El capitalismo tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, la infinidad de marcas de agua mineral que ofrece la máquina expendedora instalada justo al lado, precisamente, del dispensador de agua. Y solo una mala: mata. Sin ánimo de trivializar, por supuesto, esta podría ser una de las conclusiones de la 83. ª edición de un Festival que, al igual que el del año pasado, vuelve a situar el genocidio de Gaza en el centro de la atención. Si fue *Naza*, de Yuval Abraham y Rachel Szor, la que dejó al descubierto hasta la médula la vergüenza y la complicidad de muchos en el capítulo más vergonzoso del siglo XXI, el año pasado fue la voz de *Hind*, de Kaouther Ben Hania, la que se impuso con fuerza en la mirada y la conciencia de los espectadores. Los propios directores establecieron un paralelismo entre la actitud de Occidente ante el colonialismo y el meticuloso proceso de deshumanización con el que el capitalismo primitivo, el de las botellas de agua, acaba justificándolo todo, incluidas las mayores barbaridades.
«Naza», de Yuval Abraham y Rachel Szor, y «Un amor posible», de Lee Chang-Dong, marcan el punto álgido de la competición del Festival de Venecia, que deja para el final dos películas intensas, duras y comprometidas como la iraní «Un poco de luz» (* * *) y la italiana «Ritorno a Buenos Aires» (* * *)
El capitalismo tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, la infinidad de marcas de agua mineral que ofrece la máquina expendedora instalada justo al lado, precisamente, del dispensador de agua. Y solo una mala: mata. Sin ánimo de trivializar, por supuesto, esta podría ser una de las conclusiones de la 83. ª edición de un Festival que, al igual que el del año pasado, vuelve a situar el genocidio de Gaza en el centro de la atención. Si fue *Naza*, de Yuval Abraham y Rachel Szor, la que dejó al descubierto hasta la médula la vergüenza y la complicidad de muchos en el capítulo más vergonzoso del siglo XXI, el año pasado fue la voz de *Hind*, de Kaouther Ben Hania, la que se impuso con fuerza en la mirada y la conciencia de los espectadores. Los propios directores establecieron un paralelismo entre la actitud de Occidente ante el colonialismo y el meticuloso proceso de deshumanización con el que el capitalismo primitivo, el de las botellas de agua, acaba justificándolo todo, incluidas las mayores barbaridades. . Naza, que da la palabra a los miembros del ejército israelí a cargo de la demolición del territorio ocupado, sería el ejemplo estrella y más cruel de todo de esta deshumanización. La otra gran película del festival, Un posible amor, del coreano Lee Chang-Dong, también, a su modo y menos urgida por la presión de lo actual, habla de lo mismo. En este caso, la historia de presunta amistad entre una muy afortunada (cuando no solo pija) directora de documentales y la mujer de un obrero despedido de una fábrica sirve para elaborar un cuidadoso retrato de asuntos tales como la desigualdad, el privilegio, la deshumanización otra vez y, hemos llegado, el capitalismo de siempre.. En la misma línea, se podría citar Wild Horse Nine, de Martin McDonagh, cuyo viaje tragicómico a los orígenes del golpe de Estado en Chile en 1973 no es más que una metáfora, o simple símil, de lo que nos ocurre ahora; o el trabajo de Stéphane Brizé, Un bon petit soldat, dentro del departamento de recursos humanos de una gran empresa que también va por aquí, o, apurando, el fiero relato sobre la violencia contra las mujeres en las postrimerías de la Segunda Mundial a cargo de May el-Toukhy titulado Woman Unknown que no hace otra cosa que señalar el género de siempre el mismo fenómeno. Sí, capitalismo es sustantivo abstracto muy masculino. Bien es cierto, y para evitar suspicacias, que la Mostra ha habido para todos. DAU, del ruso Ilya Khrzhanovskiy, es monumental y es la mejor ilustración posible del gran fracaso económico, moral y más cosas del estalinismo. Y así.. Pero no nos despistemos, todo indica que igual que en la edición anterior el jurado tuvo que decidirse entre Jim Jarmusch y Gaza para entregar el