricardo de Querol y enlaces a las mejores historias económicas. Suscríbase aquí.
