La industria española está siendo más lenta que la de otros países europeos en mejorar su eficiencia energética. Según un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie publicado este jueves, para generar un euro de valor añadido en 2020, las empresas manufactureras españolas incurrieron en un coste energético por unidad de valor añadido de 9. 7% menos de lo que necesitaban en 2008, frente al 32. 2% menos en Alemania o el 42. 4% en Portugal. Seguir leyendo
Sólo cuatro sectores han mejorado, según un informe de la Fundación BBVA y el Ivie
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La industria española está siendo más lenta que la de otros países europeos en mejorar su eficiencia energética. Según un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie publicado este jueves, para generar un euro de valor añadido en 2020, las empresas manufactureras españolas incurrieron en un coste energético por unidad de valor añadido de 9. 7% menos de lo que necesitaban en 2008, frente al 32. 2% menos en Alemania o el 42. 4% en Portugal. La brecha, según su autora, María Dolores Furó, catedrática de Economía Financiera y Contabilidad de la Universitat de València, refleja que una parte sustancial del tejido industrial español «está especialmente expuesto a las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales». En otras palabras, los aumentos de precios tienen un mayor impacto en sus costes, por lo que han aumentado en las últimas semanas como consecuencia de la guerra de Irán. El texto, que forma parte de la serie Essential, breves documentos de divulgación sobre temas socioeconómicos de actualidad desarrollados en el marco de la colaboración Fundación BBVA-IVIE, destaca que sólo cuatro sectores -químico y petroquímico, textil y cuero, equipos de transporte y maquinaria- presentan mejoras atribuibles a ganancias en eficiencia energética. Por el contrario, se observa un retroceso en la competitividad de sectores como la madera, la alimentación, bebidas y tabaco, o la maquinaria, atribuible a un aumento del consumo energético. Por lo tanto, la aparente mejora de la industria española en este campo se atribuiría a un cambio hacia actividades menos intensivas en energía más que por una mejora real en la eficiencia de los procesos de producción. Industrias como la metalurgia, la industria química y petroquímica, los productos minerales no metálicos (cemento, cerámica, vidrio) y el papel experimentan elevados costes energéticos, por lo que cualquier aumento de los costes de suministro afecta a sus cuentas. En concreto, en 2024, estas cuatro ramas concentraron 66. 3% del consumo energético de la industria manufacturera española. «En España, la especialización en sectores intensivos en energía y la brecha de costes respecto a sus socios europeos plantean retos críticos», señala el documento. Para hacer frente a estos retos, aboga por continuar la transición hacia un modelo energético renovable, impulsar el autoconsumo y desplegar incentivos al ahorro energético. La factura energética alcanzó una media del 3 6% del gasto total de explotación industrial entre 2008 y 2020, pero hay sectores en los que esta cifra se multiplica. En la fabricación de productos minerales no metálicos este peso llega al 12%. 5%, y en la metalurgia y el papel ronda el 7%.
