Durante décadas, el mercado farmacéutico mundial se ha basado en un equilibrio de facto. Estados Unidos asumía una parte sustancial del coste de la innovación, gracias a unos precios más elevados, mientras que Europa garantizaba el acceso a los medicamentos a través de los sistemas públicos, lo que aumentaba el tamaño del mercado a cambio de precios más contenidos. Seguir leyendo
La nueva política de precios de EE. UU. hará que Europa tenga que esperar más tiempo para disponer de nuevos medicamentos
Fuente: MRSS-S News
Durante décadas, el mercado farmacéutico mundial se ha basado en un equilibrio de facto. Estados Unidos asumía una parte sustancial del coste de la innovación, sostenida por precios más elevados, mientras que Europa garantizaba el acceso a los medicamentos a través de los sistemas públicos, lo que aumentaba el tamaño del mercado a cambio de precios más contenidos. En los últimos meses, la política de «nación más favorecida» (NMF) de la Administración estadounidense ha vinculado el precio de los medicamentos en Estados Unidos a los niveles más bajos de otros países desarrollados. Washington ya no está dispuesto a asumir el coste relativo que supone mantener el acceso global a la innovación. Sin embargo, gran parte del sobrecoste se debe a una falta de eficiencia interna en EE. UU. , un mercado en el que los proveedores de servicios sanitarios carecen de incentivos para buscar la racionalidad económica, lo que se traduce en precios elevados para la administración sanitaria estadounidense. El efecto más inmediato no se observa tanto en los precios como en el acceso a la innovación: alrededor del 55 % de la facturación de la industria farmacéutica se concentra en Estados Unidos, frente a solo el 22 % en Europa, según la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (Eppia). Esta disparidad constituye el principal aliado económico del mercado estadounidense para el sistema y es un factor determinante en las estrategias generales de la industria. Si el precio fijado en Europa puede acabar influyendo en el de Estados Unidos, las empresas tenderán a proteger ese mercado. El resultado es una mayor cautela en los lanzamientos europeos. La innovación deja de desplegarse de forma simultánea y da prioridad a los mercados más grandes. De hecho, según un análisis de GlobalData, los lanzamientos de nuevos medicamentos en la Unión Europea se redujeron en torno a un 35 % en los diez meses posteriores al decreto de la Administración Trump de mayo de 2025, en comparación con los diez meses anteriores. Las consecuencias de esta reconfiguración recaen, ante todo, sobre los pacientes. Cuando la innovación llega más tarde, o lo hace de forma desigual entre países, el acceso ya no es homogéneo. El riesgo es evidente: retrasos en la disponibilidad de nuevos tratamientos y un acceso reducido a determinadas terapias. Al adquirir una dimensión sanitaria y social, la cuestión deja de ser únicamente económica. El impacto puede ser especialmente significativo en la industria biotecnológica. Las empresas más innovadoras, muchas de ellas pequeñas o medianas, dependen de entornos estables y predecibles para recaudar fondos y mantener sus programas de investigación. En este contexto, la creciente incertidumbre en los mecanismos de fijación de precios aumenta el riesgo. Y con ello, la posibilidad de que determinados medicamentos no se desarrollen o se trasladen a otros mercados en un momento en que Europa ya muestra
