Decía John Steinbeck que las personas no inician viajes, sino que los viajes inician a las personas. Algo parecido podríamos decir de los países. España emprendió hace años el viaje hacia la modernidad, y es ese propio tránsito el que nos tiene que transformar como país. Por eso, la aventura debe continuar.. Seguir leyendo
Necesitamos estabilidad regulatoria y seguridad jurídica para poder acometer inversiones de largo recorrido
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Decía John Steinbeck que las personas no inician viajes, sino que los viajes inician a las personas. Algo parecido podríamos decir de los países. España emprendió hace años el viaje hacia la modernidad, y es ese propio tránsito el que nos tiene que transformar como país. Por eso, la aventura debe continuar.. Si nos apartamos un poco del ruido y tomamos algo de perspectiva, podremos valorar lo que hemos avanzado y dónde nos encontramos hoy, principalmente para quien nos ve desde fuera. Somos la decimosegunda economía del mundo y la cuarta de la UE; los analistas destacan nuestras buenas cifras y perspectivas de crecimiento en medio de un convulso panorama internacional; se nos señala como uno de los países mejor posicionados y con mayores recursos para realizar con éxito la transición ecológica; y encadenamos cuatro años consecutivos atrayendo inversión extranjera por más de 30.000 millones de euros.. Modernidad implica innovación, y para hacerla crecer es fundamental atraerla. En este aspecto, podemos decir que España es un buen país para venir, para quedarse y para empezar, como refleja el informe Innovación España 2026, que hemos presentado este año con el CDTI. Contamos con muy estimables infraestructuras para los negocios, tanto de comunicaciones como tecnológicas; se nos destaca como uno de los países con más talento para hacer innovación y gente preparada para asumir riesgos; tenemos un importante potencial en los sectores emergentes que van a mover la economía mundial, como la biotecnología, las renovables o la industria aeroespacial; nuestros recursos naturales nos convierten en un escenario idóneo para la economía circular, la eficiencia energética y la regeneración ecológica; estamos desarrollando un entorno normativo para impulsar la I+D pública y privada, y de hecho, en los últimos cinco años, esa inversión está repuntando y ganando peso en nuestro PIB; y somos un enclave estratégico para empresas que quieran dar el salto a mercados de la UE, América Latina y el norte de África.. Pero ese viaje debe proseguir. Es más, nos queda mucho camino por recorrer, mucho que modernizar. Voltaire nos invitó a juzgar a las personas por sus preguntas, más que por sus respuestas. Y en materia de inversión e innovación tenemos trascendentales preguntas que hacernos. Las empresas instaladas en España, algunas desde hace más de un siglo, podemos ratificar las buenas condiciones para traer proyectos innovadores. Pero también nos corresponde interpelar cómo y en qué podemos mejorar para llegar a ser uno de los principales polos mundiales de atracción de innovación. Hablamos además de innovación desarrollada en nuestro país, que trasciende fronteras y contribuye al progreso global.. Nuestras preguntas tienen que ver con la estabilidad regulatoria y la seguridad jurídica, que nos permitan acometer inversiones de largo recorrido sin la incertidumbre que provocan los vaivenes normativos; con políticas fiscales que favorezcan la innovación que hacemos, teniendo en cuenta que nuestro marco de incentivos a la I+D es uno de los más atractivos de la UE, pero también uno de los más revisionistas, y además necesita actualizarse a los nuevos ciclos de la innovación y al auge de tecnologías como la inteligencia artificial (IA), los modelos predictivos o la automatización avanzada; preguntamos también por la aplicación de procesos administrativos simples, ágiles y transparentes, que mitiguen la complejidad técnica que supone acreditar actividades innovadoras; por nuestros índices de inversión pública y privada en I+D, que aun habiendo crecido en estos últimos años se mantienen por debajo de la media europea y lejos del objetivo del 3% del PIB marcado para 2030; y a pesar de nuestra buena base de ingenieros, licenciados superiores y doctorados, otra gran pregunta es cómo vamos a formar a los profesionales que vamos a necesitar si queremos ser actores principales en la transformación tecnológica.. Tengamos en cuenta que, para las filiales de empresas multinacionales, las inversiones que hacemos tienen un doble efecto: generan riqueza, empleo, transferencia de conocimiento y ecosistemas innovadores en los territorios donde las desplegamos; pero, además, tienen la misión de convertirse en un activo estratégico para compañías que ofrecemos productos y servicios en todo el mundo. El primer efecto es el que más nos estimula; pero el segundo es determinante para la toma de decisión en nuestras organizaciones. De ahí que necesitemos respuestas claras y predecibles. Como embajadores de España que somos ante nuestras corporaciones, nada nos ilusiona más que presentarnos como un país imbatible a la hora de pujar con otros por la atracción de grandes proyectos.. Sabemos que la innovación es el motor esencial para activar las sociedades y para dar respuesta a los retos económicos, sociales y medioambientales. Su efecto es multiplicador y transversal a la economía, la industria, la formación y el empleo. Como apuntan diferentes estudios, cada euro que se invierte en I+D genera, en función del sector, entre 1,6 y tres euros que no caen en el vacío: van a mejorar los servicios públicos, a crear más y mejor empleo, a cimentar sociedades del conocimiento, a vertebrar economías y sociedades y, también hay que decirlo, a las arcas del Estado en forma de impuestos.. Si atendemos a los rankings de innovación que periódicamente se publican, observamos que son los países más ricos los que habitualmente los lideran. Pero el error sería pensar que innovan más porque son más ricos. Lo son porque innovan más. Incorporarnos a ese grupo debería ser una prioridad de todos, empresas, instituciones y sociedad en general. España ha demostrado sobradas veces su capacidad para superarse y ser ejemplo de país que alcanza grandes metas a través de la colaboración y el esfuerzo colectivo. Sin duda tiene argumentos para posicionarse como destino de la mejor innovación. Pero pensemos también que la innovación puede ser nuestro mejor destino. Ese es el viaje que nos transformará, y el verdadero éxito será hacerlo juntos.. Sergio Rodríguez, presidente de la Fundación I+E.
