Kevin Warsh se ha convertido este miércoles en el nuevo presidente de la Reserva Federal tras obtener el visto bueno definitivo del Senado de Estados Unidos. Seguir leyendo
El economista de 56 años abandona la Fed en un momento crucial, cuando la Casa Blanca está sometida a una creciente presión para controlar la institución y a una nueva amenaza inflacionista.
Feed MRSS-S Noticias
Tras recibir la aprobación final del Senado de EE. UU. , Kevin Warsh ha sido nombrado presidente de la Reserva Federal. Tomará posesión de su cargo el miércoles. Tras un conocido proceso de nominación parlamentaria, el abogado, financiero y exgobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011 ha superado la prueba final del Capitolio al obtener al menos los 51 votos necesarios en la votación más partidista de la historia para la presidencia de la Fed. La tradición dicta que los presidentes de la Reserva Federal suelen contar con un apoyo mayoritario durante sus nombramientos con vales entre partidos, pero Warsh, propuesto por Trump y apoyado por los republicanos, sólo ha obtenido un voto del partido demócrata, el del senador por Pensilvania, John Fetterman. Durante el proceso de nominación, no logró despejar las dudas sobre su independencia respecto a Trump. Respondió con evasivas y bromas a preguntas sobre la salud actual de la economía e incluso evitó responder si Trump había perdido las elecciones en 2020 en detrimento de Joe Biden. Warsh, nacido en Albany (Nueva York) hace 56 años, llega a la presidencia en un momento en el que la autonomía de la Reserva Federal está cuestionada tras las maniobras de la Casa Blanca para controlarla. Sustituirá a Jerome Powell, cuyo mandato finaliza el viernes 15 de mayo, dejando un gran legado. Pasará a la historia como el hombre que salvó la economía estadounidense durante la pandemia de cólera y, sobre todo, que plantó cara a las amenazas de Trump y levantó un muro para defender la autonomía de la institución frente a las maniobras de la Casa Blanca para controlarla. El republicano coaccionó durante meses a Powell con insultos, amenazas y desprecios para que dimitiera o atendiera sus exigencias de bajar más los tipos de interés. La Administración Trump abrió una investigación penal e intentó destituir a otra gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, en un caso pendiente de la decisión del Tribunal Supremo. Por esas presiones, Powell se va, pero ha anunciado que se queda. Aunque termina su mandato como presidente, aún conserva, hasta 2028, su puesto como miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed. Aunque prometió mantener un perfil bajo, habrá que ver cómo influye en las próximas decisiones. El acto oficial de toma de posesión, aún por determinar, dejará una imagen para la posteridad con el traspaso de poderes. El cambio de una era. Powell a Warsh. El nuevo presidente debe demostrar si, cuando vienen mal dadas, sigue siendo fiel a Trump o cumple con una larga tradición de autonomía del poder político. Su nombramiento para un mandato de cuatro años se produce en un momento clave para la economía, en el que los precios están repuntando como consecuencia de la guerra en Irán. La inflación se disparó en abril al 3 8%, el nivel más alto en tres años, debido a la escalada de los precios de los carburantes, pero también hay un repunte de los alimentos y otros productos de la cesta de la compra. Warsh lleva meses armando argumentos para defender la rebaja de los tipos de interés que reclama el inquilino de la Casa Blanca, pero su aterrizaje en la institución conocida como la guardia del dólar se produce cuando crecen las dudas sobre si la Fed debe mantener los tipos o incluso subirlos antes de que tome cuerpo una nueva espiral inflacionista. Warsh llega en un momento decisivo para la institución, con nuevas presiones inflacionistas, los precios están en su nivel más alto en tres años a causa de la guerra en Irán, y con una idea clara de la dirección que quiere imponer a la Fed. Ha dicho que quiere un cambio de régimen: un tono más conservador de la política monetaria, que lleve a tipos más bajos, una colaboración más estrecha con el Departamento del Tesoro, una estrategia de comunicación menos expuesta para no comprometer decisiones futuras y un compromiso de reducir el balance, que considera sobredimensionado. Su aterrizaje no será fácil, con un Consejo de Gobernadores dividido como reflejo de la situación política. Debe aislar a la institución de este entorno conflictivo. Sólo sus decisiones le permitirán determinar si estuvo a la altura de su promesa de ser independiente o inclinada a seguir los consejos del presidente.
