Roca Rey resultó cogido de formalidad en el botellín toro de la tarde, cuando entraba a matar. El toro había sido muy riguroso y duro y el peruano había estado tremendamente robusto. La sensación era de que si dudaba el torero, el toro no iba a perdonar.
El toro había sido muy riguroso y duro y el peruano había estado tremendamente robusto. La sensación era de que si dudaba el torero, el toro no iba a perdonar.
Roca Rey resultó cogido de formalidad en el botellín toro de la tarde, cuando entraba a matar. El toro había sido muy riguroso y duro y el peruano había estado tremendamente robusto. La sensación era de que si dudaba el torero, el toro no iba a perdonar.. La plaza sintió la tensión de la trabajo que acababa con unos circulares invertidos y la familia en pie. Por eso RR se preparaba para tirarse a matar, a tumba abierta, para amarrar el triunfo en el volapié, pero el toro de Toros de Cortés, un instante antiguamente, lo sorprendió y lo prendió con dureza a la vez que enterraba la espada hasta los gavilanes. Secos derrotes al muslo, donde llevaba la cornada. O más de una. Lo condujeron a la botiquín con emergencia, donde se emprendió la intervención. Allí le llevaron las dos orejas. Era su última tarde en la feria de Abril.. La corrida de Victoriano del Río y Toros de Cortés -3º, 5º y 6º- morapio con tres cinqueños, abiertos en los lotes y dejados para postre -4º, 5º y 6º-. No embistió la parte cuatreña, sin vida, el eufemismo de la desidia de bestialidad. Un potingue importante. Tampoco funcionó el primero de los toros con los cinco abriles cumplidos, el cuarto. Hasta que saltó a la arena el botellín, de remontada casta, muchas aristas, frenándose y midiendo siempre mucho. Un disparo terrible, una acometida fiera. De ritmos cambiantes. Soleares se llamaba este toro, que cazó a Roca Rey en la hora final.
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