León de Oro, este año, la disyuntiva se parece mucho. O Lee Chang-dong o la película que, sin duda, está destinada a ser (igual que lo fue No Other Land, de los mismos directores) el documental del año, la noticia del año, el único refugio para la dignidad del año. Es así.. En lo que respecta a las interpretaciones, se antojó mucho más alto el nivel de las actrices que el de los actores. No habrá directoras en competición (solo dos), pero lo cierto es que la ausencia «sistémica» –como dijo la presidenta del jurado Maggie Gyllenhaal– de la mujer en la historia del cine y en la historia de la Historia hace que nos falten sus historias y que, a fecha de hoy, sus historias sean mucho más interesantes. E historiadas. Por nuevas. Y por la Historia.. Si el León de Oro no es para Un posible amor, la Copa Volpi será con toda probabilidad para su protagonista, Jeon Do-yeon. Eso teniendo en cuenta que las peculiaridad del trabajo de las hermanas Mara (Kate y Rooney) en la película de Werner Herzog Buking Fastard, el descardo empeño de Mathilde Arcel F. en Woman Unknown y la vitalidad de Alba Rohrwacher en Un bon petit soldat son rivales más que dignos. Entre ellos, pocas interpretaciones a la altura de John Malkovich en la cinta de Martin McDonagh en la mejor exhibición de sí mismo en toda su carrera.. El director iraní Ali Asgari en la presentación de A bit of light.TIZIANA FABIAFP. En la línea de compromiso, denuncia e incomodidad con el mundo que parece haber presidido la Mostra, la sección oficial se cerró con dos películas eminentemente políticas y exageradamente desesperadas. Primero fue la iraní A bit of light, de Ali Asgari, empeñada no tanto en contar nada como en sentir algo. En el Irán de las revueltas, la dictadura y la desesperanza, un médico decide que ya basta. Sin dramatismo, sin gestos desmedidos y sin literaturas demenciales comunica a la familia que lo próximo que hará en la vida es sucidarse. Sin más. Como es un hombre ordenado y quiere a los suyos, antes ordena la vida, reparte las plantas y el gato, y explica uno a uno su propósito. La vida se le ha vuelto demasiado absurda para seguir adelante. Es más, no entiende dónde está la obligación de aguantar, de resistir o de penar porque sí, por mucho que lo diga la cultura del esfuerzo. Sin duda, y aunque duela, brillante.. Lo que sigue es una película delicada en su vacío perfectamente consciente. La cámara navega por la desesperanza con una autoridad libre de cargos de manera tan bella como profunda. Y muy sentida. En puridad, no pasa nada. No pasa nada más que la vida a punto de desaparecer para siempre. Suena muy pesimista y, aquí el milagro logrado por Asgari, para nada. Lo dicho, y pese a su modestia, muy brillante.. En otro registro, pero con la misma herida abierta de par en par, se presentó también Ritorno a Buenos Aires, del director chileno-italiano (pero con una nueva película ambientada en Argentina) Marco Bechis. El director de la inmisericorde y descomunal Garage Olimpo (1999) regresa a su más vívida obsesión. Estamos exactamente en el mismo sitio, en el más famoso, descarnado y triste de los lugares de memoria dejados por la dictadura militar de Videla y los suyos. Se cuenta la historia de, como dice el título, un regreso. El actor Adriano Giannini da vida a un hombre que, tras vivir en Buenos Aires de joven y haber sobrevivido al lugar de tortura, asesinato y humillación que fue el citado Garage Olimpo, debe volver para declarar en el juicio de los que fueron sus verdugos, de él y de tanto menos afortunados que él.. Bechis evita lo obvio de los colores primarios para centrarse en los claroscuros. ¿Qué es lo que hizo este hombre para mantenerse vivo entre tanta muerte? Y es ahí, en la posibilidad de la traición, el pecado o la simple voluntad de permanecer vivo donde habita una película emocional, directa, rigurosa y, lo qeu cuenta, plagada de grises.. Mañana, el palmarés. Mañana una nueva ocasión, y todas las que quedan, para volver a hablar de Naza, desde ya la película del año.
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