La encíclica «Magnify Humans», cuyo subtítulo trata sobre la tutela del ser humano en la era de la inteligencia artificial, lanza una clara advertencia: el mayor riesgo de la IA es humano y político. Se aprecia que, entre las fuentes que inspiran su tesis, León XIV no es ajeno a Freud y Lacan. A partir de ahí, construye un diagnóstico que busca hacer comprensibles los problemas de nuestro tiempo mediante una crítica a la ideología del deseo desenfrenado, promoviendo un levantamiento contra un régimen que consagra el goce absoluto: el goce sin trabas, la aspiración a una vida sin obstáculos ni responsabilidades hacia el prójimo o el medio ambiente. Una lógica inflacionista que se ha alejado de la dimensión moral y espiritual para centrarse en el exceso, ya sea en la búsqueda de un estatus basado en la mercantilización del cuerpo y un consumo banal, o en la expansión de un productivismo reforzado por suplementos como la testosterona, que exalta el dominio masculinizado. Esta fórmula autosuficiente se ha impuesto casi sin resistencia, impulsada por mecanismos técnicos cada vez más sofisticados y seductores que encuentran en la IA su significado dominante. Seguir leyendo
Al eliminar todas las restricciones y la espera, la IA alimenta un sistema autoritario que garantiza el disfrute sin restricciones.
Fuente RSS de MRSS-S News
La encíclica «Magnify Humans», cuyo subtítulo trata sobre la tutela del ser humano en la era de la inteligencia artificial, lanza una clara advertencia: el mayor riesgo de la IA es humano y político. Se aprecia que, entre las fuentes que inspiran su tesis, León XIV no es ajeno a Freud y Lacan. A partir de ahí, construye un diagnóstico que busca hacer comprensibles los problemas de nuestro tiempo mediante una crítica a la ideología del deseo desenfrenado, promoviendo un levantamiento contra un régimen que consagra el goce absoluto: el goce sin trabas, la aspiración a una vida sin obstáculos ni responsabilidades hacia el prójimo o el medio ambiente. Una lógica inflacionista que se ha alejado de la dimensión moral y espiritual para centrarse en el exceso, ya sea en la búsqueda de un estatus basado en la mercantilización del cuerpo y un consumo banal, o en la expansión de un productivismo reforzado por suplementos como la testosterona, que exalta el dominio masculinizado. Esta fórmula autosuficiente se ha impuesto casi sin resistencia, impulsada por mecanismos técnicos cada vez más sofisticados y seductores que encuentran en la IA su significado dominante. Seguir leyendo
