Rafael de Paula (1940-2025), el irrepetible genio gitano del toreo, ya vive inmortalizado en bronce a las puertas de la plaza de toros de Jerez. Pasadas las 11 de la mañana de este luminoso 15 de mayo, la escultura de Martín Lagares veía la luz después de tanto tiempo esperando ser eso, monumento. Morante de la Puebla, alma mater del homenaje por el abono de toreros -de El Juli a Roca Rey a Juan Ortega y Pablo Aguado-, ganaderos -de Juan Pedro a Santiago Domecq a Fermín Bohórquez y Victorino-, empresarios -de Zúñiga a Matilla a Garrido y Garzón- y el Ayuntamiento de Jerez, habían concebido la idea de la escultura antes del fallecimiento de Paula, aquel triste domingo 2 de noviembre de 2025.
Morante de la Puebla había concebido la idea de la escultura antes de la muerte de Paula, aquel triste domingo 2 de noviembre de 2025
Rafael de Paula (1940-2025), el irrepetible genio gitano del toreo, ya vive inmortalizado en bronce a las puertas de la plaza de toros de Jerez. Pasadas las 11 de la mañana de este luminoso 15 de mayo, la escultura de Martín Lagares veía la luz después de tanto tiempo esperando ser eso, monumento. Morante de la Puebla, alma mater del homenaje por el abono de toreros -de El Juli a Roca Rey a Juan Ortega y Pablo Aguado-, ganaderos -de Juan Pedro a Santiago Domecq a Fermín Bohórquez y Victorino-, empresarios -de Zúñiga a Matilla a Garrido y Garzón- y el Ayuntamiento de Jerez, habían concebido la idea de la escultura antes del fallecimiento de Paula, aquel triste domingo 2 de noviembre de 2025. . José Antonio Morante guardaba en su refugio de La Puebla del Río el boceto en arcilla de lo que hoy es la escultura de Rafael, incluso llegó a enseñárselo en vida. Pero el genio, arrebolado de duendes y mengues, desechó la idea al verlo: «Yo no tengo los pies tan grandes». (Memoria de Morante). Corregida la escala o no, muerto el torero, aquí se levantaba su memoria, a las puertas de la plaza de toros de Jerez. Como si Morante hubiera comprometido su palabra con la historia.. Morante, vestido con un impecable traje gris de botonadura cruzada, sonreía hoy entre la satisfacción y la nostalgia de quien dotó de compás a su verónica durante el tiempo que duró su loco apoderamiento. Cerca estaba Pedro Trapote, mecenas y cuidador de Rafael de Paula, sustento de los últimos años de su vida aquí en Jerez. Había un sinfín de personalidades entorno a la inauguración, una lista inmensa que sobrepasaba con mucho la lista de la placa que nombraba a quienes habían aportado su porqué para la escultura de Rafael: la alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, Juan Antonio Ruiz «Espartaco», Carmen Tello sin Curro Romero, la familia de Rafael de Paula, Borja Domecq, Fermín Bohórquez, Pedro J. Marques y un larguísimo etcétera. El conductor del acto, Javier Bocanegra, arrancó pidiendo una ovación para Morante de la Puebla, «que ha hecho hoy un esfuerzo por estar esta tarde aquí». Y siguió el discurso la estela del recuerdo de Rafael.. El monumento a Rafael de paula, en Jerez, obra de Matín Lagares, con Morante de la Puebla durante la inauguración a las puertas de las plaza de toros.EL MUNDO. La banda municipal de Jerez interpretó el pasodoble del torero de La Puebla, que amenizó los primeros compases del tributo para luego adentrarse en el territorio musical. Intervino a continuación la alcaldesa de la ciudad: «Dicen, y es así, que el Paula paraba el tiempo con su capote. Jerez crece recordando a los suyos». Bernardo Soto, hijo de Rafael, tomó la palabra en nombre de la familia como agradecimiento. «Este monumento devuelve una parte de lo que mi padre entregó en el ruedo, el arte y también las fatigas». Y mentó, cómo no, a Morante como máximo promotor de la iniciativa, añadiendo a Pedro Trapote, Pedro J. Marques y al propio escultor a su discurso de gracias. No podía faltar la mención a Álvaro Domecq Romero, el gran rejoneador y ganadero jerezano, «que se fue casi a la vez de mi padre». Un artículo de su hermano Jesús Soto de Paula. Las palmas por bulerías inundaron el acto a pie de puerta grande.. Morante agradeció a la ciudad el cariño que «ponéis en mí. La verdad es que yo también estoy entregado a vuestra ciudad. Y viva Jerez de la Frontera, donde se comen…», y entre risas el público redondeó la frase que popularizó Rafael de Paula en aquella famosa intervención en Ronda: …»Donde se comen las papas enteras». Siempre llevó Rafael de Paula en la mirada el recuerdo vago del barrio de Santiago de Jerez, la calle Cantarería, a mamá Tomasa y los aleteos infantiles como pases con el paño de la estufa. Su piel había perdido bronce al final y se había tornado cetrina, desnuda de su barba encanecida. Era senequista, gitano, glorioso, arrebolado de amarguras por la maldición de sus rodillas. Conservaba recuerdos y rencores. Belmonte, su dios, se fijó en su talle, en su figura, en la pureza de su arte, probablemente en la hondura, y le invitaba a su finca de Gómez Cardeña.. Sólo las estadísticas mienten. «Aunque tenga un currículum pobre, soy un torero para la historia», decía. Y también que había sido «el que mejor había toreado de todos los tiempos». Su capote se antojaba inalcanzable, tanto que le molestaba que le ninguneasen con la muleta. A Morante de la Puebla le dio el compás de su verónica en el tiempo que lo apoderó. Bergamín lo inmortalizó con la música callada del toreo.. A Paula se le veía la fragilidad, la vulnerabilidad. En aquella entrevista aquí mismo, en su cuna, mano a mano con Antonio Lucas, confesaba: «Tengo las mejores muñecas que ha dado el toreo». Y también: «Las rodillas han sido mi condena». Esa fragilidad, lejos de aminorar su leyenda, la ensanchó.
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