La economía española mantiene el buen tono a pesar de los nubarrones que se acumulan en el horizonte mundial, y que acabarán llegando. La brecha de crecimiento se amplía con el resto de grandes economías europeas: El PIB ha avanzado un vigoroso 2 7% en la primera parte del año, sin apenas variación respecto a trimestres anteriores, mientras que el conjunto de la eurozona muestra una preocupante pérdida de ritmo, con un raquítico avance del 0. 8% (siempre en términos anuales). Continúa leyendo. Carburantes. La subida del precio de los hidrocarburos tras el estallido de la guerra en Irán ha repercutido en el precio final de los carburantes que pagan los consumidores. A finales de abril, la gasolina era un 4% más cara en España, incluso después de los recortes de IVA e impuestos especiales aprobados por el Gobierno, y el gasóleo se mantiene un 20% por encima del valor medio de febrero, absorbiendo totalmente los recortes. Por otro lado, a diferencia de lo ocurrido tras el estallido de la guerra en Ucrania, la factura de la luz no ha sufrido grandes cambios.
La pérdida de ingresos de los hogares es el principal riesgo para los sectores tractores de la economía nacional
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La economía española mantiene el buen tono a pesar de los nubarrones que se acumulan en el horizonte mundial, y que acabarán llegando. Las demás economías europeas significativas experimentan una brecha de crecimiento cada vez mayor: El PIB aumentó un fuerte 2, 7% en el primer semestre del año, con pocos cambios respecto a los trimestres anteriores, mientras que el conjunto de la zona euro muestra un inquietante descenso del ritmo, con un avance raquítico del 0, 8% (siempre en términos anuales). Sin embargo, estos resultados aún no tienen en cuenta la conmoción provocada por el conflicto de Oriente Próximo, y en particular el doble cierre del estrecho de Ormuz, que repercutirá en cómo se sentirán las cosas en los próximos meses. En este sentido, nuestro modelo de crecimiento es claro. En el lado positivo: los sectores más pujantes no están expuestos a la rápida escalada de los precios de la energía y otras materias primas, ni a las interrupciones de las cadenas de suministro que acompañan al cese del tráfico marítimo en el Golfo Pérsico. Tres sectores -servicios asociados al turismo y el comercio, actividades profesionales, científicas y técnicas, y construcción- representan dos tercios del crecimiento español del año pasado. Su contribución al comercio exterior es también notable, habida cuenta del aumento del 5. 6% en las exportaciones de servicios no turísticos, en términos deflactados, y del 3. 6% en el caso del turismo. Es poco probable que estos sectores conozcan los fenómenos de escasez o aumento brusco de los suministros a los que se enfrenta la industria manufacturera. Esta última proporciona 10. 6% del PIB, siete puntos menos que en Alemania, por ejemplo. Además, en sectores clave como la automoción o los bienes de consumo, China tiene una competencia feroz, de la que actualmente están exentos los servicios. En cualquier caso, en su conjunto, la industria española parece haber sorteado las crisis anteriores en mejores condiciones que sus homólogas europeas. En el trienio 2023-2025, el sector manufacturero crecerá un 5. 4%, que contrasta con el 1. 3% en la zona euro. Los efectos indirectos del conflicto geopolítico sobre uno de los pilares del dinamismo de los servicios y la construcción son la renta disponible de los hogares. En este sentido, preocupa el descenso de la capacidad adquisitiva como consecuencia del shock de precios. El IPC sube por encima del 3%, mientras que los salarios pactados en convenios suben por debajo de ese umbral. Y la brecha también es evidente en el resto de países europeos. En este entorno, la evolución de los ingresos de los hogares dependerá sobre todo del crecimiento del empleo y de las transferencias netas que los gobiernos decidan proporcionar, una vez bajen los impuestos. En el caso de España, el mercado laboral sigue tirando, aunque algo menos que el año pasado, pero en la eurozona las perspectivas apuntan a un menor dinamismo. El Estado, por su parte, tiene un margen de maniobra limitado por el elevado nivel de deuda, salvo en países como Alemania, donde el Equtivo, sin embargo, ha anunciado ajustes para aumentar el gasto en defensa sin agravar el déficit público. Este es un escenario de ralentización de la renta de las familias, principal factor que sostiene el bucle del consumo, la construcción y la actividad de los servicios. El turismo podría beneficiarse de la desafección de los destinos más cercanos a la zona de conflicto, aunque con un descenso del gasto medio por visitante, precisamente por la reducción del poder adquisitivo prevista para muchas familias europeas. Por supuesto, mucho depende del tiempo que se utilice el Estrecho de Ormuz. Un desenlace rápido, antes del verano, restablecería el momento expansivo. Más allá, las bases de nuestro patrón de crecimiento se verían afectadas, al tiempo que aparecerían grietas en mercados sobrevalorados, como el inmobiliario. La subida del precio de los hidrocarburos tras el estallido de la guerra en Irán ha repercutido en el precio final de los combustibles que pagan los consumidores. A finales de abril, la gasolina era un 4% más cara en España, incluso después de los recortes de IVA e impuestos especiales aprobados por el Gobierno, y el gasóleo se mantiene un 20% por encima del valor medio de febrero, absorbiendo totalmente los recortes. Por otro lado, a diferencia de lo ocurrido tras el estallido de la guerra en Ucrania, la factura de la luz no ha sufrido grandes cambios. Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En X:@RaymondTorres _
