La cola empieza a formarse mucho antes de la hora prevista. Rodea el Coliseu do Porto, recorre las calles que conducen a la Praça da Batalha y se mezcla con los turistas que aún buscan una terraza para cenar; aparte de eso, unos metros más allá, la ciudad espera la llegada de uno de los escritores más importantes del mundo. Salman Rushdie entra discretamente por un acceso lateral mientras el dispositivo de seguridad —inevitable desde el atentado que casi le costó la vida hace casi cuatro años— se funde con un encuentro que es a la vez un evento literario y una celebración cívica. Más de 3. 000 personas esperan a alguien que no es artista, pero que lleva más de 50 años escribiendo novelas. En el interior del complejo, el escenario habitual de espectáculos musicales y de ópera en la ciudad portuaria, con el aroma de los cines antiguos.
Salman Rushdie, Margaret Atwood, Julian Barnes y los premios Nobel Olga Tokarczuk y László Krasznahorkai formaron parte, junto con docenas de escritores, artistas y músicos, del espectacular cartel de este festival organizado en la ciudad del Duero.
La cola empieza a formarse mucho antes de la hora prevista. Rodea el Coliseu do Porto, recorre las calles que conducen a la Praça da Batalha y se mezcla con los turistas que aún buscan una terraza para cenar; aparte de eso, unos metros más allá, la ciudad espera la llegada de uno de los escritores más importantes del mundo. Salman Rushdie entra discretamente por un acceso lateral mientras el dispositivo de seguridad —inevitable desde el atentado que casi le costó la vida hace casi cuatro años— se funde con un encuentro que es a la vez un evento literario y una celebración cívica. Más de 3. 000 personas esperan a alguien que no es artista, pero que lleva más de 50 años escribiendo novelas. En el interior del complejo, el escenario habitual de espectáculos musicales y de ópera en la ciudad portuaria, con el aroma de los cines antiguos. Durante seis días, desde el pasado miércoles hasta ayer, Oporto ha demostrado que la literatura todavía puede convocar multitudes y que un festival de libros puede apropiarse de una ciudad entera con la misma naturalidad con la que lo hacen las grandes fiestas populares o los acontecimientos deportivos. De hecho aún se ven por las calle restos de las celebraciones del populoso São João -nuestro San Juan-, muy célebre en la ciudad, y mucha expectación por el papel de Portugal en el actual Mundial de Fútbol, que congrega a muchos ciudadanos ante una pantalla gigante colocada en la Praça de D. João I.No obstante, que decenas de miles de personas estén dispuestas a cruzar el país para escuchar durante una hora a autores como los Princesa de Asturias Margaret Atwood y Julian Barnes o los Nobel Olga Tokarczuk y László Krasznahorkai, impresiona. También para asistir a un espectáculo del maestro de la pólvora Cai Guo-Qiang sobre ambas riberas del Duero o para recorrer exposiciones, conciertos y conversaciones repartidas por plazas, teatros, jardines y librerías. Esa era, precisamente, la ambición de Babell desde mucho antes de que comenzara este evento, no organizar otro festival literario más, sino convertir Oporto en una ciudad tomada por los libros.La ambición era desmesurada, cierto. Babell nacía con un presupuesto superior a los tres millones de euros, cerca de un centenar de invitados internacionales y la voluntad de convertir toda la ciudad en un escenario. El proyecto, impulsado por la Fundação Livraria Lello con motivo del 120 aniversario de la emblemática librería portuense -esa cuyo interior neogótico y sus icónicas escaleras todo el mundo asocia a Harry Poter por más que J.K. Rowling, que vivió en la ciudad, ha aclarado que nunca la visitó ni se inspiró en ella-, fue comandado por el antiguo editor y escritor Rui Couceiro, director artístico, quien tuvo claro desde el principio la tónica del evento. «Lo único que me interesaba era el criterio cualitativo, así que sólo invité a Babell a escritores y otros artistas que admiro y que considero verdaderamente mu
Noticias culturales
