En tan solo unos días, el incendio ha arrasado más de 114 000 hectáreas en España. Solo los incendios de Ávila, Madrid y Toledo abarcan una superficie equivalente a más de seis veces el término municipal de Barcelona. Seguir leyendo
La virulencia de los incendios está ligada a la transición ecológica, un camino que España debe liderar en Europa. Fuente: MRSS-S News
En tan solo unos días, el incendio ha arrasado más de 114 000 hectáreas en España. Solo los incendios de Ávila, Madrid y Toledo abarcan una superficie equivalente a más de seis veces el término municipal de Barcelona. La negligencia, la imprudencia, la acción intencionada o un fenómeno natural explican cómo se inicia un incendio. Sin embargo, esa explicación merece ampliarse, porque también es necesario comprender por qué estos incendios son ahora más intensos, más agresivos y mucho más difíciles de controlar de lo que lo eran hace tan solo unas décadas. El binomio «cambio climático», del que oímos hablar constantemente, sobre todo como advertencia, modifica las condiciones que favorecen la propagación de los incendios, entre ellas temperaturas más altas, olas de calor más frecuentes, vegetación más seca y un riesgo cada vez más prolongado. Este es el resultado y el drama. ¿Consiste la lucha en perseguir a quienes provocan los incendios? Sin duda. Pero también radica en la prevención, en la gobernanza, en la coordinación entre instituciones y en la responsabilidad política. Esto depende de la planificación de los medios de extinción, de la vigilancia forestal, de la gestión del territorio y de tantas decisiones que, por falta de previsión, por un negacionismo absurdo o por la falsa sensación de que una tragedia así nunca llegará, se retrasan hasta que es demasiado tarde. También depende de la capacidad de reducir las causas que agravan estos fenómenos y de promover un modelo productivo que contribuya a proteger un país que hoy es diferente y más vulnerable. La sostenibilidad es una política económica importante que debemos tomarnos en serio porque salva vidas en este mismo momento. La transición ecológica se ha considerado durante muchos años como un equilibrio entre el crecimiento y la protección. Este enfoque resulta hoy insuficiente. La competitividad de las economías dependerá de su capacidad para producir menos emisiones, consumir menos recursos y reducir su exposición a los riesgos del cambio climático. La política industrial es, por tanto, fundamental para esta transformación, y España fue uno de los primeros países europeos en elevar la transición ecológica al más alto nivel de coordinación política, primero con un ministerio en 2018 y luego a través de una vicepresidencia a partir de 2020. De este modo, se reconoció que el cambio climático afecta a la energía, el agua, las infraestructuras, la ordenación del territorio, la movilidad y, cada vez más, a la política industrial y la competitividad. Por eso también fue clave la coordinación de la gestión pública con el Ministerio de Industria. Cabe recordar que esa misma visión se reflejó en «España 2050», el ejercicio de prospectiva presentado por el Gobierno en 2021 que situó la sostenibilidad como un elemento transversal del modelo productivo. Innovación, digitalización, transición energética o cohesión territorial
