El público equilibró el viejo clásico de noche. Diego Urdiales tocó el cielo de Madrid envuelto en su toreo de madurez, a sus 50 años, después de haber enseñado al Rey de España lo que es hacer y, sobre todo, el verdadero sentido del toreo a la verónica. Lo que es, fue y será. Diego violó su leyenda negra y sorteó la suerte de la gran corrida de Juan Pedro Domecq, con el premio especial de Mapaná. Puso su sello en la corrida de prensa que había puesto su foco y las mayores expectativas en el regreso de Roca Rey, que salvó o salvó su encuentro con Madrid con oreja, actitud y firmeza. Sí.
El veterano torero de Arnedo se arredra en un excelente lote tras levantar un monumento a la verónica, gran corrida de Juan Pedro Domecq, Roca Rey salda su regreso a Madrid en la Corrida de Prensa con una oreja
El público equilibró el viejo clásico de noche. Diego Urdiales tocó el cielo de Madrid envuelto en su toreo de madurez, a sus 50 años, después de haber enseñado al Rey de España lo que es hacer y, sobre todo, el verdadero sentido del toreo a la verónica. Lo que es, fue y será. Diego violó su leyenda negra y sorteó la suerte de la gran corrida de Juan Pedro Domecq, con el premio especial de Mapaná. Puso su sello en la corrida de prensa que había puesto su foco y las mayores expectativas en el regreso de Roca Rey, que salvó o salvó su encuentro con Madrid con oreja, actitud y firmeza. Sí. . A las 19.39, Diego Urdiales levantaba un monumento, el primero de ellos, a la verónica, tan ausente en esta feria de chicotazos. Urdiales se hundía en cada lance, encadenando el toreo, que brotaba como una expresión antigua. Y así se eternizó -nunca mejor traída la eternidad- hasta los medios, donde cayó sobre la boca de riego la media cargada de torería. El toro se había definido con prodigioso estilo sobre la mano derecha, algo más dormido por la izquierda, prometiendo el paraíso con el formidable modo de estirar su generoso cuello: las dibujadas hechuras del juampedro jugaban muy a su favor, una seriedad armónica. Un quite por el mismo palo del tronco madre del toreo de capa fue todavía más concentrado. Roca respondió por chicuelinas y tafalleras, una de ellas cambiada. Vale.. La faena empezó frondosa y torera, por la mano buena, la derecha, o sea. Pero algo faltaba en las series de Urdiales como para que trepasen. No acerté a descifrar qué. Si el final del toro o ese apretarse de verdad en Diego. El caso es que subió el diapasón por el pitón menos fluido, y eso llevó a que el clásico arnedano exigiese y se exigiese más, dibujando por naturales el mejor toreo. La faena se encontraba en la frontera de caer para un lado o para otro. Eso lo arregló con una gran estocada, quizá la estocada de la feria, sólo en reñida competencia con la suya propia del pasado día 15. Tan soberano espadazo disparó la obra hasta la oreja, primer giro de llave de la Puerta Grande. Verónica soberbia de Diego Urdiales al gran cuartoEfe. A las 20.30, Diego Urdiales volvió a cincelar el toreo a la verónica. El quite sucedió despacioso, fundido en una escultura, el toro y él, Diego y Mapaná, puro bronce.. A las 20.30, Diego Urdiales volvió a cincelar el toreo a la verónica, como si lo detuviese en el caluroso aire, para sublimarlo con su fuego hasta la excelencia. El quite sucedió despacioso, fundido en una escultura, el toro y él, Diego y Mapaná, puro bronce. Quedará para la historia. Como aquel otro quite que inmortalizó Rafael de Paula tal día como hoy (28 de mayo) de 1974. Hubo un lance exactamente, uno que paró el mundo a sus pies, y provocó el estallido de la plaza en el ole más rotundo de 18 días de San Isidro, un quejío, un quebranto, no sé. Qué barbaridad. Adquirió el toro de Juan Pedro Domecq toda su categoría en ese instante detenido, con su fino hocico, sus finas puntas, su afinada calidad. Y con una cosa superior al anterior de su lote: los finales, esa manera de colocar la cara hasta el último aliento, enterrándose. Urdiales sintió el aire que venía con su nombre por la Puerta Grande y brindó al corazón de Madrid.. Fue hermosísimo el prólogo de faena, los ayudados, doblándose con el toro hasta desembocar en una trincherilla sideral. La obra transcurrió con el hilo conductor de la belleza, el clasicismo, los detalles broncineos, a falta de hallar una unidad de destino en la elección de terrenos para reunir tanta riqueza con la categórica embestida de Mapaná. De pronto brotó por allí un cambio de mano de otro mundo, un mundo perdido, un mundo antiguo. El epílogo, a dos manos, como el prólogo, rodilla en tierra, desprendió el sabor de toda una carrera de pureza. La estocada, algo delantera, colocó certera la muerte. Fue bellísima y lenta, muy brava, con Diego enseñoreándose ante el Rey. Que ya había visto torear. Cuando Mapaná rodó, cayó la oreja necesaria para que el viejo clásico saliese a hombros. A Mapaná lo arrastraron entre palmas, con toda su grandeza.. Pase camiado por la espalda de rodillas de Roca Rey al quinto toro. La corrida de Juan Pedro siguió ofreciendo piezas de categoría como un quinto, así de bajo, descarado, otro toro notable. Roca Rey lo sintió en un quite por verónicas. Estilo había en el juampedro sobre el que el astro peruano construyó una faena sólida, física y ligada, ante un toro que pedía otro filifí, que diría Antonio Lucas. Un par de tandas de redondos derechazos, con la muleta cosida al hocico, casi al final la faena, la subieron mucho en intensidad. Un raro pinchazo antes de la estocada restó contundencia a la oreja. No a su actitud, ya digo. Que había sido encomiable con un toro negro con mucho más que torear de lo que aparentó, con el hándicap de darle el ritmo que no tenía, tan denso en su manejo, con la cara entre las manos entre series. Fue una labor sorda, un trabajo sin recompensa ni eco.. Bruno Aloi confirmó alternativa, en los albores de la tarde, con un toro muy movido -en todos los sentidos- y con otro que se desentendía en su manejable ser. El joven mexicano firmó su efeméride muy discretamente. Ya llevábamos casi tres horas de función. La gente quería sacar por la Puerta Grande al viejo clásico, mecer a Urdiales con toda su madurez a cuestas. Y yo quería agradecer a Juan Pedro el gozo de verlo salir a hombros por última vez.. MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Jueves, 28 de mayo de 2026. Décima octava de feria. Corrida de la Prensa. «No hay billetes». Toros de Juan Pedro Domecq, todos cinqueños; hechurados y serios; constituyeron una gran corrida; extraordinario el 4º; notable el 5º; muy bueno el 2º; se movió sin ritmo el más denso 3º; suelta la movilidad del 1º; más desentendido el 6º.. DIEGO URDIALES, DE AZUL PAVO Y ORO. Gran estocada (oreja); estocada delantera (oreja). Salió por la Puerta Grande.. ROCA REY, DE BERENJENA Y ORO. Estocada. Aviso (silencio); pinchazo y estocada. Aviso (oreja).. BRUNO ALOI, DE BLANCO Y ORO. Pinchazo, bajonazo, tres pinchazos y estocada. Aviso (silencio); pinchazo y estocada. (silencio).
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