Las decisiones que se han tomado y que se tomarán en los próximos años serán cruciales para el futuro económico, social y medioambiental de España. La crisis climática y la crisis energética forman parte del mismo reto.
España generó el 56 % de su electricidad con energías renovables en 2025, pero la electricidad solo cubre el 24 % del consumo final
Fuente: MRSS-S News
Las decisiones que se han tomado y que se tomarán en los próximos años serán cruciales para el futuro económico, social y medioambiental de España. La crisis climática y la crisis energética forman parte del mismo reto. Los avances en la sustitución del uso de combustibles fósiles —principal causa del cambio climático— por energías renovables en la generación eléctrica han permitido reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y lograr una mayor independencia energética. De hecho, el precio y el comportamiento del mercado mayorista español no se han visto afectados por el ataque a Irán y el posterior cierre del estrecho de Ormuz, ni por la volatilidad y las tensiones en los precios como ha ocurrido en otros países donde la contribución de las energías renovables es menor. En 2025 alcanzamos el 56 % de la generación eléctrica con energías renovables, pero con un peso de la electricidad en la demanda final de solo el 24 %. Nuestro compromiso con el pleno aprovechamiento de las energías renovables no se ha cumplido plenamente. Quienes invirtieron no han cumplido las expectativas de rentabilidad y no tienen garantías de que su inversión pueda hacer frente a sus obligaciones financieras. La producción de electricidad renovable no ha encontrado una demanda a la que dar respuesta y no hemos sido capaces de aumentar la capacidad de almacenamiento para trasladar la oferta a momentos de mayor demanda. Es una realidad que la independencia energética no se logrará únicamente desde el lado de la oferta, mediante la instalación de más parques eólicos y fotovoltaicos, sino que se conseguirá sustituyendo gradualmente el petróleo y el gas en la movilidad, la industria y los edificios. En resumen, reducir la dependencia de los combustibles fósiles también significa reducir la vulnerabilidad ante las crisis geopolíticas, los conflictos internacionales y los episodios de volatilidad en los mercados energéticos. Podemos estar satisfechos con nuestros esfuerzos por descarbonizar la generación de electricidad, pero la resistencia, los intereses que frenan el proceso y las barreras existentes siguen retrasando una transformación más transversal y ambiciosa en la reducción de las emisiones, en el fortalecimiento de la soberanía energética y en la mejora del bienestar de los ciudadanos. Contamos con un modelo de mercado altamente concentrado y verticalmente integrado que debería abrirse a un sistema más transparente, distribuido y participativo. La esperada aprobación de la Ley de Consumo Sostenible, cuyo anteproyecto se estableció como mandato de la Directiva (UE) 2024/825 para el empoderamiento de los consumidores de cara a la transición ecológica, será la mejor protección frente a las prácticas desleales. La supuesta «licencia social» debe ocupar un lugar central en la transición energética. Los riesgos del retraso climático, el «greenwashing» y las falsas soluciones, que retrasan la transformación
