Nacido en Barcelona hace 48 años, Jordi Muntañola lleva algo más de un año al frente del grupo farmacéutico Salvat. El director general de esta empresa con 70 años de historia, 500 trabajadores y que superó la barrera de los 100 millones de facturación en 2025, ha puesto en marcha un plan de transformación para lograr «un crecimiento más rentable, una mayor internacionalización y ser la empresa más reconocida y ambiciosa del sector». Seguir leyendo
El director general de la empresa farmacéutica, casado y con cuatro hijos, busca tiempo para sí mismo. Su mejor momento: el café de la mañana
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Nacido en Barcelona hace 48 años, Jordi Muntañola lleva algo más de un año al frente del grupo farmacéutico Salvat. El director general de esta empresa con 70 años de historia, 500 trabajadores y que ha superado la barrera de los 100 millones de facturación en 2025, ha puesto en marcha un plan de transformación para lograr «un crecimiento más rentable, una mayor internacionalización y convertirse en la empresa más reconocida y ambiciosa del sector». Pregunta. Es biólogo molecular y ha trabajado anteriormente en laboratorios de I+D. ¿Tienes una bata blanca o un traje de chaqueta? La bata blanca la colgué. Me quedo con lo que pude aprender en el laboratorio, que me dio la capacidad de entender la ciencia, el pensamiento científico que aplico en mi día a día: la parte analítica y tratar de acertar y descartar lo que no funciona. Y, naturalmente, el traje me lleva a tener un impacto en los negocios y en las personas. P. ¿En qué dedicas tu tiempo libre? R. Ahora mismo, mi familia ocupa una parte importante de mi tiempo. La Generación X, los Millennials, la Generación Z, la Generación Alfa y la Generación Beta viven conmigo en casa. Con mi mujer, mis cuatro hijos, de 16 y 14 años, y un bebé de cuatro meses. Además de dedicarles tiempo libre, intento buscar tiempo para mí mismo: para hacer deporte, mantenerme en forma y, sobre todo, gestionar la presión y el estrés. Aunque con la familia no tienes mucho tiempo para pensar en otras cosas. ¿Qué deporte practicas? Solía montar mucho en bicicleta. Y ahora mismo, sobre todo hago entrenamiento de fuerza y salidas a pie para aliviar un poco la tensión. P. ¿Tienes mucho estrés? R. No, la verdad es que he aprendido a manejarlo intentando incorporarlo a mi trabajo y siempre con una actitud positiva y optimista. Dedico mucho tiempo a visualizar el éxito: imagino cómo tienen que suceder las cosas y recurro a experiencias anteriores en las que he tenido éxito. Cuando tengo una dificultad o me enfrento a algo exigente, intento superarme a mí mismo; diría que con una mentalidad casi de deportista. La presión está ahí porque es tu responsabilidad, pero la experiencia acumulada a lo largo de los años te ayuda a saber cómo controlar el estrés. P. ¿Cómo se clasificaría? Soy una persona optimista y exigente a la que le gusta el movimiento y no el statu quo: una persona dinámica. Me gusta la cercanía y la autenticidad, el sentido del humor y la mentalidad positiva. Siempre miro hacia adelante, no para arrepentirme de las cosas, sino para buscar soluciones. Virtud principal y defecto principal. Como virtud, diría que soy flexible, pero con determinación. Tengo las cosas claras, intento escuchar a los demás y luego soy firme en mis decisiones. Y el defecto es que soy impaciente. Soy una persona ágil, me gusta ir rápido y ver resultados. En ese sentido, soy intensa. P. ¿Sabes desconectar? No tengo más remedio que desconectar con las cinco generaciones que tengo en casa. La palabra
